La “revolución» de Frank-U empezó con concesiones…

El técnico Frank Darío Kudelka tomó el mando en Universidad de Chile para iniciar un ciclo de renovadas ambiciones. A Herrera y a Rodríguez les renovaron antes que firmara el argentino en un reflejo de la compleja “interna” que pone lastres al despegue que anhelan los azules.

Algunos noteros consuetudinarios del CDA ya tratan como «profesor” a Frank Darío Kudelka, no sin cierta veneración pueblerina, como si fuera un catedrático de la Casa de Bello o simplemente el entrañable personaje de la “Casa de Papel”, quien siempre tiene respuestas para cualquier duda de sus discípulos y cómplices en la tira de Netflix. El argentino, que sólo es un entrenador de fútbol como tantos otros que llegaron antes a tentar suerte a algún club nacional, se instaló este miércoles en Santiago para iniciar un llamativo ciclo al frente de Universidad de Chile, tan convencido de sus aspiraciones como ignorante de las fuerzas externas e internas que presionan a un equipo sometido a embates sucesivos durante la última década.

Algunos medios ya el endilgaron el lamentable apelativo de “estilo K” -con una estigmatizadora referencia a la corrupción descubierta en los gobiernos de los Kirchner en Argentina-, a su manera de trabajar un método y diseño táctico que le permitió llevar a Talleres de la cima a la cima del fútbol trasandino, en un proceso acaso comparable al memorable Unión San Felipe de Luis Santibáñez a inicios del ’70’ cuando el “equipo de los humildes” saltó del viejo Ascenso al título y a la primera Copa Libertadores en una hazaña inigualada.

Antes de firmar en la U, el checo Kudelka ya supo por sus informantes de los devaneos y contramarchas de un club que pretende iniciar una “revolución” sin dejar de lado sus clásicas concesiones. Por ejemplo, el presidente Carlos Heller y el técnico aún ni protocolizaban el contrato respectivo cuando Matías Rodríguez y el portero Johnny Herrera suscribieron su renovación hasta 2019, al paso de que el zurdo Monzón se desvinculaba de la institución.

Como sea, al «DT-K» le espera una tarea titánica para devolver a los azules la organización de juego y la identidad táctica que alguna vez les permitió ser campeones antes de que el «Pastor» Hoyos se quedara sin respuestas profesionales detrás de su faceta populista de “pacificador” del vestuario y entrenador devenido en predicador espontáneo. “El día que Hoyos comparó a la U con el Barcelona y a Jara con Piqué fue el comienzo del fin”, grafican ese ocaso los hinchas más analíticos.

Por sobre el empuje individual y la intención de Valencia de reorientar al cuadro con un 4-4-2 más definido, la U reciente carecía de contenido futbolístico, no poseía variantes y sus movimientos en la cancha eran precarios. En rigor, sin fomentar la quimera de refuerzos millonarios o de jerarquía internacional, Kudelka deberá potenciar las bases físicas del equipo y otorgarle una fisonomía de juego que le devuelva la confianza en sus medios para ser un protagonistas que no dependa de los destellos ocasionales de Pinilla.

Y aunque a Kudelka los muchachos de la grabadora lo traten generosamente de “profesor” con ese candor que no curan las escuelas de periodismo, el proceso no será sencillo para plasmar aquella “revolución prometida de Frank-U” que ya comenzó con las primeras concesiones…