La música del exilio vuelve a casa

Sesenta y seis carátulas de discos colocadas en los muros de la Casa Memoria de Valparaíso traen de regreso al país ecos de un sonido esencial durante la resistencia contra la dictadura y que fueron mayoritariamente desconocidos para el pueblo chileno.

Por JORGE CASTILLO / Fotos: GENTILEZA

Tal como ocurrió con la Nueva Canción Chilena (NCCh), la música del exilio jugó un rol político fundamental en las luchas del pueblo chileno, aunque ambos fenómenos existieran en épocas distintas y con disímiles fines. Derrocado el gobierno de la Unidad Popular, la NCCh debió refugiarse en Europa y América, y reorientar sus objetivos. Ya no cantaría por las reivindicaciones sociales y el acceso al poder, sino que para denunciar las atrocidades de la dictadura y la recuperación de la libertad.

Fueron 17 años dedicados a esa causa. Los músicos desterrados desparramaron por todo el mundo su canto dolorido y vociferante a la vez. Paradójicamente, fueron apoyados, reconocidos y hasta admirados por públicos extraños, pero prácticamente desconocidos por el que era el depositario último de sus afanes: el pueblo chileno.

Quilapayún, Inti Illimani, Illapu, Los Jaivas, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, entre otras cumbres del canto comprometido, siguieron resonando en la memoria de la disidencia interna durante esos años. Incluso ya en democracia varios de ellos regresaron al país y continuaron sus carreras, pudiendo mostrar la evolución musical alcanzada afuera.

Algunas de las carátulas de la exhibición.

Muchísimos otros, en cambio, siguieron un derrotero distinto. Y de ellos se sabe poco y nada.

Quienes quieran sumergirse en ese túnel de olvido y atisbar en lo que fue esta música de profundo significado y pálida resonancia dentro de nuestras fronteras, pueden acercarse entre mañana lunes 20 y el viernes 24, entre las 18 y 21 horas, a la Casa Memoria, en Valparaíso (General Mackenna 602). Allí los aguarda la exposición “Músicas del exilio chileno: memoria y creación”.

Las paredes de este centro cultural están tapizadas de 66 carátulas de discos del exilio seleccionadas por los académicos e investigadores Laura Jordán y Javier Rodríguez Aedo, quienes han dedicado largos años al estudio de este fenómeno musical y político, al punto de recopilar hasta ahora a través de un proyecto del Fondo de la Música un número cercano a los 500 discos, entre grabaciones originales y reediciones.

La exposición montada en el contexto de la conmemoración de los 50 años del golpe militar fue configurada prescindiendo del obvio predominio de músicos que alcanzaron fama internacional. Están, sí. Como explica Laura Jordán, “por su importancia no es posible obviarlos”, pero se dio también cabida a otros y otras que merecen ser rescatados del olvido.

Sobre estos últimos, Jordán sostiene que “hubo grupos que no tuvieron el interés de desarrollar una carrera artística, que fueron puramente funcionales a las campañas de solidaridad de la resistencia. Hay muchos grupos que hacen covers, hay discos con covers, hay festivales donde se hacen repertorios conocidos, pero sin duda, también, hay gente que hizo música original de la que no se sabe mucho”. Fue una realidad, añade, influida por el apoyo de los partidos políticos en el exilio.

Nombres como Karaxú, grupo formado por el MIR, y Trabunche (Francia); Aparcoa y Tiemponuevo (Alemania Oriental); Amerindios, Atacama y Promauca (Suecia); Millantú y Vientos del Pueblo (Italia); Grupo Arenas (Suiza); Lautaro (Holanda); Piray (Alemania Federal) y Poder Popular (Dinamarca) son los conjuntos que ahora se muestran en el país.

Además, son exhibidos álbumes de dúos como Jorge y Beb (Francia), Simón Bolívar (Alemania Federal), Charo Cofré y Hugo Arévalo (Italia).

Y también fueron incluidos discos de solistas como Mariela Ferreira, Francisco Roca y Adrián Miranda (Suecia), Luis Aravena (Holanda), Alberto Kurapel (Canadá), Marta Contreras (Italia), Manuel Gallardo (Francia) y el recordado Osvaldo Rodríguez, conocido como el “Gitano”, apodo endilgado en Chile que cobró mayor significación durante el exilio por su residencia en varios países.

Para que la experiencia de los asistentes sea más integral, junto a cada carátula hay un código QR que activa sonoramente uno de los temas del disco.

Debido al carácter eminentemente expositor, la selección de las carátulas fue hecha considerando 11 categorías visuales que dan sentido icónico a la observación del espectador. Una de ellas es la de las variadas reediciones con distintas carátulas de la Cantata Santa María. Otra es la de las colaboraciones pictóricas en las portadas por parte de prestigiosos pintores, como Nemesio Antúnez, José Balmes y Gracia Barrios. También las hay las que muestran rostros gritando, comunes en los primeros discos del exilio. Y las que incluyen las figuras de Salvador Allende, Miguel Enríquez y el Che Guevara. O en las que predominan dibujos de instrumentos musicales, muralismo y estéticas ajenas a la NCCh, como las de corte psicodélico, pop latinoamericano o cercanas a la iconografía soviética.

Tampoco se dejó de lado los discos que son reflejo de la solidaridad internacional. Y menos aun los que fueron ilustrados con imágenes de arpilleras, que en la dictadura cobraron alta significancia política desde el momento en que las esposas de las víctimas las eligieron como símbolo de denuncia.

Justamente, como una forma de enlazar pasado y presente, en la exposición se exhibe una arpillera hecha previamente al montaje musical por un grupo de mujeres asistentes al “Taller Bordando Memorias en Resistencia”, dirigido por la artista Daniela Pizarro.

Rodríguez Aedo explicó que “el público asistente se encontrará con una exposición que ilustra la relación entre la cultura chilena, la creación artística y el sonido folclórico”.

En un sentido, dijo que “el taller textil dirigido por Daniela Pizarro tuvo como punto inicial la escucha y reflexión en torno a la música y el exilio, cuestión que impactó tanto en las conversaciones de las participantes del trabajo creativo como en el resultado final de la obra que se expone”.

En otro, “los asistentes se encontrarán con una selección de discos editados por solistas y conjuntos folclóricos chilenos, objetos discográficos que circularon por diferentes regiones del mundo (Europa, América Latina, Estados Unidos) organizados respecto de su contenido visual”.

Finalizó justificando el momento de la exposición porque “en el contexto de los 50 años del Golpe de Estado, se hace más que necesaria la reflexión sobre el pasado. Como vimos recientemente, aún hay muchos vacíos sobre la Historia, como también sobre las consecuencias que dichos procesos históricos tienen para nosotros actualmente”.

La muestra estará abierta entre el lunes 20 y el viernes 24, entre las 18 y 21 horas.