La “revolución” de Pablo Guede se cae a pedazos

Colo Colo cosechó su tercera derrota consecutiva en el Monumental frente a un Deportes Iquique que, al igual que otros rivales, aplicó la mejor receta para contrarrestar a un equipo que muestra tantas ganas como inoperancia, falta de claridad y absoluta impotencia en el área rival. La paciencia de la hinchada alba ya comienza a agotarse…

La “revolución” de Guede se cae a pedazos. Colo Colo cosechó su tercera derrota consecutiva en el Estadio Monumental al caer frente a Deportes Iquique por 2 a 0 y lo cierto es que todas las expectativas cifradas en lo que sería el Cacique como fuerza futbolística con la conducción técnica del argentino no sólo se han visto defraudadas, sino que cada actuación en este torneo se transforma en un canto a la inoperancia y a la impotencia que ya da para hablar de que vive una verdadera crisis.

Jugando como jugó anoche, y como lo viene haciendo, Colo Colo no es por cierto candidato a nada. Al contrario: está más para pelear los puestos de retaguardia que para erigirse en el protagonista que el medio futbolístico esperaba.
Se trata de un equipo intenso, que efectivamente sale a ahogar a su rival y hay que reconocer que lo consigue. Sin embargo, apoderarse de la pelota no le sirve de nada, porque es incapaz de darle un buen destino, carece absolutamente de profundidad y eso, que a estas alturas resulta más que claro, les entrega a los rivales una receta para ganar que es la más simple y primaria de todas: replegarse, esperar con orden a esa tropa de atolondrados ineptos que se vendrán encima, y aprovechar los muchos vacíos que deja un cuadro que confunde ambición con desorden, velocidad con imprecisión y, cuando las cosas no le resultan como dicta el manual de su director técnico, cae en la desesperación que no sólo contribuye a nublar aún más a los jugadores albos, sino que los pone al filo de perder los estribos.

Zaldivia es el claro ejemplo. El defensor, todo un hallazgo considerando el rendimiento que ha tenido en Colo Colo viniendo como un jugador prácticamente anónimo de Argentina, es uno de los pocos que mantiene un nivel aceptable de juego, pero su plausible rebeldía frente a un resultado adverso lo transforma en una bomba de tiempo para su equipo en el caso de salirse de sus casillas.

Como ocurrió esta vez. Quitó, empujó y fue en busca del área rival, transformándose en un baluarte de su precario cuadro, pero afrontó el segundo tiempo claramente pasado de revoluciones lo que le significó una tarjeta amarilla absolutamente evitable que tuvo un alto costo cuando, pocos minutos después, cometió una ostensible falta intentando que Ramos se le escapara.

Ni siquiera vale la pena recalcar que su expulsión privó a Colo Colo de la ventaja numérica con que gozaba desde el minuto 37, cuando también por doble amarilla el defensor iquiqueño Charles tuvo que partir tempranamente a las duchas. Tal como ocurriera hace dos semanas frente a Temuco, que también debió afrontar gran parte del partido en desventaja numérica, la inoperancia del Cacique fue tanta que ni siquiera con un hombre más pudo imponer sus términos.

Más llamativo aún que la absoluta inoperancia ofensiva que muestra Colo Colo es lo feble que se ve en el aspecto defensivo. Su defensa es un flan que naufraga claramente en espacios abiertos y que ni siquiera –y esto es lo másgrave- muestra solvencia en pelotas detenidas. Porque se supone que un obsesivo del fútbol, como Guede, debe trabajar intensamente ese aspecto durante la semana. Practicar una y otra vez la forma de neutralizar a los delanteros rivales tanto en tiros de esquina como en lanzamientos libres. Y ocurre que la apertura de la cuenta para Deportes Iquique, que casi no había cruzado la mitad de cancha a esas alturas del partido, vino precisamente de un córner. ¿Cómo puede ser que el zaguero central Charles cabecee sin oposición alguna en el área cuando es de suponer que cada marca, en tal instancia, está definida de antemano?

Pero ocurrió. Charles ni siquiera necesitó elevarse mucho para conectar el frentazo que Ramos desvió con el taco en el área chica.

