Las obligaciones de Católica en la Copa Libertadores


Porque en nuestro país ha marcado diferencias en los últimos años, llegó el momento
para que la UC dé el salto internacional, clasificando a la siguiente fase en la Libertadores o, como mínimo, avanzando algunas rondas en la Sudamericana si es que no consigue seguir en el certamen más importante del continente.

Se podrá pensar que todo equipo con nuevo entrenador necesita rodaje, pero el caso de
la Universidad Católica parece ser una excepción, porque sus últimos dos técnicos
inmediatamente se encontraron con un plantel que respondió. Los jugadores se
amoldaron con éxito a los distintos estilos de Beñat San José primero, y de Gustavo
Quinteros después.
Ariel Holan parece ser el técnico indicado para moldear el equipo y transformarlo en un
cuadro mucho más ofensivo que el de sus antecesores, materia en la que Quinteros
aportó harto más que Beñat.
El nuevo entrenador de la UC adelantó que su dibujo partirá con un 4-3-3 o un 4-2-3-1,
replicando lo que hizo con Independiente donde confirmó el sello de fútbol ofensivo,
propuesta que fue recompensada con títulos y el agradecimiento de una hinchada que
volvió a ver al Rojo pensando más en el arco rival que en el propio.
La base de la UC será la misma de las últimas temporadas con excepción de la línea
ofensiva, donde es más probable que mejore el rendimiento porque la valla no quedó tan
alta. La ratificación de Edson Puch y la llegada de Lezcano permiten a Holan contar con
desequilibrio en los últimos metros. Si Pinares mantiene el rendimiento y si Zampedri
ratifica su condición de goleador, el cuadro de San Carlos podría tener expectativas de
hacer -por fin- un buen papel internacional. Teniendo además a un emblema capaz de
solucionar cualquier problema como el Chapa Fuenzalida, aunque aparentemente
arrancando de más atrás.
El camino comenzará el 3 de marzo, al igual que en la edición anterior, en casa del último
clasificado del grupo, que podría ser la Unión Española o la Universidad de Chile, si es que
el cuadro nacional clasificado a la ronda preliminar logra superar al Inter de Porto Alegre,
tarea que se ve más que complicada. Más bien sería una proeza que el representante
chileno, que se conocerá el sábado, deje en el camino al cuadro Colorado, que fue
eliminado en los cuartos de final de 2019, con D’Alessandro y Guerrero como principales
figuras.
El artillero peruano, en todo caso, tiene una importante oferta de Boca Juniors,
negociación que se ha dilatado más que la de Puch, aunque en el entorno del jugador

aseguran que continuará en Porto Alegre, ciudad que también alberga a otro integrante
del grupo G: Gremio.
El cuadro dirigido por Renato Gaúcho -el delantero corpulento de Brasil en Italia 90-
alcanzó las semifinales de la Libertadores del año pasado, cuando fue aplastado por el
Flamengo, verdugo de los equipos brasileros (y también argentinos).
La UC también compartió grupo con Gremio en la versión anterior del certamen, ganando
en San Carlos por la mínima y cayendo 0-2 en Porto alegre, donde Católica ha podido
sonreír, porque por los octavos de final de 2011 se impuso 2-1 con los recordados tantos
de Lucas Pratto.
A su exquisito plantel Gremio le agregó al volante Lucas Silva, que llegó del Cruzeiro y que
tuvo un discreto paso por el Real Madrid. Tardelli y especialmente Everton aparecen como
los jugadores más amenazantes del equipo del pueblo.
Católica tendrá su primer partido de local el 10 de marzo, ante América de Cali, un grande
colombiano que estuvo empantanado en el ascenso durante cinco años, para regresar a la
máxima categoría en 2017 y celebrar algo grande en 2019: al igual que la UC su estrella
número catorce.
Se trata de un rival que volverá a tener participación internacional -sin contar el debut y
despedida que tuvo en la Sudamericana 2018-. Un equipo con cuatro finales de
Libertadores (85,86, 87 y96), todas perdidas, por lo que en su país se habla de la
maldición del América de Cali, la que además arrastraba la maldición del Garabato (Urrea),
que vaticinó una prolongada sequía de títulos que duró 31 años.
El 8 de abril la UC volverá al Pascual Guerrero, estadio en el que Católica consiguió su
mayor logro internacional, cuando en 1993 alcanzó la final de la Libertadores luego de
remontar un 0-2 y terminar empatando con la pincelada de Almada, la certeza de Lunari y
la atajada de Wirth, que contuvo un penal en los descuentos.
El cuadro dirigido por Alexandre Guimarães, técnico que ha recorrido el mundo dirigiendo,
fichó a Adrián Ramos, delantero que destacó en la Bundesliga. Y también a nuestro
compatriota Rodrigo Ureña, volante que en la última temporada defendió a Cobresal.
Católica, al igual que el año pasado cuando ganó el cuadrangular de Viña del Mar, tendrá
la oportunidad de partir con el pie derecho en la temporada, esta vez con una
competencia oficial, aunque algo venida a menos por las desprolijidades que ha
presentado la Copa Chile 2019, que recién finalizará con relativa normalidad. Aunque en
una de sus llaves, precisamente la clasificatoria a la Libertadores, Unión Española anunció
que no se presentará ante la U.

La UC definirá su paso a la final de la Copa Chile el sábado, a las 18:00 horas en Temuco,
ante Colo Colo, el mejor equipo que se podría presentar para partir midiendo fuerzas,
porque se trata del principal candidato a impedir el tricampeonato de Católica, un
objetivo que en San Carlos no piensan descuidar.