La receta es una sola

La mejor demostración de que los chilenos nos queremos poco y nada es la propuesta de técnicos extranjeros para nuestra Selección Nacional. Hay que contratar a Manuel Pellegrini como director deportivo, darle todas la atribuciones y dejarlo trabajar tranquilo unos diez años.

Por GERARDO SILVA

Los chilenos nos queremos poco y nada. Al señor Reinaldo Rueda se le presenta la posibilidad de dirigir la selección de su país, toma contacto con los dirigentes, solicita autorización para conversar y hacer realidad el posible traspaso, y definitivamente deja la Selección Nacional. El presidente de la ANFP, el señor Pablo Milad, lo autoriza, aprovechando que el pueblo chileno y el entorno no tienen mucha simpatía por nuestro entrenador y, así, las cosas se presentan bastante favorables para terminar el vínculo contractual.

Esta situación de alguna manera es atendible. Lo que me parece descabellado es que, apenas presentada esta posibilidad, todo el mundo comienza a postular técnicos, en su mayoría extranjeros, como se ha hecho costumbre en el último tiempo. Una situación así sería impensada en Brasil, Uruguay, qué vamos a decir en Argentina: que los dirigentes de esta federaciones solo pensaran en un técnico de una nacionalidad diferente generaría un rotundo no de la ciudadanía. 

En Chile las cosas son diferentes: nadie se atreve a dar nombres de técnicos chilenos para nuestra selección. Es vergonzoso, y después cantamos el himno nacional con la mano en el pecho. 

Cuando suceden situaciones de este tipo en cualquier área profesional, se acude al más experto. En el caso de nuestro fútbol, jamás ha sido así. Tenemos por muchos años un técnico referente de nuestro fútbol instalado en la élite el fútbol mundial, como es el señor Manuel Pellegrini. Se dice y se especula que él no quiere venir, y eso es incomprobable. Por favor, despertemos de una vez por todas. Lo deseable es que le ofrezcan un proyecto interesante.

Definitivamente, los chilenos no nos queremos ni nos respetamos. A don Manuel Pellegrini hay que ofrecerle el puesto de director deportivo de nuestras selecciones y entregarle todas las atribuciones para que elija y contrate cuerpos técnicos multidisciplinarios, para cada una de nuestras selecciones y dejarlo trabajar tranquilo  un lapso de diez años. ¿Cuál es el problema? Con todo lo demostrado, largamente se lo ha ganado. Sólo así lograremos estar a la altura de los grandes procesos en el mundo y mantenernos en el puesto que nos corresponda, cualquiera que éste sea. 

Hoy, por más esfuerzos que realicemos para traer al mejor de los técnicos, no estamos en condiciones de provocar un cambio inmediato y favorable desde el punto de vista del resultado. Nuestra “generación dorada” está desgastada, viene en caída libre y en decadencia; por lo tanto, tenemos que armarnos de paciencia para que se produzca un recambio natural e intentar volver a ser una selección competitiva. Para esto los clubes socios de la ANFP deben hacer esfuerzos máximos por reactivar y mejorar las condiciones, generando una inversión importante en nuestro fútbol joven ¡ahora ya!.

Conversando con algunos directivos de clubes de la primera división me he podido percatar de que ellos ven con demasiada incertidumbre la realización de los próximos campeonatos de las categorías menores debido a la pandemia, y por supuesto tratarán de hacer lo humanamente posible por dosificar la inversión; o sea, funcionarán absolutamente al revés de lo que necesitamos para nuestro fútbol.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, pero es hora de transparentar lo que somos y lo lejos que estamos de lo que pretendemos. Por ahora lo más probable es que nadie pueda enmendar el rumbo en la Clasificatoria para el mundial de Qatar 2022, y sólo perdamos un tiempo precioso en mejorar nuestras bases. Definitivamente es el turno de nuestro mejor entrenador, el señor Manuel Pellegrini, no para clasificar al próximo Mundial, sino para ordenar nuestra casa.