La Roja: Rueda sigue buscando a la espera del “milagro”

En la antesala de la Copa América, y con las clasificatorias hacia Qatar 2022 en el horizonte, el técnico de la Selección Nacional sigue dando palos de ciego en la búsqueda de jugadores que concreten el esperado recambio de la “generación dorada”. En la nómina con miras a enfrentar a México y Estados Unidos hay convocatorias inesperadas y una omisión tan reiterada como inexplicable: Marcelo Díaz, figura actual del fútbol argentino.

Que el fútbol es de momentos lo entendió dolorosamente Luis Santibáñez luego del papelón protagonizado por la Roja en España 82. Eufórico por una campaña clasificatoria perfecta ante Paraguay y Ecuador, el ya fallecido “Locutín” señaló que “con estos mismos jugadores afrontaremos el Mundial”.

El problema es que para el máximo desafío restaban aún muchos meses, y como el paso del tiempo suele ser implacable, a la cita llegaron jugadores que por rendimiento no debieron estar y otros, que, por contraste, se quedaron en Chile mereciendo ser nominados.

Santibáñez se equivocó feo, quedó prisionero de sus palabras y, pasada la época de su insoportable arrogancia como director técnico de la Selección Nacional, terminó por reconocerlo.

El problema hoy, respecto de la actual Roja, es que el entrenador Reinaldo Rueda parece no tenerlo claro. Cuando el tiempo se le acaba frente a esa Copa América de Brasil, en la que Chile deberá defender el título logrado en el país en 2015, refrendado luego en la Copa Centenario, sigue buscando jugadores a la espera del milagro de que surja alguno que se destape en esas posiciones donde la pobreza de variantes y alternativas se hace todavía más evidente: la ofensiva.

Tuvo que llegar al país, y comenzar a ver nuestra mediocre competencia local, para percatarse de que en Chile los cracks surgen a cuentagotas. Con suerte, de verdadero nivel mundial, uno cada diez años. La denominada “generación dorada”, pudo comprobarlo dolorosamente, sólo había sido un ardid del destino, un fenómeno maravilloso, pero difícilmente repetible.

Que coincidieran tipos de la jerarquía de Claudio Bravo, Gary Medel, Arturo Vidal, Jorge Valdivia y Alexis Sánchez, sumados a otros de buen nivel internacional, como Charles Aránguiz, Jean Beausejour, Eduardo Vargas y Mauricio Isla, fue, para muchos, una feliz coincidencia. ¿Pero de verdad lo fue? ¿No habrá sido, además, porque en aquellos tiempos sin Sociedades Anónimas Deportivas los clubes reinvertían sus pocas utilidades en sus series menores y no las usaban, como ahora, como coartada para estafar al Fisco y eludir impuestos?

El pobre Rueda, a poco andar, pudo percatarse de que su objetivo de renovación de un equipo que enfilaba hacia el tramo de su definitivo ocaso, iba a significarle una tarea ímproba, no exenta de dificultades. Y grandes. Porque de partida no asomaban esos jugadores capaces de ponerse a la altura de aquellos que, por edad, difícilmente podrían estar para Qatar 2022.

Varios pasaron por la Roja sin dar el ancho durante los diez partidos amistosos jugados durante el año pasado. Ni Sagal, ni Henríquez, ni Fernandes, con sus virtudes y limitaciones, pudieron convencer del todo a Rueda, que sin embargo los seguía llamando porque, de verdad, el abanico de opciones era para nada amplio. Otros, como Bolados y Mora, tuvieron aún menos posibilidades.

Para estos encuentros de fin de mes, frente a México y Estados Unidos, antesala de la participación chilena en la Copa América, Reinaldo Rueda sigue experimentando. Y si bien se dijo desde el primer día que la meta final era llegar a Qatar, nadie puede aceptar que el fútbol chileno no intente defender en Brasil con dientes y muelas ese título que le costó un siglo conquistar.

Independiente de las clasificatorias para el próximo Mundial, la Roja, en otras palabras Reinaldo Rueda, tiene la obligación de llevar lo mejor que en este momento tiene para intentar ser otra vez campeón, o al menos luchar con todo para conseguirlo.

La nómina de la Selección, sin embargo, demuestra que Rueda no piensa lo mismo.

Como está fuera de discusión que el fútbol el presente puro, que por enésima vez no haya convocado a Marcelo Díaz ya se antoja un capricho. O una larvada inquina que, por cierto, no podría tener sustento, considerando que el volante de Racing jamás ha sido dirigido por el colombiano. Porque ocurre que Díaz no es sólo figura de un equipo líder del torneo argentino, lo que no es poca cosa, sino que está considerado por el medio bonaerense, que no acostumbra brindar elogios gratuitos a los extranjeros, como una de las mejores figuras del campeonato, considerando los 26 clubes que compiten y participan.

Puede que al “Chelo” el combustible no le alcance para las próximas clasificatorias. Menos en el tramo final. Pero no se entiende que, en la víspera de la Copa América -presente puro-, sea excluido sin que el técnico haya dado jamás una razón futbolística para su incomprensible “olvido”.

Más incomprensible cuando, como todo el medio sabe, su no convocatoria no está contaminada con algún episodio de indisciplina, como ya quedó claro con la no convocatoria, una vez más, de Eduardo Vargas. En este específico caso, Rueda tiene todo el derecho del mundo a prescindir del delantero del Tigres mexicano sin necesidad de tener que darle explicaciones a nadie.

