La Roja: un triunfo que no da para celebrar

Venciendo por 3-2 a Guinea, en Alicante, la Selección Chilena reiteró los vicios que parecen arraigarse cada vez más en el equipo. Y lo peor es que al frente hubo un rival tan limitado como rústico.

En el fútbol hay derrotas que sirven y triunfos que no dejan nada. Es esto último lo que queda tras la victoria de la Roja por 3-2 frente a Guinea, en Alicante, al punto que hasta es válido preguntarse cuál era el objetivo de pactar este pleito.

Digamos, de partida, que al estadio José Rico Pérez no llegaron más de 500 espectadores, y todos ellos con entrada de invitación. Que el rival afrontó el compromiso sin ningún arquero suplente en banca y que, en la previa del encuentro, un jugador africano hasta abandonó la concentración en protesta por el no pago de premios pactados.

Ni que se hubiera tratado de un equipo de barrio…

En otras palabras, el pobre entorno no prometía para nada un duelo de cierto nivel. El resto lo hizo el seleccionado de Guinea, un equipo rústico, limitadísimo, y que sólo tiene físico y fuerza para batírselas con cierto decoro frente a un equipo que lo supera en ranking y fundamentos técnicos.

Ante un cuadro de tales características, la teoría señalaba que la Roja tendría que ganar sin grandes dificultades. Que, en una de esas, los nuestros hasta podrían florearse ante un adversario tan irremediablemente discreto. Que hasta se podía aspirar, si no a una goleada rehabilitadora, al menos a un marcador expresivo y amplio, que no dejara mayores dudas.

Lamentablemente, nada de eso ocurrió. La Roja se impuso estrechamente, jugó muy mal y en los descuentos hasta pudieron haberle empatado. Si eso no pasó fue sólo porque, como tantas otras veces, en la portería estuvo Claudio Bravo, que repelió en forma brillante un remate franco de un delantero guineano (Soumah) que había quedado absolutamente solo para el fusilamiento.

Como aconteciera frente a Honduras, la Roja tuvo la pelota casi sin contrapeso. Pero también como en aquella oportunidad, sin saber qué hacer con ella. Y si antes teníamos un equipo que jugaba de memoria, y con movimientos tan aprendidos que el paso de los laterales en ataque solía ser la llave para abrir cualquier defensa, hoy no sólo no tenemos esa mecanización, sino que quienes ocupan las bandas como primera opción -Isla y Parot-, suelen pasar tan poco y tan mal, que buena parte de la sorpresa se ha perdido ostensiblemente.

A estas alturas está claro que Parot carece de condiciones para ese ida y vuelta, al paso que Isla, además de haber perdido velocidad, tampoco tiene ya cerca a Alexis para hacer funcionar el tándem.

Si a eso le sumamos un mediocampo luchador, pero de pocas luces e inventiva, y punteros que jamás desbordan, podremos explicarnos mucho mejor el por qué la Roja desarrolla un jueguito insulso y monocorde, que rinde hacia atrás o hacia los costados, pero nunca en profundidad.

Las pocas que tuvo en esa primera etapa el cuadro de Rueda surgieron más por los ostensibles errores de los hombres de Guinea, buenazos para pifiarse y pegarle para cualquier parte, que por jugadas bien urdidas de los nuestros.

¿Cuándo vamos a ver, además, una pared a la entrada del área que provoque la superioridad numérica y el consiguiente claro para el remate? Los actuales jugadores de la Roja no son capaces de hacer una pared ni siquiera en un ascensor.

Teniendo la Roja el balón durante ese primer tiempo casi sin contrapeso (76% contra 24%), resulta que Guinea se fue al descanso ganando 1-0. En lo que debe haber sido la única jugada guineana bien urdida, Conté, sin marca, metió el derechazo de primera tras recibir de Mara que corría por la banda izquierda.

Rueda, buscando el golpe de timón, para la segunda etapa mandó a la cancha a Opazo y Albornoz, sustituyendo a un opaco Isla y a un inexistente Parot. Sólo Opazo logró por su sector cierta mejoría, pero sin transformarse tampoco en un jugador incisivo y desequilibrante.

No había una gran mejoría en el equipo cuando llegó la paridad. Pinares pasó por la izquierda se la cedió a Vidal, quien, en lugar de rematar, se la puso a un Pulgar que llegaba mucho mejor perfilado. El violento remate del jugador de la Fiorentina no pudo ser atrapado por el meta y ahí estuvo vivo Meneses para cazar el rebote en la boca del arco.

Con el encuentro igualado, Rueda cambió el esquema. Ingresando a los 65 minutos Pavez por Pulgar, Vegas por Cristián Bravo y Rubio por Meneses, pasó a línea de tres, con Sierralta, Vegas y Maripán. Había que ganar y, por lo demás, Guinea llegaba muy poco.

En un lapso de cuatro minutos, la Roja se puso 3-1. A los 70’, Pinares abrió hacia Opazo y el centro de este sorprendió sin marca a Mora, que la tocó lo justo para cambiarle el palo al arquero. Al poco rato, una grosera pifia de un jugador guineano junto a la línea lateral posibilitó la arrancada solitaria de Rubio. Al buscar este el centro, se encontró con el defensor Jeanvier, que puso la mano como obstáculo. Desde los 12 pasos, Vidal le reventó el arco al meta Aly Keitá.

Recién ahí, el cuadro guineano arriesgó un poco más.  Y lo preocupante fue apreciar que, con lo poco que tenía, nos complicó.

No sólo puso un 2-3 mucho más adecuado con lo que había sido el encuentro, sino que comenzó a aproximarse repetidamente a tiro de gol.

Hasta que llegó esa jugada del segundo minuto de descuento, cuando Soumah quedó solo frente a Bravo, y el meta salvó poniendo su cuerpo a un remate que llevaba todo el destino de acabar en la red.

Las estadísticas dirán que esta fecha FIFA, desde el punto de vista de los resultados, para la Roja fue positiva. El problema es que, jugando de esta forma, ni el más delirante e incondicional hincha del “equipo de todos” queda con ganas de ir a celebrar a Plaza Baquedano.

PORMENORES

Partido amistoso internacional.

Estadio: José Rico Pérez, de Alicante.

Público: 500 espectadores, aproximadamente.

Arbitro: Fyodor Zammit (Malta).

CHILE: Claudio Bravo; Isla (46’ Opazo), Sierralta, Maripán, Parot (46’ Albornoz); Vidal, Pulgar (65’ Pavez), Pinares (75’ Baeza); Cristián Bravo (65’ Vegas), Mora, Meneses (65’ Rubio).

GUINEA: Aly Keitá; Sylia, Condé, Falette, Jeanvier; Konaté (76’ Soumah), Pogbá, Conté (67’ Kaba); Ibrahim Camara, Mara y Demba Camara (80’ Yattara).

GOLES: Para Chile, Meneses a los 64’, Mora a los 70’ y Vidal (penal) a los 74’; para Guinea, Canté a los 38’ e Ibrahim Camara a los 80’.

Tarjetas amarillas: en Guinea, Ibrahim Camara.