La Rojita Sub 20 no debe creerse el cuento

Si Héctor Robles aprendió la lección de 2017, debe sofocar cualquier asomo exitista en el plantel que ganó el oro en los Odesur. La meta en serio es el Sudamericano 2019 que Chile jugará como local.

La excelente actuación del Team Chile en los Juegos Odesur en Cochabamba y el consiguiente clima de euforia interno han subido los bonos de la Rojita sub 20 a alturas impensadas antes del torneo.

Su merecida medalla de oro lograda en la final disputada ante Uruguay, un especialista en estas instancias, ya hizo que muchos saquen anticipadas cuentas alegres sobre el desempeño de esta selección en el futuro Sudamericano sub 20 que se disputará en el verano de 2019 en nuestro país.

En estas expectativas se conjugan tanto el anhelo por conseguir uno de los tres premios del certamen (mundial de la categoría en Polonia 2019, Panamericanos de Lima 2019 o Juegos Olímpicos de Tokio 2020) como la ansiedad por seguir encontrando talentos jóvenes que nutran el proyecto renovador de Reinaldo Rueda en la Roja.

Y si bien esta selección dirigida por el reivindicado Héctor Robles lució en Cochabamba méritos propios para sembrar esperanzas, la actual paridad del fútbol continental invita a la prudencia.

De partida, porque en el torneo de Cochabamba no estuvieron Brasil ni Perú. Y la ausencia del primero en cualquier competición es un factor que atenúa el mérito del que resulte campeón. Lo hizo Chile. Bien por la Rojita, pero hay consideraciones que deben ser sopesadas de cara al próximo Sudamericano.

Una de ellas es que aparte de las dos ausencias citadas no puede dejarse pasar que de los cinco partidos jugados por la Rojita solo uno fue ganado en los 90 minutos: el 1-0 contra Venezuela, en el último duelo de primera fase. El resto fueron las igualdades 2-2 ante Argentina, 2-2 frente a Bolivia, 1-1 contra Colombia (encuentro de semifinales zanjado a favor chileno en la definición a penales) y el 0-0 con Uruguay en la final, resuelto con un solitario gol de Diego Valencia en la segunda parte de la prórroga.

No deja de ser meritorio igualar con Argentina, Colombia y Uruguay. Y mejor haber vencido a los dos últimos en definiciones siempre infartantes. Habla muy bien del temple que el siempre corajudo Robles ha sabido traspasar a sus dirigidos. Pero las igualdades con rivales aparentemente menores -como Bolivia y Venezuela- demuestran que el nivel de juego nacional no da como para sacar pasajes a Polonia siete meses antes de que se desarrolle el Sudamericano entre el 20 de enero y el 13 de febrero.

¿Qué tiene y qué le falta?

El próximo torneo continental admitirá jugadores nacidos desde el 1 de enero de 1999 en adelante.

El actual contingente de Robles está justamente basado en esa generación reforzada con tres jugadores nacidos en 2000 y miembros de la última Sub 17 que el año pasado esforzada y meritoriamente clasificó al mundial de la categoría, en el que se desinfló completamente.

Ahora el aporte del alero rancagüino Antonio Díaz y del centro delantero cruzado Diego Valencia fue vital. No ocurrió lo mismo con el muy buen portero iquiqueño Junior Bórquez, que esta vez debió compartir responsabilidades con el o’higginiano Luis Ureta.

Gran parte del resto de los elegidos es parte de este ciclo desde sus comienzos, en marzo de 2017, cuando Robles elaboró su primera nómina.

A diferencia de la mayoría de los últimos procesos de selecciones menores, esta vez Robles ha evitado salir a buscar talentos a diestra y siniestra y se ha centrado en una treintena de jugadores a los que ha ido rotando a lo largo de 14 meses.

En el intertanto no ha tenido tapujos para tomar decisiones sorpresivas. Su premisa ha sido elegir jugadores con los que puede contar plenamente, sin condicionamientos de sus clubes.

Por eso, tal como lo reveló después de triunfar en los Odesur, no convocó a nadie de Colo Colo porque los elegibles no han podido estar a plena disposición de la selección. Por esta razón, el goleador Iván Morales, el media punta Carlos Villanueva, los volantes Ismael Llantén, Branco Provoste y Ricardo Álvarez o el central Diego Ohlsson, todos integrados al primer equipo, dejaron de ser convocados. Robles admitió días atrás que en este momento le interesaría sumar a Morales y a Villanueva, pero que todo dependerá de un cambio de actitud del club albo.

Tampoco ha contado siempre con el prometedor goleador de la UC David Henríquez y no ha llamado al chileno alemán Kenneth Hanner-López, sí nominado en la selección sub 21, ni con otros elementos nacidos en el extranjero y que juegan en Europa.

Adonde sí ha buscado y encontrado es en regiones. Trece de los 18 que viajaron a Cochabamba juegan fuera de Santiago. Destaca el aporte de O’Higgins, con dos titulares -el arquero Ureta y el lateral volante Antonio Díaz- y dos suplentes -el volante ofensivo Matías Sepúlveda y el delantero David Salazar-.

Ausentes los otros goleadores de los “grandes” (Morales y Henríquez), el peso ofensivo recae en el prometedor azul Nicolás Guerra, quien se conecta habitualmente con los talentosos Marcelo Allende, que ya juega en México, y Ariel Uribe, de Santiago Wanderers.

Sin duda, la medalla de oro en los Odesur es un acicate para esta camada. Ganar “a la uruguaya” no es cosa de todos los días. Menos frente a los propios charrúas.

Un éxito refrendado por dos títulos anteriores. El primero, en agosto de 2017, en la “CBS International Cup”, jugada en Japón, donde la Rojita superó a República Checa y la selección nipona, además del principal club juvenil local. El segundo, recién nomás, en marzo, en el cuadrangular “Sport for Tomorrow”, disputado en marzo en Paraguay, doblegando a Japón, el seleccionado guaraní y Venezuela.

Pero resta más de un semestre todavía para el Sudamericano y solo cabe seguir preparándose para saber absorber la presión de ser local y superar a rivales que conoce de memoria y a la mayoría de los cuales ha logrado vencer, pero más a costa de sudor que de superioridad clara.

Si no, que lo diga el propio Robles, que cantó victoria antes de tiempo al recibir en bandeja al plantel triunfador en el torneo de L’Alcudia de 2015 y fracasar después en el Sudamericano sub 20 de Ecuador.

No. Definitivamente la Rojita no debe creerse el cuento para ponerse a resguardo de que todo termine en pesadilla.