Me resisto a creer que “Car´e Pato” haya sido vetado por sus propios compañeros de equipo, como señalan algunas versiones. Que Reinaldo Rueda, haciéndose eco de eventuales cahuines, lo deje una y otra vez fuera de la Roja por una larvada petición que le habrían hecho algunos referentes de la Roja, que no quieren ver a Díaz ni en pintura luego de descubrir, cual avezados Sherlock Holmes, que el volante era quien filtraba a la prensa diversos episodios que sólo debían quedar en la interna.

Eso estaría hablando muy mal del colombiano.

La ausencia de Díaz y de Vargas, para los encuentros en tierras norteamericanas, por cierto llamaron tanto la atención como los nombres de algunos de los convocados.

¿Qué hace en la nómina, por ejemplo, Lawrence Vigouroux? Porque el muchacho, hijo de padre chileno y madre jamaicana, defiende el arco del Swindon Town Football Club, de la cuarta categoría del fútbol inglés. ¿No hay en el país un arquero de un nivel mejor o al menos similar? ¿Qué empresa de cable tendrá Rueda como para seguirle al dedillo la carrera? ¿O será que la ANFP está realmente en un período de austeridad y, sacando cuentas, sale más barato que viaje directo desde la isla a México para incorporarse al equipo?

Cualquier otro argumento, de verdad no se sostiene.

Los otros casos llamativos de esta convocatoria se encuentran en la ofensiva con que Rueda afrontará estos amistosos.

¿De verdad piensa que Jean Meneses, actual delantero del León mexicano, podrá aportar lo que hasta ahora no han conseguido otros anteriormente nominados? Satisfactoriamente rápido, nada de torpe y escurridizo, se dice que Meneses vive un buen presente en tierras aztecas, con goles incluidos. Pero se sabe que la camiseta Roja ha pesado siempre y ahora más que nunca, con dos títulos de por medio.

El otro caso es el de Diego Rubio, delantero del Colorado Rapids, de la Mayor League Soccer del fútbol estadounidense. Con 25 años, hijo del recordado “Pájaro” Rubio, su convocatoria es claramente otra apuesta del técnico nacional, que seguramente espera que las virtudes del muchacho puedan refrendarse en un medio que conoce de sobra y donde se desenvuelve desde el año 2016, tras haber sido cedido por el Valladolid español al Kansas City.

El último, y por cierto aún más llamativo, es la convocatoria de Iván Morales, delantero de los registros de Colo Colo.

No sólo porque el muchacho es suplente de los suplentes en su equipo, sino porque hasta aquí ha demostrado muy poquito como para ser distinguido con este honor que supone ser llamado a la Selección Nacional.

Protagonista de la Roja juvenil en los sucesivos fracasos en Ecuador primero, y Chile después, Morales sigue siendo una promesa sustentada más que nada en su físico. Común para cualquier otro medio que no sea el nacional, aquí es apodado en la interna alba como el “Tanque” con su metro con 80 centímetros y sus 76 kilos de peso.

Futbolísticamente, sin embargo, lo suyo deja profundas dudas.

Es rápido, pero en ningún caso una luz. Es fuerte, pero sin embargo esa fortaleza se ha mostrado más que diluida cuando le correspondió enfrentar a los mejores defensores que puede exhibir Sudamérica a nivel de juveniles.

Técnicamente, sin embargo, Morales es limitadísimo. Le cuesta un mundo controlar los balones que le tiran. Y cuando llega a conseguirlo, no sin bastante esfuerzo, carece de la más mínima habilidad para desairar a un defensor con un amague, con un dribling o una gambeta. En suma, para que llegue al gol, que es lo que se le pide, necesita de espacios amplios, de defensores incapaces de sostenerlo o de un centro atrás que lo pille corriendo de frente al arco.

Hasta ahora, eso no le ha alcanzado en su equipo ni tampoco en la Roja juvenil. ¿Por qué, Reinaldo Rueda, tendría que alcanzarle en la Selección mayor?

Ojalá nos equivoquemos. Que el muchacho por fin explote y, goles y buenas actuaciones mediante, nos tape la boca, como tanto les gusta decir a los futbolistas.

Con diez partidos disputados el año pasado y un registro de cuatro victorias, tres empates y tres derrotas (14 goles a favor y 13 en contra), el transitar de Rueda por la cabina técnica de la Selección Chilena, hasta aquí, sólo puede calificarse de apenas satisfactorio, aunque no faltarán aquellos que -obnubilados por una “generación dorada” única y difícilmente repetible-, lo tildarán derechamente de “mediocre”.

Al parecer, Rueda se dio cuenta tarde, y ya en terreno, de que si a Chile siempre le costó producir jugadores de verdadero nivel internacional, con la sinvergüenzura de las Sociedades Anónimas la tarea se puso aún más cuesta arriba.

De cara a la Copa América, con las clasificatorias para Qatar 2022 en el horizonte, no tiene más que seguir arando con los bueyes de que este fútbol dispone. Y, tal como sucede en los campos chilenos con la aparición de los tractores, cada vez tiene menos bueyes a los cuales echar mano.