La Roja pagó cara la siesta y cayó ante Paraguay

El elenco guaraní sacó partido de un cuadro nacional adormilado. Le anotó dos goles en apenas 8 minutos y, a partir de ese momento, le entregó generosamente la cancha a los de Pizzi, que no tuvieron recursos para superar a una defensa rústica, pero atenta y bien dispuesta para cortar una y otra vez los tibios y, a ratos, atolondrados ataques nacionales.

La Roja estrenaba su título de la Copa Centenario y lo cierto es que no estuvo a la altura. Cayó sin atenuantes por 2 a 1 frente a un discreto Paraguay, que supo sacar partido del sopor con que el cuadro nacional afrontó el compromiso. Iban apenas 8 minutos de juego y el cuadro local ya se ponía en una cómoda ventaja de 2 a 0 que no estaba en los cálculos de nadie. Ni siquiera de los paraguayos, que conscientes del mediocre papel que venía haciendo su selección, tanto en las clasificatorias como en el sudamericano extra disputado en Estados Unidos, le otorgaban un amplio favoritismo a Chile.

En el papel, no era descabellado. Chile, que había comenzado mal ese torneo, se puso luego a la altura de las circunstancias y le sacó lustre a su título de campeón sudamericano repitiendo el logro ante esa misma Argentina a la que ya había superado en el Estadio Nacional, un año atrás.

“Paraguay no tiene por dónde”, decían pesimistas los propios hinchas guaraníes. Pero lo tuvo. Asfixiando la salida chilena, recurriendo a la refriega tan propia de su fútbol, el cuadro dirigido ahora técnicamente por el “Chiqui” Arce le propinaba de entrada a la Roja dos mazazos de los cuales nunca se pudo recuperar, más allá de su rebeldía frente a un resultado que tampoco estaba en los cálculos nacionales.

Chile entró dormido. Jugó como recién saliendo de una siesta. Iban apenas 6 minutos cuando un pase fallido de Vidal a Alexis permitió la recuperación paraguaya y la rápida combinación para Romero. El guaraní, sin marca alguna, porque Fuenzalida llegó demasiado tarde, despachó el zurdazo que hizo explotar el Defensores del Chaco y dejó sin opción alguna a un Toselli que, además, pretendió desviar el remate con “mano cambiada”.

La Roja, extrañamente, no atinaba. Extrañamente porque se supone que un cuadro con pretensiones, un campeón, debe tener la suficiente jerarquía para neutralizar primero y luego superar a un equipo bastante rudimentario, como el paraguayo. Fue, para el asombro de todos, todo lo contrario. Un córner en el minuto 8 confirmó lo que siempre se dice: dos cabezazos en el área, es gol. Y Paraguay lo cumplió. El tiro de esquina lo cabeceó Santander, con débil oposición de la defensa, y en la boca del arco el zaguero Da Silva se anticipaba a la también débil marca de Aránguiz para desviar el balón hacia la red frente a un Toselli que se quedó demasiado estático ante la jugada.

No fue el reemplazante la prenda de garantía que se esperaba. Tampoco lo fue Roco, obligado sustituto de Gonzalo Jara. Mientras el arquero se vio desde un comienzo dubitativo, sin entregar esa seguridad que sus zagueros necesitan, el central evidenciaba a cada momento su escasa capacidad de manejo, dando la impresión que la pelota le quemaba y que en cualquier momento podía producirse el error que en fútbol cuesta caro.

Pero sería injusto culparlos a ambos de la derrota. Para decirlo pronto y claro, muy pocos estuvieron a la altura de las circunstancias. Aránguiz fue muchas veces anticipado, Vidal se enzarzó en constantes alegatos sin sentido y Alexis insistía una y otra vez en quedarse con el balón mucho tiempo más de lo aconsejable.

No era todo: Fuenzalida, de buena Copa Centenario, esta vez no pesaba y Vargas, salvo una chilenita que ensayó en el minuto 25, que le salió demasiado recta para encontrar las manos de Barreto, muy pocas veces fue capaz de producir jugadas que contribuyeran a trizar el sólido fondo guaraní, ayudado además por la absoluta falta de claridad y profundidad del cuadro nacional.

