La titánica misión de Córdova: ordenar el equipo y el camarín de La Roja

El técnico asume el interinato en el peor momento de la Selección, que perdió el fondo de juego y la confianza tras la gestión de Berizzo. Además, sus tres capitanes -Medel, Sánchez y Bravo- fomentaron una controversia que refleja las diferencias en un equipo que va a Ecuador con la quimera de cambiar la imagen tras un pésimo año.

Por CAMILO REY / Foto: AGENCIAS

De los últimos diez entrenadores de La Roja, ocho fueron extranjeros, fundamentalmente argentinos, y los tres anteriores a ese ciclo -Jorge Garcés, César Vaccia y Juvenal Olmos- eran técnicos chilenos que sumaron sólo cinco años con el poder en Juan Pinto Durán. Los foráneos que durante las últimas dos décadas se pusieron el buzo nacional establecen una clara hegemonía y, en el juego actual de intereses donde los agentes, o representantes administran una suerte de “monopolio” fácilmente reconocible, la irrupción de Rodrigo Córdova al frente de la selección sufrió críticas desde un frente que percibe como una amenaza la eventual “nacionalización” de un cargo tan rentable como apetecido.

En ese desfile histórico de técnicos de distinto calibre profesional, La Roja se prestigió con el aporte de Marcelo Bielsa, Nelson Acosta y Jorge Sampaoli, por ejemplo, pero también perdió crédito con otros nombres que no dejaron más huella que sus indemnizaciones al cabo de procesos truncos.

Como sea, Córdova accede de urgencia a un interinato de exigencias básicas, más allá de sus capacidades desarrolladas con la experiencia previa de jugador internacional (Perugia, Crotone, Bari, Livorno, Ascoli, Messina, Parma y Brescia de Italia), y una formación como entrenador en el Centro Técnico de Coverciano, de la Federación Italiana. Dirigió a La Roja Sub 20 (2014-2015) y fue campeón del torneo de L’Alcúdia 2015, en España.

También condujo a Universitario de Perú (2018-2019) y luego dirigió a la Sub 23 de Qatar y al club Al Rayyan, junto con especializarse en la Academia Aspire de los Emiratos.

Córdova ya está al frente de un plantel afectado por los malos resultados y la gestión de Eduardo Berizzo, y mañana martes debe aplicar un tratamiento de shock que haga reaccionar -en la cancha- a un equipo de rendimiento deficiente y carente del contenido futbolístico esencial que le otorgue competitividad internacional.

En rigor, Ecuador como rival supone una dificultad superlativa por la jerarquía actual de los “cafeteros” y su condición de local en la altitud de Quito. Aun así, el rival fundamental de Chile son sus propias limitaciones: Berizzo no supo darle una identidad de juego ni un funcionamiento que le eximiera de la dependencia de las individualidades y, en definitiva, minó la confianza del grupo en sus medios. Y esas individualidades habituales -Vidal, Medel, Alexis, Brereton- hoy ya no están en su nivel o definitivamente serán ausencias obligadas en la próxima alineación.

Nadie puede pedirle milagros a Córdova ni menos coartarle la opción de demostrar su capacidad para “armar” y “parar” mejor al equipo respecto a la nefasta etapa reciente. En rigor, parafraseando un dicho clásico, de poner la heladera en la cocina y la mesa en el comedor… De establecer un esquema que los jugadores respeten en el campo y no permitir que algunos apuesten al desorden organizado o la inspiración individual. En dos días nadie hace milagros, pero el objetivo de reconstruir La Roja parece tan imprescindible que incluso algunas declaraciones distractivas de algunas figuras (como Medel y Sánchez), cayeron al vacío como justificaciones enmascaradas de una mediocre campaña.

LA “GUERRA” DE LOS CAPITANES

El desastroso empate con Paraguay convirtió Pinto Durán en campo minado. Antes de volver a Brasil, el ex capitán Gary Medel rastrojeó en las disculpas hasta declarar que “el público y la prensa no dejaron trabajar a Berizzo. Incluso él puso plata de su bolsillo para arreglar el complejo”. Luego, el Instagram del portero Claudio Bravo sorprendió con una compleja alusión a la crisis: “Un sabio dijo: primero duele, después te da rabia, termina dándote risa y también la razón!”.

Y, por último, instalado detrás de Instagram en una versión más atrevida que en el área, el nuevo capitán, Alexis Sánchez, generó un foco de fuego y humo cuando el incendio parecía apagarse. Primero disparó un post aludiendo a la insalubridad de las duchas y baños de Pinto Durán y del estadio Monumental, los mismos que existían cuando La Roja fue campeón de América. Después que el magnate Leonardo Farkas se apiadara de tanta pobreza ofreciendo un bolso con millones para refacciones, el Maravilla reculó con otro mensaje, aparentemente presionado por la dirigencia.

“Acabo de conversar con el presidente de la ANFP y solucionarán las duchas y el agua fría. La idea es que las generaciones futuras tengan herramientas de calidad como se merece la selección chilena”, filosofó el vocero, agregando un párrafo que volvió a generar controversia: “Mejor, amigo Leonardo, pongamos un 50/50 para hacer el estadio para la U”, propuso el jugador del Inter, dando nuevas pistas sobre sus eventuales intereses en el club universitario. En ese revoltijo de pretensiones, al fin, la misión de Córdova no es fácil, aunque queda clara: se trata de poner orden en el equipo y en el camarín.