Las urgentes correcciones que debiera hacer la ANFP en la estructura del INAF

No puede seguir ocurriendo que, mientras técnicos extranjeros trabajan libremente sin poseer o acreditar competencias, generaciones surgidas del Instituto Nacional del Fútbol no tengan las mismas posibilidades. Confío en que el nuevo directorio enmendará en el futuro esta evidente falencia.

Por GERARDO SILVA

En nuestra columna anterior dimos a conocer las bondades académicas que posee el Instituto Nacional del Fútbol y reconocimos sus cualidades y nivel docente de excelencia. Sin embargo, también esbozamos algunas carencias absolutamente perfectibles. Para contextualizar, debo señalar que en su momento el fútbol chileno recibió dineros importantes por parte de la FIFA, que de manera inteligente nuestras autoridades deportivas invirtieron en crear esta organización llamada INAF.

Pudieron perfectamente haberla distribuido entre sus clubes, como se acostumbra en la actualidad; según mi opinión tomaron la mejor decisión, recordemos que por esos años el presidente de la ANFP era Ricardo Abumohor. Dicho esto, quedamos claros que la ANFP; ANFA y la Federación de Fútbol de Chile son los dueños del Instituto, y por esta misma razón es que me surgen los siguientes cuestionamientos: ¿cómo es qué, durante este largo proceso formativo, haya venido tanto técnico extranjero a dirigir a las diferentes divisiones de nuestro fútbol?

La lógica indica que, si soy productor de un determinado producto, la importación se reduce y la exportación debiera crecer; sin embargo, acá ocurre todo lo contrario.  ¿Cómo puede ser posible que en dos décadas sean técnicos extranjeros los que lideran nuestros procesos selectivos nacionales?(con éxito por cierto, hay que reconocerlo). ¿Pero, qué pasa?¿No hubo un solo técnico en 20 años, que sea producto del INAF, que estuviera a la altura de un cargo de esta envergadura? Es como ser dueño de una carnicería e ir a comprar a la del vecino para hacer mi propia cazuela.

También me voy a referir a situaciones que han acontecido durante este período y que generan controversia. Nótese que, para que un técnico extranjero ejerza su profesión en Chile, debe cumplir un examen de convalidación en el Instituto. Públicamente es conocido que muchos no pasaron el examen, sin embargo, trabajaron sin mayores inconvenientes en los clubes de nuestro fútbol. Una irregularidad a todas luces, otra más del Instituto y sus dueños. ¿Saben ustedes que mientras se exigía títulos profesionales para dirigir en la Tercera División del fútbol amateur en Chile, dos integrantes del cuerpo técnico de la Selección Nacional no poseían su título profesional? Impresentable, es lo único que voy a decir al respecto. 

Existe en el Instituto una segunda modalidad de estudio, que está dirigida aquellos interesados que no hayan sido futbolistas profesionales. Son los denominados de manera despectiva como los «marcianos», porque supuestamente no tienen nada que ver con el mundo del fútbol, estudian de lunes a viernes en dos horarios alternativos y se instruyen con los mayores estándares de exigencia. Sin embargo, son muchos los que inician el proceso y muy pocos los que terminan titulándose.

Si la INAF ve en estos últimos profesionales los destinados a cubrir las necesidades  del fútbol amateur, debemos señalar que lamentablemente en la práctica no se produce, por lo que sostenidamente a lo largo de estos años el fútbol amateur no cuenta con entrenadores, solamente con gente entusiasta con vocación de servicio y con mucho gusto por el fútbol. 

Lo podemos comprobar en los campeonatos nacionales que realiza la ANFA, donde los registros lo dejan en evidencia. Y acá me quiero detener porque, como ya lo mencionamos, la ANFA también es dueña del Instituto y debiera exigir un plan especial de capacitación para los técnicos aficionados, empíricos que existen a lo largo y ancho de este país.

Es lo que necesitamos urgentemente. Miles de escuelas de fútbol funcionan sin fiscalización y no cuentan con un profesional a cargo. Desde mi punto de vista, el INAF es responsable de abastecer y fiscalizar. No cualquiera debiera tener la facultad de abrir una escuela de fútbol, pero, por favor, no les quitemos la oportunidad de cumplir su sueño, sino por el contrario: otorguémosle la capacitación para que lo puedan hacer de la mejor manera, por el bien del fútbol chileno.

Es de conocimiento público que se vienen elecciones en la ANFP y espero de manera optimista que en sus proyectos los futuros candidatos a la presidencia contemplen mejorías sustanciales para el funcionamiento de nuestro Instituto Nacional del Fútbol.