La noche de la segunda estrella

Hace poco menos de 68 años, Unión Española definió el título con Audax Italiano en el Estadio Nacional. Y me quedaron recuerdos imborrables de esa noche veraniega: el gol de Mario Lorca y las extraordinarias atajadas de dos de los grandes arqueros de entonces: Hernán Fernández y Daniel Chirinos.

No lo recuerdo bien, pero tengo la impresión de que fue el primer partido nocturno que vi en mi vida. Si asistí a alguno antes, no quedó en mi cerebro. Y éste habría quedado con o sin luz artificial, porque fui testigo de la primera celebración de un título. Y, sin ser hincha de ninguno de los dos, me conmovió ver a los jugadores despojados de sus camisetas y paseados en andas por hinchas que invadieron la cancha.

Fue una tibia noche de diciembre, el jueves 13, cuando Unión Española y Audax Italiano debieron jugar un partido extra para definir el título del campeonato nacional de 1951. Habían terminado igualados en el primer lugar después de un extenuante campeonato que contempló una liguilla (tercera rueda le llamaron entonces) en que participaron los seis primeros del campeonato regular.

Si el torneo se hubiese jugado a la manera tradicional, el campeón habría sido el conjunto itálico. Acumuló 30 puntos en sus 22 partidos (dos puntos por encuentro ganado) y fue escoltado por Everton (29), Colo Colo (28) y Unión Española (27). Los otros clasificados fueron Santiago Morning (26) y Universidad de Chile (25). Los puntajes confirman el equilibrio de fuerzas en ese torneo, porque la UC también pudo entrar en la pelea, pero terminó con 24.

PURAS EMOCIONES

La liguilla fue espectacular. Y partió con una sorpresa: Unión Española 6, Audax Italiano 2. De este modo, las distancias se estrecharon, quedó Everton puntero  y los rojos ascendieron al tercer lugar.

En la segunda fecha, la Unión empató 1-1 con Universidad de Chile y se mantuvo tercero, detrás de Audax y Everton. Sus hinchas no sabían aún que ese sería el único punto que perderían en esta instancia decisiva.

La jornada siguiente mostró a los hispanos apabullando a Colo Colo (4-2) para ascender al segundo lugar, como único escolta de Audax Italiano. Y el momento decisivo se produjo en la jornada siguiente, cuando los rojos vencieron a Everton en Viña del Mar (4-2) y aprovecharon la amplia derrota de los audinos frente a Colo Colo (0-3).

Igualados en puntaje, ambos sortearon con éxito el último escollo. La Unión derrotó 4-3 a Santiago Morning, mientras Audax le metió 4-2 a Everton.

Así, ambos terminaron 36 puntos.

La definición, cuatro días después, estaba a la vista.

Cuando ingresé al estadio, no estaban encendidas todas las luces. Con la mitad se evitaba la penumbra, pero no alcanzaba para una buena visión. Cuando ingresaron los equipos, la iluminación me pareció perfecta. Ahí estaban los capitanes de los rojos (Atilio Cremaschi) y de los verdes (Ramiro Cortés), mirando la trayectoria de la moneda que el árbitro británico William Crawford había lanzado al aire para sortear lado y partida.

OFICIO ROJO

De lo que había leído y escuchado, el favorito era Audax Italiano, un equipo que promediaba los 21 años de edad y que el aficionado –yo también- se había aprendido de memoria y lo recitaba sin vacilaciones a la usanza antigua del 1-3-2-5: Chirinos; Yori, Bello y Olivos; Vera y Cortés; Carrasco, Valenzuela, Espinoza, Tello y Águila. Esa noche había una ausencia: faltaba “el Pichón”, y el puesto de puntero izquierdo lo ocupaba Luis Martínez. El entrenador era el húngaro Ladislao Pakozdi.

Costaba más retener la alineación hispana. Pero también me la sabía: Fernández; Azares, Fernández, Ibáñez; Beperet, Rojas; Río, Cremaschi, Lorca, Cárcamo y López. El arquero se llamaba Hernán; el central, Isaac. Y su técnico era el español Isidro Lángara.

