La medalla de plata de Manuel Plaza

El 5 de agosto de 1928 se vivió el momento más importante del atletismo chileno, porque nuestro país se subía por primera vez al podio olímpico en el maratón de los Juegos de Ámsterdam, evento en que el Manuel Plaza llegaba como la gran esperanza latinoamericana.

Por MATÍAS ALCÁNTARA

Sobre la gesta se ha hablado mucho, al punto que con el tiempo se fue alimentando una versión que comenzó a multiplicarse cada vez con más fuerza: “Manuel Plaza no obtuvo la medalla de oro porque se perdió en la ruta”. Incluso una teoría fue más allá: “Se perdió porque no sabía leer”.

Durante décadas se creyó que por un maldito infortunio nuestro país no tenía una medalla olímpica de oro en sus vitrinas, en una versión que cuentan los investigadores nació del propio maratonista, pues –según dicen- le gustaba justificarlo todo. “Tomé por un recodo equivocado, vi que me hicieron señas y volví sobre lo andado, tomando otro recodo. Había corrido unos ochenta metros cuando vi que no había más gente. Entonces comprendí que me había equivocado nuevamente y por segunda vez tuve que retroceder”, sostenía el atleta a la revista Barra Brava en 1943, en la única versión oficial sobre el asunto.

Por lo anterior, nos sumergimos en el Archivo Nacional para leer las crónicas que por esos días informaban al país de las últimas novedades del tetracampeón sudamericano que llegaba a la cita olímpica con el cartel de favorito.

Mientras en los diarios nacionales algunas crónicas hablaban de la campaña en EEUU del boxeador iquiqueño Estanislao Loayza, la mayoría de las notas -despachadas por los  enviados especiales- apuntaban sus miradas al maratón de Ámsterdam, cuyo trayecto fue publicado en detalle el mismo día de la competencia por El Mercurio, a través de un mapa que mostraba cada kilómetro del recorrido. Es decir, existía amplia información de la ruta, lo que le resta crédito a la versión que dice que el chileno se extravió.

Los corresponsales no solo seguían cada incidencia de la prueba, sino que además daban cuenta de los resultados parciales, los que se publicaron al día siguiente como si se tratara de un evento transmitido en vivo, como lo hacen en la actualidad los portales de internet. Ese seguimiento minuto a minuto se enviaba a través de cablegramas, como lo establecía un informativo de El Mercurio publicado el mismo día de la competencia:

“En esta ocasión nuestro diario espera poder servir en igual forma a sus favorecedores y con tal objeto fijará desde las nueve horas en sus pizarras los cablegramas que reciba relacionados con el desarrollo de la gran prueba en que va a participar Manuel Plaza, en quien están cifradas las más halagadoras esperanzas de cuántos siguen el desenvolvimiento de estas actividades en la capital”.

Y la narración del matutino fue la siguiente:

La Partida:

Al iniciarse la Maratón, a las 15:07 horas, partió a la cabeza del grupo de corredores el norteamericano Ray. Corría en último término el mexicano Terrazas. El chileno Manuel Plaza iba al centro del grupo de corredores.

Los primeros 25 km

En el 13º kilómetro de la Maratón iba en el primer puesto el belga Linsen; en el 2º lugar corría Wanderer, de Alemania, y en el 3º Tsuda, de Japón.

A los 16 kilómetros de la Maratón iban en el primer puesto el alemán Wanderer; en el segundo el japonés Tsuda y en el 3º el norteamericano Ray.

Corridos 25.3 kilómetros de la Maratón iba en el primer puesto Tsuda, del Japón; en el 2º Yamada, también de Japón, y en el 3º Martellín, de Finlandia.

Plaza empieza a figurar

A los 28 kilómetros de la Maratón, iba en el primer lugar Tsuda, del Japón; en el 2º Yamada, también del Japón, y en el tercero Bricker, de Canadá. Manuel Plaza corría en el 12º lugar.

Corridos 35 kilómetros 800 metros de la Maratón, iba a la cabeza de los corredores el japonés Yamada, seguía en el segundo puesto el norteamericano Ray, y en el tercero el finlandés Martellín. Manuel Plaza corría en el 6º lugar.

A los 37 kilómetros 800 metros, se mantenía a la cabeza de los corredores el japonés Yamada, seguido del norteamericano Ray, el argelino El Ouafi y del finlandés Martellín.

A los 38 kilómetros, Plaza corría en el 5º lugar.

Los últimos kilómetros

El atleta chileno Manuel Plaza, a partir del 28 kilómetro de la carrera Maratón, en el cual ocupaba el 9º lugar, empezó a adelantarse decididamente para colocarse entre los punteros.

A los 7 ½ kilómetros del Estadio, el japonés Yamada iba en el primer puesto a 50 yardas de distancia de los competidores más próximos; seguían el norteamericano Ray y el japonés Tsuda, con el argelino El Ouafi y el chileno Plaza, pisándoles los talones.

Plaza, mediante una enérgica ofensiva, pasó a Yamada y a Ray, a unos dos kilómetros del estadio.

