La ministra española que tiene “corrida una teja” y sigue campante en su cargo

Irene Montero, titular de la cartera Igualdad del gobierno de Pedro Sánchez, se mandó hace unos días unas declaraciones tan estúpidas como aberrantes. Dijo que los niños eran libres de mantener relaciones sexuales con quien se les diera la gana. Es de esperar que no encuentre algún imitador en el gobierno de Boric, que exhibe varios ministros especialistas en meter la pata hasta la rodilla.

Por LAUTARO GUERRERO

Confirmándose que la estupidez y el descriterio no son atributos exclusivamente chilenos, la ministra de Igualdad de España, Irene Montero, se mandó hace unos días unas declaraciones tan absurdas y hasta aberrantes, que extraña que el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, pasadas ya varios días, no le haya pedido la renuncia.

¿Qué dijo esta sicóloga de 34 años, y que formó parte de la comitiva del Rey Felipe VI cuando este vino a Chile a la toma del mando por parte de Gabriel Boric?

Textualmente, lo siguiente:

“Los niños, las niñas y les niñes tienen derecho a saber que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien se les dé la gana. Basadas, eso sí, en el consentimiento. Y esos son derechos que tienen reconocidos y que a ustedes no les gustan”.

Calificada en varias oportunidades como “pro pedofilia”, y con justificadas razones, la mentada ministra de Igualdad parece ignorar que, en España, la edad legal para el consentimiento sexual son los 16 años. ¿Pero de verdad lo ignora? Como tal posibilidad es imposible, sólo cabe colegir que esta sicóloga o es una tontorrona provocadora de marca mayor o, sencillamente, tiene corrida una teja. En cualquiera de los dos casos, no se explica que una badulaque como esta forme parte del gabinete de un gobierno que se presume serio.

¿Qué brutalidad es esa de que los niños pueden tener relaciones sexuales con quien se les dé la gana? Los niños nacen para, dentro de lo posible, ser felices, vivir a concho su infancia y jugar hasta que les dé hipo, porque el tiempo corre y esa etapa tan hermosa como despreocupada no volverán nunca más a vivirla. Es cierto que el despertar sexual, en nuestras sociedades actuales idiotizadas y erotizadas hasta la saciedad en mucha de la publicidad, incluso, se ha adelantado a lo que era en décadas pasadas, pero los niños siguen siendo niños, y no se entiende que esta burócrata imbécil y zafia pretenda lanzarlos a experimentar deseos carnales a esa edad en que los cabros chicos sueñan con una pelota o un “play station”, y las niñas con una muñeca o el celular de última generación.

Además, ¿qué es esa pelotudez de les niñes? Erróneamente, pensaba que esa era una imbecilidad exclusivamente chilena. Como el “todes” o “les chiques”. Pero no. Tal parece que los españoles también han acabado por internalizar ese meta lenguaje de pacotilla que, por buscar supuestamente la inclusión, crea arbitraria y estúpidamente un género que no existe. El niño es niño y la niña, niña. Allá ellos si luego, cuando crezcan, y sean unos adultos hechos y derechos, prefieren a los de su mismo sexo. En cuestión de gustos –dicen- no hay nada escrito.

Extrañamente, en España sólo han puesto el grito en el cielo tras estas aberrantes declaraciones de la ministra Montero el partido Vox, colectividad de ultra derecha, y Ciudadanos, de corte más liberal. El Partido Popular, que de popular no tiene nada, y el Partido Socialista, gobernante, se han hecho olímpicamente los giles. Inexplicable. Increíble. Porque suele ser muy cierto aquello de que ”quien calla, otorga”.

Me preocupa que estos “adelantados” y “rupturistas” criterios lleguen hasta nuestras costas. Después de todo, vivimos en un mundo globalizado, donde lo primero que se aprende son las burradas y las malas costumbres. Con la tontería del “niñes” y el “todes” empezamos hace tiempo. Pero no vaya a ser cosa que algún ministro de este gobierno, por esa cercanía con el Podemos, donde milita Irene Montero, nos salga en el futuro con una aberración parecida. Después de todo, algunos colaboradores cercanos de Gabriel Boric se han mostrado como consumados especialistas en meter la pata hasta la rodilla.

Tolerable todo, muchachos, mientras no metan las manos, como otros que conozco.

Igual no está de más advertirles de que no pueden salir con un desaguisado de similar calibre al de esta ministra española que, sin duda, algún problema debe tener en la azotea para haber dicho la brutalidad que dijo.

De los niños hay que preocuparse, eso está claro. Es, por lo demás, un deber de todo Estado. Pero preocuparse de que estudien, de que vivan en un entorno sano y libre de violencia y sean, en el futuro, ciudadanos decentes. Ni el Estado, ni ningún funcionario de alto rango, puede estarle diciendo a una niña de 10 años que es cosa suya si tiene sexo con un vejete. Ni a un cabro chico de parecida edad sugerirle que irse a la cama con su profesora sería de lo más normal del mundo.

Preocupémonos, más bien, de alejarlos de la delincuencia. Porque no deja de ser alarmante ver, día a día, niños delincuentes que actúan con la violencia y la pericia propia de los avezados. Las bandas de menores robando, agrediendo, llevando a cabo portonazos y encerronas, ya nos tienen hasta más arriba de la coronilla, sobre todo porque, al ser inimputables, a estos semilla de maldad nada puede pasarles.

Que entonces se vayan en cana sus padres. Ya sea que se trate de progenitores despreocupados absolutamente de sus cabros o interesados alcahuetes.

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