La oferta de Valdivia

Las primeras declaraciones de Jorge Valdivia ya como jugador de Colo Colo dieron a entender, al menos en lo teórico, cuál es el aporte que él quiere brindar al equipo que es colista del torneo.

Por SERGIO GILBERT J.

El regreso de Jorge Valdivia a Colo Colo fue a pie forzado y, evidentemente a contrapelo de la opinión de varios en el club que no querían verlo de nuevo en el Monumental. Bastaría haber observado, por ejemplo, la frialdad y hasta fastidio con el cual el Director Deportivo de Blanco y Negro, Marcelo Espina, le dio al Mago la “bienvenida” al club: poco faltó para que le dejara la camiseta 38 en la mesa… Se notó demasiado.

Valdivia, para que la tesis quede aún más asentada, tampoco era la primera opción de refuerzo del DT Gustavo Quinteros para cubrir la función del “último pase”, que lo obsesiona desde que se hizo cargo de Colo Colo. El entrenador quería a Ángelo Araos, un jugador más joven y, por lo tanto con mayor resistencia física y más moldeable. Pero a pesar de que Araos ni siquiera es primera alternativa de cambio en su equipo, Corinthians se negó a prestar al jugador (quería venderlo) por lo que fracasó su incorporación.

Ante ello, y con la premura que exigía contratar un jugador, finalmente el presidente de BN Aníbal Mosa tomó el teléfono y llamó a Jorge Valdivia para proponerle volver al club por tres meses. Colo Colo, le dijo, lo necesitaba.

Valdivia, es preciso decirlo, no tenía claro su futuro luego de que Mazatlán, su último club en México, le informara que no lo tenía en su plantel la próxima temporada tras su irregular campaña este año. Pero igual pudo no responder al llamado de Mosa porque, seguro, algún club chileno o incluso sudamericano podría haberle hecho una oferta para que a sus 37 años siguiera desparramando su talento natural.

Pero no. Jorge Valdivia no solo respondió al llamado de Colo Colo. Tras un par de conversaciones, una que otra “aclaración” sobre el tipo de relación que tendrá con los componentes de BN (Valdivia no quiere tener comunicación ni con Espina, ni con Mayne-Nicholls ni con el gerente De Paul), y la aceptación de los límites del contrato (de tres meses de duración), el volante se integró al equipo albo como el gran refuerzo de la segunda parte del torneo.

Las primeras declaraciones de Valdivia ya como jugador de Colo Colo dieron a entender, al menos en lo teórico, cuál es el aporte que él quiere brindar al equipo que es colista del torneo. El jugador habló desde la pertenencia, diciendo que volvía a su casa, que el Monumental era el mejor lugar para estar, que no le importaba jugarse el prestigio e idolatría que se le profesaba en el club porque, si fuera así, no hubiese regresado en momentos tan críticos.

No es poco. Porque a pesar de que es un hecho que la pésima campaña que ha cumplido Colo Colo y que lo tiene comprometido hoy con el descenso tiene que ver con el bajo rendimiento futbolístico de la gran mayoría de sus jugadores, también es claro que una de las carencias fuertes que se ha notado en el equipo es la adherencia a los colores, a la historia y a lo que representa Colo Colo, cuestión que Valdivia diseminó en su regreso.

Sí, claro. Con eso no basta para que efectivamente Jorge Valdivia se transforme en el elemento diferenciador o al menos en uno de los que logre enmendar el rumbo perdido de los albos. Hay dudas grandes sobre si su físico le dará para la lucha final de Colo Colo y si no caerá en sus típicos conflictos con los árbitros que terminan levantándole tarjetas. Tampoco es un hecho que Blandi, Parraguez, Mouche, Jara o Costa sepan aprovechar los pases entre líneas que se le ocurren al Mago. O si los laterales picarán al espacio donde Valdivia deposite el balón.

Pero ya hay algo nuevo con Valdivia subido a este barco que parece hundirse. 

Ahora sí tiene alguien que sabe tomar el timón.