La receta de Alfredo Castro: tratar a los personajes como personas

El actor, reconocido como uno de los mejores de Latinoamérica, enfatiza en la importancia de apoderarse de sus papeles con una mirada íntima. “Hay que tratarlos como seres humanos”, apunta.

Por EL ÁGORA (*) / Fotos: ARCHIVO

Durante el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el actor chileno Alfredo Castro fue galardonado con el premio Mayahuel Iberoamericano. Se reconocía así su brillante trayectoria, que lo ha posicionado como uno de los mejores de Latinoamérica.

El artista expresó su emoción, pero aclaró que él lo recibe en nombre de Chile. “Para mí es muy importante este homenaje. Pero lo recibo más bien como un homenaje al cine chileno y no como algo personal”.

Además, en una clase magistral en México, compartió parte de sus secretos para ser un buen intérprete. “Los personajes no los trato como si fueran una ficción, sino como si fueran personas reales que viven, que sufren, que sienten. No entiendo otra manera de acercarme al personaje que no sea tratándolos como personas, como seres humanos”, señaló.

Añadió que “actuar, para mí, es el deseo vigoroso de modificar un cuerpo de ficción, una invención literaria. Un sujeto que simula una vida y desde ahí metabolizar y pensar en los otros personajes, pensar en sus valores existenciales, políticos, sus batallas y preguntarnos el personaje y yo, dónde nos duele la vida”.

Puso como ejemplo su interpretación del Padre Vidal, uno de los sacerdotes pedófilos de la película “El Club”, de Pablo Larraín. “Ahí opera el tercer cuerpo, porque tuve que transitar desde mi propio cuerpo al cuerpo de ese cura que estaba en un guion. Me vestí, me peiné, me vi al espejo y entendí que no era yo ni el cura, sino que los dos creamos a ese nuevo cuerpo”, explica.

Al preguntarle cómo elige un proyecto, apuntó: “En primer lugar, desde un punto muy emocional, saber si me impresiona, si me emociona. Y ligado profundamente a una elección también política. Es decir, si yo siento que esa película tiene algo que decir o si ese algo que vale la pena, pues la hago. Lo importante es el valor del guion y el valor político de ese guion”.

Sobre sus gustos en el cine, Castro no titubea: “Me gusta el cine donde se habla muy poco. Me parece que ese cine tiene un poder muy fuerte en el silencio y en la mirada. Ahí es donde me siento más cómodo”.

(*) Con información de agencias.