No se justificó ese favoritismo en el primer tiempo. Desde el comienzo Unión Española se mostró como un conjunto más sereno, que manejaba mejor el balón, en contraste con el vértigo que trataba de imponer Audax Italino y que lo llevaba cometer errores.

Desde mi privilegiado lugar pude ver de cerca la increíble volada de Daniel Chirinos para rozar con su mano izquierda un pelota salida con extrema violencia desde el píe de Raúl Cárcamo. Y hubo varias otras intervenciones del arquero itálico que impidieron que los rojos establecieran en el marcador la superioridad que mostraban en el juego.

Primaba el oficio de un equipo que en el campeonato anterior había llegado a esa misma instancia, en el mismo escenario, y que había perdido 0-1 con Everton, mediante una certera puñalada futbolística de otro grande: René Meléndez. En el equipo actual tenía por lo menos a un experimentado en cada línea. Hernán Fernández en el arco, Isaac Fernández en la defensa; Carlos Rodolfo Rojas en el mediocampo y Atilio Cremaschi en el ataque. El primero y el último eran los únicos sobrevivientes del equipo que en 1943 había ganado la primera corona hispana.

REACCIÓN VERDE

Mejoró Audax en el segundo tiempo. Jugadores que habían estado muy escondidos en la primera etapa, como Ramiro Cortés, Sergio Espinoza y Carlos Tello, levantaron notoriamente su juego. Y empezó a tener trabajo el hasta el entonces desocupado Nano Fernández. Me tocó ver desde la misma distancia una portentosa atajada del arquero de la Unión para evitar un inminente gol de Tello, el más certero atacante de los itálicos, y varias otras intervenciones que evitaron los festejos verdes.

Hasta que, bordeando la media hora del segundo tiempo, se produjo la incidencia clave: escapó Atilio Cremaschi en demanda del arco y cuando enfrentaba a Chirinos fue derribado por Néstor Bello para evitar lo que parecía inevitable. Crawford no vaciló y sancionó el penal.

Se sentía el silencio en el Estadio Nacional, colmado con 50 mil personas, cuando Mario Lorca acomodó la pelota en el punto blanco. Alguna carraspera sonó cuando el ejecutando retrocedió algunos pasos y se quedó mirando al arquero, que esperaba sin inmutarse. Del pie derecho del centrodelantero salió un obús hacia el sector izquierdo del arco. Chirino adivinó la dirección del disparo, pero sus manos no llegaron. Se infló la red y estalló la multitud. Y yo, con 8 años de edad, diminuto entre la multitud, también aplaudí.

Si le quedaba alguna esperanza al Audax, murió un minuto después. Confirmando su genio ligero, Adelmo Yori se enfrascó en una rosca y fue expulsado. Con un jugador más en la cancha, Unión Española no tuvo problemas para mantener el marcador.

De este modo, Unión Española quedó en la historia con un título muy celebrado, porque supo sobreponerse a todo para superar a uno de los equipos que en la historia de Audax Italiano está entre los mejores.

Y eso, por supuesto, acrecienta su mérito.

(RECUADRO)

SENSACIONAL DESENLACE

Jueves 13 de diciembre de 1951.

Cancha: Estadio Nacional.

Público: 41.877 espectadores.

Árbitro: William Crawford (Inglaterra).

U. ESPAÑOLA (1): Hernán Fernández; Américo Azares, Isaac Fernández, Jorge Ibáñez; Valentín Beperet, Carlos Rodolfo Rojas; Claudio Río, Atilio Cremaschi, Mario Lorca, Raúl Cárcamo y Pedro Hugo López. DT: Isidro Lángara.

A. ITALIANO (0): Daniel Chirinos; Adelmo Yori, Néstor Bello, Alfredo Olivos; Luis Vera, Ramiro Cortés, Óscar Carrasco, Osvaldo Valenzuela, Sergio Espinoza, Carlos Tello y Luis Martínez. DT: Ladislao Pakozdi.

Gol: 74’. Mario Lorca, de penal.

Expulsado: 75’, Adelmo Yori.