Jugador derrotado

La mente también juega

En tiempos de pandemia me parece muy relevante que los clubes profesionales hubiesen contado con el concurso de un psicólogo deportivo. El encierro, el confinamiento, las reiteradas cuarentenas y el cambio absoluto de hábitos que el futbolista tuvo que enfrentar hacían necesaria la contención psicológica, no sólo para él sino para todo su entorno familiar.

Por GERARDO SILVA

En el marco teórico del fútbol hay cinco aspectos fundamentales para intervenir y trabajar: lo físico, técnico, táctico, psicológico y reglamentario. Todos estos aspectos son complementarios para obtener el mejor y más alto rendimiento de los futbolistas. 

De lo físico, técnico y táctico hay demasiada información y muchísima transferencia: no vamos, por tanto, a seguir ahondando en estos temas que son cotidianos y claramente, tratándose de fútbol, es de lo que más conversamos y analizamos. No obstante, hoy daré mi opinión respecto del aspecto psicológico, tema que me parece trascendente, dejando para otra oportunidad lo reglamentario, que también merece un capítulo aparte.

La psicología deportiva está presente desde hace un montón de años en los deportes individuales y colectivos, es la ciencia más joven de las aplicadas al deporte. El psicólogo, me da la impresión, puede interactuar, trabajar y conseguir mejorías volitivas importantes en los deportes individuales, que rápidamente se dejan evidenciar en el rendimiento deportivo; no obstante, en el fútbol los resultados respecto de este valioso ítem son relativos, y por razones obvias tardan un poco más en evidenciar mejorías sustantivas, porque es más intangible y requiere de un entrenamiento constante y de una forma sistemática de aprendizaje.

Es un deporte en equipo y son demasiados los que intervienen para obtener un buen rendimiento: directivos, cuerpo técnico, plantel de jugadores. Todos tienen que estar muy bien alineados e intentando convivir con objetivos comunes al margen de los objetivos individuales que cada uno legítimamente también contempla. Existen profesionales de la psicología en este país que han incursionado de manera brillante al respecto, potenciando los rendimientos de equipos y selecciones usando distintas  herramientas de la psicología del ser humano: Enrique Aguayo, Laura Traverso, Benito Urra, Felipe Fuenzalida, Alex Ponce, Gilson Dos Santos y el propio Rodrigo Caguas, entre otros.

He tenido la oportunidad de observar, con mucho respeto, los entrenamientos psicológicos, tanto individuales como grupales, las terapias e intervenciones que estos profesionales incorporan para mejorar rendimientos colectivos. Entiendo que este trabajo debe ser realizado desde lo individual a lo colectivo de manera transversal. 

En tiempos de pandemia me parece muy relevante que los clubes profesionales hubiesen contado con el concurso de un psicólogo deportivo. El encierro, el confinamiento, las reiteradas cuarentenas y el cambio absoluto de hábitos que el futbolista tuvo que por obligación enfrentar no fue para nada fácil, por cuanto se hacía necesaria la contención psicológica, no sólo para el deportista sino para todo su entorno familiar. 

Recordemos que estamos frente a una situación dramática, diferente, inédita, nunca antes vista; por lo tanto, me imagino que hasta los psicólogos tuvieron que adaptarse con las nuevas técnicas de manejo de conductas emocionales y pensamientos aplicadas a la contingencia. Estudiar muy bien la nueva normalidad, para recién ir en auxilio de los deportistas agobiados y siempre ilusionados, viviendo con ansiedad el posible regreso a sus actividades.

En otras circunstancias, mi opinión es que los psicólogos deben trabajar con los cuerpos técnicos y, por qué no, con los directivos y todo el entorno, prepararlos emocionalmente  y proporcionar  las herramientas necesarias para interactuar con sus futbolistas de manera inteligente, prudente y coherente, además de algunas reuniones grupales para evaluar comportamientos.

Hasta ahí yo entendía la participación del psicólogo en el fútbol; sin embargo hoy, y de acuerdo a las delicadas circunstancias, soy un convencido de que este profesional debe estar incorporado y a tiempo completo como uno más del cuerpo técnico multidisciplinario: son demasiadas las aristas en esta materia, aumentan sostenidamente las patologías psicológicas por los tiempos agobiantes en los que hoy se desenvuelve nuestra sociedad, y obligadamente se debe trabajar en procura de manejar cada una de las circunstancias con inteligencia emocional.