La U vivió una tarde de pesadilla

El cuadro azul quedó tempranamente eliminado de la Copa Libertadores al empatar sin goles frente al Melgar peruano. El equipo de Kudelka sigue sin jugar a nada y es un canto al desorden y la impotencia. Se auguran días tormentosos si Universidad de Chile no es capaz de debutar con una victoria en el Torneo Nacional que parte este fin de semana.

El pitazo final del uruguayo Daniel Fedorczuk, que sentenció el 0 a 0 final, y marcó la tempranera eliminación de Universidad de Chile de la Copa Libertadores, provocó un intenso sentimiento de amargura y frustración en las huestes azules, que en gran número, considerando el horario del encuentro, llegaron hasta el Estadio Nacional.

Por contraste, los jugadores del Melgar, y la pequeña barra peruana que llegó hasta el recinto ñuñoíno a apoyar al cuadro de Arequipa, expresaba la desenfrenada alegría que suponía seguir en carrera en el certamen de clubes más importante de Sudamérica.

Ni el más pesimista de los hinchas de la U imaginó, de seguro, tan triste desenlace. Por el resultado, ciertamente, pero más que nada por el juego de su cuadro, que ni aún en superioridad numérica, y con la cancha absolutamente cargada hacia el arco peruano, fue capaz de imponer sus términos y vulnerar ese verdadero muro que durante todo el segundo tiempo protegió al meta Cacedas.

Fue, el equipo dirigido técnicamente por Frank Kudelka, una muestra palpable de impotencia y desorden. Debilidades que ya quedaron en evidencia en la primera etapa, pero que se hicieron intolerables cuando el Melgar, a favor de su escuálido triunfo como dueño de casa, renunció por completo a la posibilidad de atacar y, en una de esas, de dar el zarpazo. Porque en la segunda mitad del encuentro el cuadro arequipeño no sólo no tuvo la pelota, sino que además era incapaz de cruzar siquiera la mitad de la cancha.

¿Cómo fue, entonces, que con todo a favor la U no pudiera? Más allá de la presteza del fondo del Melgar para contrarrestar una y otra vez los caóticos intentos azules, hubo una dramática incapacidad del cuadro nacional. Incapacidad que determinó no sólo su eliminación de este torneo, sino que abre un inmenso paréntesis de duda acerca de lo que puede ser el papel de Universidad de Chile en las competencias caseras que le quedan por delante: el Torneo Nacional y la Copa Chile.

Jugando de esta forma, sin la más mínima elaboración y a lo que salga, la U podrá sumar muchos puntos por el peso de las individualidades que posee (ninguna maravilla, pero suficientes para el mediocre plano local), pero seguramente también dejará ir muchos, lo que anticipa un año irregular y más cerca del fracaso que del éxito.

Tarde parece haberse dado cuenta el técnico azul que, más allá de gustos personales, existen jugadores imprescindibles en el armado de cualquier equipo. Transferido Araos, retirado David Pizarro, la U carece de ese jugador capaz de manejar el equipo y mostrar el camino. Hasta Lorenzetti, de lánguida partida para los años que vistió la camiseta azul, se antojaba un jugador todavía útil para lo que juega este equipo.

Es que la U de Kudelka, hasta ahora, no juega a nada. Su elogiable ímpetu no va a parejas con el criterio. Y el corazón solo no puede funcionar adecuadamente si no va acompañado de cerebro.

Por el momento, Universidad de Chile es la suma de once voluntades dispuestas a correr y marcar pero que, llegado el momento de tener la pelota, es bien poco lo que produce. ¿Tuvo la U alguna oportunidad de gol neta, clarísima? Tal vez la del minuto 34, cuando el zaguero Aveldaño se anticipó a la defensa de Melgar en un tiro de esquina para meter el frentazo a quemarropa, encontrándose el balón con el cuerpo del arquero parado sobre la línea.

Lo demás fueron aproximaciones. Disparos de apuro fuera o dentro del área, centros para que alguien de milagro la ganara por arriba y entradas exigidas y siempre a destiempo a la caza de balones que cruzaban el área.

Nunca hubo ese pase profundo y preciso que rompe líneas y permite la entrada libre de un compañero para rematar o meter el centro atrás que tanto daño hace. Sólo Martínez lo intentó una vez, durante la primera etapa, pero su búsqueda de la entrada de Beausejor destapado se frustró al resultar el pase completamente desmedido.

Ni hablar de buscar una pared. En ese terreno no existe nada de diálogo y lo poco que se intenta queda reducido a balonazos que se transforman en un ladrillo para quien intente recepcionarlo.

¿Por qué, además, Kudelka sigue insistiendo con Henríquez? El que fuera en un momento uno de los buenos hallazgos de la U en sus series menores hoy es un jugador no sólo absolutamente impreciso, sino que además intrascendente. Jugando como lo viene haciendo, todo indica que Benegas, Campos López o el propio panameño Torres, que no es el típico hombre de área, terminarán ganándole la pulseada.

Lo más desolador de todo esto es que Melgar, más allá de su esfuerzo y el dificultoso orden defensivo que pudo mantener, cuando los jugadores azules se le venían como en malón, es un equipito más que discreto. Un cuadro que, en 90 minutos de juego, sólo fue capaz de probar una vez a Johnny Herrera con un remate desde fuera del área en la primera etapa.

Sin embargo, si Melgar es un cuadro discretito y de pocas luces, ¿qué se puede decir de Universidad de Chile, incapaz ya no sólo de volcar una llave absolutamente propicia, sino incluso de forzar la tanda de penales?

La segunda etapa de ayer hasta da para un estudio técnico de los sesudos y especialistas del fútbol. Obliga a pensar cómo es que un equipo que no tiene ninguna necesidad de defender, simplemente porque no tiene al frente atacantes que la obliguen a ello, puede dilapidar 45 minutos más 6 de descuento en una búsqueda tan estéril como falta de imaginación, capacidad y luces.

Esta triste eliminación de la U seguramente calará hondo. Augura, por lo pronto, días tormentosos. Azul-Azul le dio a Kudelka todo lo que pidió y este no ha conseguido -hasta ahora- plasmar un equipo mejor que el que él mismo desarmó.

PORMENORES

Partido de vuelta. Segunda fase de Copa Libertadores.

Estadio: Nacional.

Arbitro: Daniel Fedorczuk, de Uruguay.

Público: 35 mil espectadores, aproximadamente.

U. DE CHILE: Herrera; Rodríguez, Aveldaño, Vittor, Beausejour; Martínez, Caroca (64’ Campos López), Echeverría; Ubilla (74’ Parra), Henríquez (62’ Benegas), Torres.

MELGAR: Caceda; Carmona, Narváez, Villalba, Mifflin; Freitas, Vidales (73’ Leudo), Neyra, Arias (79’ Romero); Sánchez y Cuesta (88’ Pósito).

Tarjetas amarillas: en Universidad de Chile, Martínez; en Melgar, Caceda, Narváez, Carmona y Freitas.

Tarjeta roja: en Melgar, Freitas, a los 77 minutos, por doble amonestación.