El cuadro nortino, a partir de ese momento, perseveró en su repliegue, en su aplicada y ordenada tarea de achicar espacios. Papita pa´l loro, como diría cualquier chusco. Porque Colo Colo, que no tiene la más mínima claridad ni menos talento para superar una defensa poblada, comenzó desde temprano a chocar una y otra vez contra el bien dispuesto muro iquiqueño.

Deportes Iquique ya jugaba con diez –desventaja numérica que ni siquiera se había notado- cuando al filo del descanso le propinó a Colo Colo el golpe de gracia. El lateral Felipe Campos, absolutamente permeable en la marca, no pudo quitarle el balón a Bustamante, ubicado en la posición de alero derecho, y su centro fue empalmado con furibundo cabezazo por Lopes, que se anticipó al cierre que intentó Zaldivia.

Aunque no lo hizo ostensible, Guede cayó en la desesperación. Para afrontar la segunda etapa mandó a la cancha al “Pajarito” Valdés, excluyendo a Valber Huerta y retrasando a la zaga a Baeza. Y cuando apenas habían transcurrido 12 minutos de juego de esa etapa, hizo entrar al sub 20 Suazo en lugar de Campos y al juvenil Morales en remplazo de Fernández.

No sirvió de nada. Nadie podía esperar que un par de juveniles le compusieran el naipe a un Colo Colo que con todos sus estelares naufragaba y deambulaba penosamente por la cancha del Monumental.

¿Qué produjo ofensivamente Colo Colo? A pesar de haber tenido el monopolio del balón, apenas dos llegadas claras y netas de gol. En la primera, durante la etapa inicial, el uruguayo Rivero no supo definir en un mano a mano frente al arquero. En la segunda, cuando el mismo Rivero elevó increíblemente su cabezazo tras un centro de Rodríguez que había desbordado por primera y única vez en todo el partido.

¿El resto? Un par de remates de distancia de Fierro y de Pavez y pare de contar. En su muestra más nítida de incapacidad e impotencia, el anodino toquecito lateral a la entrada del área concluía siempre con un centro que moría invariablemente en las manos de Naranjo. Y es que Colo Colo, que carece de cabeceadores, tampoco tiene entrada por las bandas y mucho menos jugadores que puedan superar con una milimétrica pared la abundancia de defensores rivales. Todos andan tan mal (y el todos no constituye ninguna exageración), que queda la impresión de que entre Paredes y Rodríguez, o entre Paredes o Rivero, o entre el uruguayo y el “Pajarito” Valdés, no podrían hacer una pared ni aunque estuvieran solos en un ascensor.

Deportes Iquique ganó bien y nadie podría reprocharle nada.Le clausuró a este desdibujado Colo Colo todas las entradas y lo contragolpeó con claridad y eficacia cada vez que pudo. Bustamante se perdió el tercero con un globito que le salió desmedido, Garcés evitó el gol en un mano a mano frente a Remos y el propio Ramos se perdió el mazazo póstumo cuando, ya en los descuentos, mandó a las nubes un lanzamiento penal por una falta que el mismo Garcés le había cometido cuando ya la conquista era inminente.

Aquí no vale el “se nos meten todos atrás” como excusa para explicar tres derrotas al hilo en el Monumental. Un buen equipo –además con aspiraciones- tiene que saber superar ese puzzle, que por lo demás no es un problema que carezca de solución si se tienen las armas para ello.

El problema es que, hasta ahora, Colo Colo no tiene nada. Ni fútbol, ni rendimiento, ni menos jugadores. Sólo el discurso de Pablo Guede, que no encuentra intérpretes para la revolución que pregona.

PORMENORES

Cancha: Estadio Monumental.
Público: 18.520 espectadores.
Arbitro: Jorge Osorio.

COLO COLO: Garcés; Fierro, Zaldivia, Huerta (46´ Valdés), Campos (57´ Suazo); Pavez, Baeza, Fernández (57´ Morales), Rodríguez; Rivero, Paredes.

D. IQUIQUE: Naranjo; Lopes, Zenteno, Charles, Dávila; Caroca, Riquero, Bustamante (77´ Rebolledo); Ramos, Villalobos (71´ Torres), Cubillos (39´ Guerrero).

GOLES: Ramos a los 12´ y Lopes a los 44´ (cabezazo).

Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Fernández, Garcés y Zaldivia. En Iquique, Charles y Villalobos.

Tarjetas rojas: En Colo Colo, Zaldivia; en Iquique, Charles, ambos por doble amarilla.