La Roja volvió a mostrar sus credenciales

Sin dos de sus figuras clave, la Selección Chilena se impuso por 2 a 0 a Colombia y se ganó con todos los merecimientos el derecho para disputar una nueva final de la Copa América.

Golpeó de entrada, dejó medio “groggy” a su rival, y luego de un bache en que se le perdió la pelota, la Roja trabajó el partido para concretar un triunfo de 2 a 0 sobre Colombia que la pone, una vez más, en la final de la Copa América.

Es el resumen de un accidentado partido que tuvo un entretiempo insólito: 2 horas con 38 minutos en que la tormenta que se abatió sobre Chicago hasta amenazó con postergar el duelo para el día siguiente. Pero a ninguno le convenía. Colombia creía que podía darlo vuelta, porque después del segundo gol chileno se había apropiado del trámite y de la pelota, mientras que Chile sentía que, pasado el sofocón en que pareció perder el rumbo, tenía argumentos de sobra para sellar un triunfo confirmatorio.

Como ocurrió frente a México, la Roja sorprendió temprano a su rival. A los 11 minutos ya se imponía sorprendentemente a una Colombia desdibujada por un claro 2 a 0. Era tal la fluidez del equipo, tal su contundencia, que en esos minutos iniciales nadie tuvo argumentos para extrañar ausencias que, teóricamente al menos, eran clave en el armado del equipo: Arturo Vidal y Marcelo Díaz. Y es que el “Gato” Silva y el “Tucu” Hernández demostraban, con su personalidad y su juego, que Pizzi no se había equivocado al confiar en ellos como los más adecuados sustitutos.

Chile prolongaba en ese lapso todo lo bueno mostrado frente a los aztecas. Hacía circular con precisión y criterio la pelota frente a una Colombia que entró como desenchufada, como sin tener conciencia de lo que se estaba jugando: nada menos que la posibilidad de disputar la final de la Copa América.

Cuando el cuadro de Peckermann reaccionaba, y entraba a nivelar la brega, se produjo una incidencia que sería clave en el trámite que de allí en adelante se plasmaría sobre la cancha del Soldier Field: la lesión del “Tucu” Hernández. Entre Torres y Cardona lo sacaron de la cancha y su reemplazante, Erick Pulgar, de ahí hasta el término de los 45 minutos iniciales, no pesó ni en la marca ni menos en la generación de juego. Resultado: Colombia se adueñó de la pelota casi en exclusiva, y como tiene de sobra jugadores hábiles y bien dotados técnicamente, no había que ser adivino para predecir lo que iba a pasar, esto es, que el fondo rojo y Claudio Bravo iban a tener mucho más trabajo que en los encuentros precedentes.

Colombia vs Chile

Bravo, en esos minutos de agobio y de zozobra, dejó claro de qué madera está hecho. Criticado hasta el escarnio por sus fallas frente a Argentina, Bolivia y Panamá, esta vez fue gigantesco para ahogar en dos o tres ocasiones el grito de gol colombiano. Y Chile, que pudo irse al descanso ganando por la mínima,o incluso empatando, capeó el temporal que se dejó caer sobre la “Ciudad de los vientos” atesorando una tranquilizadora ventaja que le permitió soportar de mejor forma la natural inquietud de no saber si el partido podría continuar en su segunda etapa o el aguacero inclemente iba a postergar todo hasta este jueves.

Así como la salida de Hernández fue fundamental en el declive del juego de la Roja, para Colombia fue decisiva la expulsión de Carlos Sánchez, por doble amarilla, cuando recién se jugaba el minuto 56. La reacción colombiana, como aquella que le sirvió para remontar un 3 a 0 con baile que la Roja le daba en Barranquilla por las clasificatorias para Brasil 2014, terminó por diluirse. En una cancha poco propicia para el fútbol que sus jugadores practican, el cuadro de Peckermann debió, además de asumir su inferioridad numérica, ver cómo la Selección Chilena volvía a hacerse dueña del balón con precisión e inteligencia, tocando y tocando a la búsqueda de espacios vacíos, y llevando a varios colombianos a la desesperación y la impotencia.

La Roja, es cierto, no llegó mucho en esa segunda etapa. Claramente, optó por privilegiar lo que se llama “la posesión del balón” en lugar de arriesgar la pelota en aventuras ofensivas dudosas. El problema es que Colombia tampoco llegó mucho. De partida, visitó el área de Bravo mucho menos que en la primera etapa, y casi siempre mediante arrestos individuales que rara vez llevaron riesgo.

Los últimos minutos se jugaron casi por completo dentro de esa tónica: con la Roja tocando y tocando, haciendo circular el balón para quemar minutos, y jugadores colombianos que, convencidos de su inevitable derrota, buscaron más el físico del adversario que la pelota. Murillo, por ejemplo, le entró muy fuerte Puch y, ya cerca del final, James Rodríguez le tiró a Silva una patada que, de haberle significado la tarjeta roja, nadie podría haber protestado.

Es verdad: la Roja fue de menos a más en el transcurso de estas Copa América del Centenario. Lo gratificante es comprobar que, además de recuperado el nivel que parecía haberse extraviado, frente a Argentina, en la final, Pizzi podrá contar con un Vidal y un Díaz cuyas ausencias pudieron ser más que satisfactoriamente soslayadas.
Otro argumento para decir que el Campeón de América está de vuelta.

PORMENORES

Copa América Centenario.
Partido de semifinal.
Estadio: Soldier Field, de Chicago.
Público: 35 mil personas, aproximadamente.
Arbitro: Joel Aguilar (El Salvador)

CHILE (2): Bravo; Isla, Medel, Jara, Beausejour; Aránguiz, Silva, Hernández (29’ Pulgar); Fuenzalida (74’ Puch), Vargas (87’ González), A. Sánchez.

COLOMBIA (0):
Ospina; Arias, Murillo, Zapata, Fabra (73’ Pérez); C.Sánchez, Torres; Cuadrado (80’ Bacca), Rodríguez, Cardona (46’ Marlos Moreno); Martínez.

GOLES: Aránguiz a los 7’ y Fuenzalida a los 11’.

Tarjetas amarillas: en Chile, Bravo, Beausejour, Silva, Puch y Sánchez. En Colombia, C. Sánchez, Rodríguez y Bacca.

Tarjeta Roja: Carlos Sánchez, de Colombia, a los 56’.