El descuento surgió de una jugada que el árbitro argentino Pitana sancionó como foul en lugar de aplicar la ley de la ventaja. Mena se iba en procura del área para meter el centro cuando llegó el cobro que produjo la indignación de los jugadores de la Roja. Paradójicamente, sin embargo, la Selección se puso a tiro gracias precisamente a ese tiro libre. Sirvió Aránguiz y Vidal ratificó su buen juego aéreo ganándoles la posición a tipos especialistas en conjurar ese tipo de situaciones en su área propia tanto como aprovecharlas en el área ajena.

La Roja había “vuelto” al partido, con 55 minutos todavía por delante.

Igual se pensó en un par de cambios para afrontar la segunda etapa. Por ejemplo, en la entrada de Matías Fernández en lugar de Roco, retrasando a un “Gato” Silva que ya ha desempeñado a satisfacción el puesto (en una final de Copa América, nada menos). En alguien que mejorara lo que había hecho el “Chapita” Fuenzalida, que a decir verdad nunca fue mucho.

Pizzi, a pesar de que Paraguay había dejado en claro que tras el segundo gol “cerraba” el partido, replegando absolutamente sus líneas, estimó que con los mismos hombres había que perseverar en busca de la levantada que se aguardaba de un equipo que ha dado reiteradas muestras de cómo superar las adversidades.

El dominio de la Roja, sin embargo, fue del todo improductivo. Sin entrada por las bandas, carente de claridad por el centro de su ataque, se estrelló todo el segundo tiempo contra una defensa bastante rústica, pero que cumplía con su tarea de no permitirse riesgos.

Por lo demás, ese comienzo del segundo tiempo dela Roja fue tan de espanto como los primeros minutos del partido. Fieles a la costumbre que viene de los tiempos de Bielsa, quisieron salir jugando, pero fracasaron estrepitosamente en el armado y provocaron dos jugadas que perfectamente pudieron traducirse en la tercera cifra paraguaya.

A los 48, tras una verdadera “comedia de equivocaciones”, el zurdazo de Romero fue desviado en última instancia al córner por Toselli. Y apenas un minuto después, se la robaron a Vidal en la salida y Lezcano se perdió por poco el golpe de nocaut.

Nada de lo que intentó una Roja cada vez más nublada y hasta atolondrada, resultó. Ni el centro al área ni el remate de distancia que una vez probó Vidal. Todo era muy previsible y anunciado. No había pequeños triunfos en el “mano a mano” y el único que algo podía lograr, en ese aspecto –Alexis Sánchez- sólo fue protagonista de una jugada individual de su marca, en que fue desairando defensores paraguayos para que todo se frustrara, sin embargo, por una posición adelantada de Puch.

Paraguay no mostró ningún pudor para recurrir a todas esas triquiñuelas que le aseguraran la victoria que con toda justicia estaba consiguiendo. Sus defensores no titubeaban en mandarla a la galería y hasta contaron con un par de contragolpes que pudieron liquidar mucho antes el partido.

La Roja, esta vez, no estuvo. Y aunque el rival próximo sea la débil Bolivia, el tema preocupa.

A la ausencia de Bravo y Jara deberemos sumar la de Medel. No es poco, sobre todo cuando, por esta vez al menos, los sustitutos estuvieron lejos de hacer olvidar a los titulares.

PORMENORES

Séptima fecha, clasificatorias sudamericanas.
Estadio: Defensores del Chaco, de Asunción.
Público: 45.000, aproximadamente.
Arbitro: Néstor Pitana (Argentina).

PARAGUAY: Barreto; Moreira, Da Silva, Gómez, Candia; Ayala, Rojas (85´ Valdez), Riveros, S. Romero; Lezcano (82´ Benítez), Santander (66´ Almirón).

CHILE: Toselli; Isla, Medel, Roco, Mena (78´ Pinilla); Aránguiz, Silva (72´ Gutiérrez), Vidal; Fuenzalida (56´ Puch), Vargas y Sánchez.

GOLES: Romero a los 6´ y Da Silva (cabezazo) a los 8´, para Paraguay. Para Chile, Vidal a los 35´ (cabezazo).

Tarjetas amarillas: En Paraguay, Gómez, Rojas y Riveros. En Chile, Medel, Aránguiz, Vargas y Pinilla.

Tarjeta roja: Gary Medel, a los 90´+2.