La U sigue con los zapatos cambiados

La pobre campaña de los equipos dirigidos por los sucesores de Sampaoli tiene una explicación: la escasa complementación entre sus líneas, el pobrísimo nivel futbolístico de los refuerzos y la tardanza en el proceso de maduración de los formados en casa.

Era malo el equipo de Darío Franco, mediocre el de Antonio Figueroa, regularcito (aunque fue campeón) el de Martín Lasarte, horrible el de Sebastián Beccacece y malito, por decirlo suavemente, es el que dirige Víctor Castañeda.

Diferentes técnicos, distintos jugadores, y un resultado común: desastre.

Universidad de Chile abrió este año la billetera y perdió el rumbo. Con millones de dólares despilfarrados en un técnico novato e ineficiente y en un plantel desequilibrado, el otrora poderoso cuadro azul se ha abrazado muy pocas veces este año y su mayor alegría fue obtener dos triunfos consecutivos frente a rivales de mediana capacidad.

En el plano de las disculpas están las lesiones y las suspensiones. Pero no alcanzan a justificar lo sucedido.

Mejoró el lunes y afligió a Universidad Católica en el duelo de vuelta por la Copa Chile. Pero quedó eliminada en este torneo, y en el de Apertura tiene escasísima opción de llegar al éxito.

Defensa inconsistente

El arco de la U está bien defendido, aunque Johnny Herrera ataja cada vez menos, con o sin lesión. Su reemplazante, en cambio, da todas las garantías. Fernando de Paul se ha mostrado como un gran cortador de centros, un ágil atajador en el arco y un seguro despejador en su área.

Se fue Mathías Corujo, regresó Matías Rodríguez, y no pasó nada. La banda derecha sigue siendo un dolor de huesos para toda la defensa. Por ahí pasan mucho y se ataca poco. No hay coordinación entre el lateral y el puntero, y las ganas no bastan.

Peor aún es el problema de los centrales. Lesionado, suspendido o sano, el Gonzalo Jara azul nada tiene que ver con el de la Roja: las ha hecho todas mal, y las culminó en los partidos con la UC: cometió un penal, fue expulsado y anotó un autogol. Ese rendimiento ha tenido repercusiones graves, porque a Christian Vilches le faltan dotes de líder en la defensa.

En Colo Colo no se afirmó nunca hasta que llegó Julio Barroso. El argentino lo calmó, le dio seguridad, lo salvó cuando se equivocaba. Eso se esperaba que hiciera Jara con él. Y no se ha podido. En consecuencia, Vilches es, pese a su estatura, un defensor bajito en el juego aéreo y muy propenso a los errores. Regaló goles en los tres últimos clásicos.

Alejandro Contreras, reemplazante de Jara y otro refuerzo caro, no lo ha hecho mejor. No se entiende con Vilches y es de la misma cuerda: necesita un guía que le señale cuándo anticipar, esperar o abrirse a la punta. En Palestino era seguro en el juego aéreo defensivo y un peligro en el área contraria. Ahora rechaza poco por arriba y sólo roza los centros en el sector enemigo.

Su momento futbolístico quedó muy bien reflejado en el partido con la UC del miércoles pasado. Recibió la pelota en su zona, levantó la vista y metió el pase en profundidad. El balón pasó a 15 metros (o algo más) del destinatario.

Nicolás Ramírez está todavía muy tierno para que convierta en salvador de esta patria. Pero tiene condiciones.

La banda izquierda funciona mejor. Fabián Monzón estaba mostrando mejores atributos que en el primer semestre, pero se lesionó. A Jean Beausejour le costó ponerse en forma, pero se superó en los últimos partidos.

Esa línea defensiva tiene colaboradores que no han ayudado mucho. Lorenzo Reyes no ha sido el baluarte que fue en Huachipato y cuyos méritos le valieron incorporarse el fútbol español. Mantiene el despliegue, pero ha perdido claridad. Algo mejor anda Franz Schulz: muestra el mismo trajín, pero quita más y se complica menos.

El tercero en discordia es Sebastián Martínez, que parece haber dilapidado las virtudes que lo llevaron a ser considerado una de las grandes promesas del fútbol chileno. Ya no se sabe de qué juega. Ni cómo. También ha figurado Yerko Leiva, de 18 años, pero sin continuidad ni repercusión. Al final, el que lo mejor lo ha hecho en el sector medio en los dos últimos encuentros es Matías Rodríguez, cambiado oportunamente de puesto y de función.

Ataque en deuda

El volante de enlace, el encargado de imponer el ritmo, coordinar la transición y acompañar a los delanteros no está definido. Gastón Fernánde mejoró el lunes, pero hasta entonces no era fu ni fa. Ni volante ni delantero. Ni creativo ni finiquitador.

Y Gustavo Lorenzetti, que cumplió esa función durante mucho tiempo y estaba cortado por Beccacece, parece haber encontrado su segunda oportunidad. En todo caso, tampoco es un jugador que se eche el equipo al hombro. Tal vez habría que insistir con Fabián Carmona, que tiene buen trajín para corretear, adecuado fútbol para crear y notorio instinto para definir.

Comenzó muy bien Nicolás Maturana, de vuelta al nido después de un positivo paso por Palestino, pero también se lesionó pronto. Y eso contribuyó a que la banda derecha azul quedara más trizada. Los entrenadores han intentado llenar la ausencia con Juan Leiva. Pero éste no se siente cómodo ahí: es zurdo (lo que a veces es favorable) y sus características se avienen más con las de un volante.

Otro que ha corrido por esa franja es Felipe Mora. Y aquí hay que detenerse: definitivamente, lo hace mejor por el centro del área, como lo demostró en el último partido. Es rápido, oportuno y cabecea bien. Pero el ex audino deambula partidos enteros sin tocar la pelota. Nadie le da un pase decente. Todo lo que le llega es para pelearlo de espaldas o sencillamente dejar pasar el balón porque la entrega es desajustada.

Por la izquierda se movía Mario Briceño, procedente de La Serena y codiciado por los otros equipos grandes. Es un delantero de gran proyección, pero a los 20 años no está todavía a la altura de las exigencias. Le cedió el puesto a Jonathan Zacaría, que también ha subido su nivel de juego.

Atrasito está también un juvenil que rompió records de goleador en las divisiones menores y que ya debería tener su desafío grande porque ya no debería ser una simple promesa: Bryan Taiva. Puesta así las cosas, a la U sólo le queda rezar para que se mejore pronto Sebastián Ubilla.

Este análisis también lo puedes leer en el periódico Cambio 21.