Cuando faltaba un kilómetro para llegar al estadio, Plaza trató de batir a El Ouafi; pero no pudo alcanzarlo, a pesar de que cuando fue avistado desde el estadio sólo lo separaba del corredor argelino una distancia de 73 yardas. Una yarda equivale a 91,44 centímetros (N. de la R.).

A 4 kilómetros del Estadio, el norteamericano Ray corría solo a 20 yardas detrás de Yamada, y empezó a ganar terreno pulgada por pulgada.

Los corresponsales que seguían el desarrollo de la prueba estaban convencidos de que Ray era el ganador seguro.

De repente, sin saberse de dónde, apareció El Ouafi corriendo velozmente y seguido del chileno Plaza.

El Ouafi 1º; Plaza 2º

La carrera del Maratón terminó con el triunfo del francés (argelino de nacimiento) El Ouafi. El chileno Manuel Plaza conquistó el segundo puesto.

Manuel Plaza llegó en la Maratón a 150 metros de distancia del ganador.

Al terminar la carrera, Plaza fue felicitado por los numerosos compatriotas que se hallaban en el estadio.

Un detalle interesante consiste en que en los Juegos Olímpicos de 1924, Manuel Plaza ocupó el 6º lugar y El Ouafi el 7º.

El mismo seguimiento kilómetro a kilómetro lo hicieron otros medios escritos, como el diario La Nación, que además publicó un saludo del medallista nacional:

El corredor chileno del maratón, Manuel Plaza, envía saludos, por intermedio del corresponsal de la United Press, a su esposa, al Presidente de la República de Chile, Excmo. Señor Carlos Ibáñez, a los deportistas y a sus entrenadores Struts y Stewart.

Dentro de tanto detalle publicado, no aparecen indicios de la versión que tomó ribetes de mito, y que establecía que Manuel Plaza no ganó el maratón de Ámsterdam porque había extraviado la ruta. Esa información no fue consignada por la prensa, que siguió de cerca el acontecimiento, ni en el día de la prueba ni tampoco en las jornadas posteriores a la competencia.

Podemos afirmar, en consecuencia, que el gran atleta de nuestro país no ganó la medalla de oro sencillamente porque fue superado por El Ouafi, y que no existen más explicaciones. Incluso una nota del El Mercurio daba cuenta del conocimiento de la ruta y la importante preparación que tuvo el ídolo nacional: “El campeón chileno se presentará hoy en Ámsterdam a disputar la Marathon (sic) Olímpica en inmejorables condiciones. El conocimiento que tiene de la pista y la preparación a la que se ha sometido, hacen esperar del atleta más popular del continente una perfomance digna de sus antecedentes”.

Manuel Plaza, un extraordinario atleta

Nació en Lampa el 17 de marzo de 1900. Cursó la enseñanza básica en la escuela Desiderio Araneda, en Santiago, donde aprendió a leer y escribir, para luego desempeñarse como suplementero, oficio que lo impulsó a dedicarse al atletismo. Sus primeros pasos en la disciplina los dio en el Parque Cousiño (hoy Parque O´Higgins), donde ganó en su debut cuando tenía 16 años.

Ganó todas las pruebas en las que compitió en los campeonatos sudamericanos de Atletismo de Buenos Aires 1924, Montevideo 1926, Santiago 1927 y Buenos Aires 1933, imponiéndose en los 3 mil, 5 mil y 10 mil metros, además de la prueba a campo traviesa.

Fue abanderado de los Juegos Olímpicos de Paris 1924, donde ocupó la sexta posición en la maratón, y en Ámsterdam 1928, ganando la primera medalla para Chile al finalizar en segundo lugar con un tiempo de 2 horas, 33 minutos y 23 segundos.

Datos curiosos
Gracias a nuestra búsqueda nos encontramos con algunos detalles que vale la pena compartir:

Es así mismo un detalle curioso el de que Plaza se haya negado siempre a que durante el desarrollo de la carrera se le haga masajes o se le refresque. Su costumbre es llevar un pañuelo blanco en cada mano, empapelado con esencia. También suele mojarse con esencia la camiseta.
(El Mercurio, 6 de agosto de 1928).

Aprendió a tocar piano en Ámsterdam
Plaza descansaba solo los domingos y en la noche se iba temprano a descansar, sin salir jamás del hotel después de la comida. Además, seguía un programa diario de ejercicios gimnásticos.
Interrogado sobre qué había hecho en las horas desocupadas, Plaza respondió modestamente: “Aprendí piano”.
(La Nación, 5 de agosto de 1928)

Actitud de las chilenas
Dos días antes de que se corriera la Marathon, las esposas de los miembros de la delegación chilena, señor Müller y Quiroz, se hicieron cargo de la cocina del Hotel Metropole, a fin de preparar las comidas de Plaza al estilo criollo.
Plaza durmió bien anoche y, poco antes de salir hoy del hotel, dijo al señor Müller: “Haré todo lo posible por colocar la bandera chilena en el mástil olímpico”.
(El Mercurio, 5 de agosto de 1928)