Marcelo Bielsa

Lo malo de la venida de Bielsa: imitadores que no le llegaban ni a los talones

Admirados de su profesionalismo, trabajo y conceptos, hubo muchos dirigentes que luego se dieron la tarea de buscar un “clon” del rosarino para la banca de sus respectivos equipos. Pasó que el fútbol chileno se llenó de chantas que se decían sus discípulos, provocando un daño que hasta hoy lamentamos.

Por GERARDO SILVA

Se ha escrito tanto de Marcelo Bielsa, que lo pensé mucho antes de dedicarle una columna a este señor profesional del fútbol. Más que hablar de él, quisiera detenerme en lo que provoca. Por razones obvias, es motivo de titulares y un montón de artículos que se refieren a su trabajo tan particular y único.

Voy a emitir mi opinión optimizando mi objetividad en este comentario, porque no estamos hablando de cualquier técnico; estamos hablando de un señor que dice no ser exitoso, pero que permanentemente te está mostrando el camino al éxito y sus logros son bastante más contundentes que los que ostentan otros, que tienen menos y sí se sienten ganadores.

Comprenderán que ante esta dicotomía tan controversial es muy difícil emitir una opinión que conforme a todos. Por ello, tendré que hacerme cargo de la polémica que se origine.

Me voy a remitir específicamente a lo que ha generado en Chile Marcelo Bielsa, quién llegó a nuestro país en un momento crucial para el fútbol chileno, el que se encontraba en una profunda crisis y con un modelo de gestión absolutamente distinto al que acostumbrábamos. Las sociedades anónimas estaban dirigiendo los destinos de nuestro fútbol, con todo lo bonito, lo bueno, lo feo y lo malo que esto significaba y significa para el deporte de nuestro país. 

Harold Mayne-Nicholls apostó y ganó, sin duda fue un visionario. Visitó a Marcelo Bielsa y lo convenció, y convencer a un técnico prisionero de sus ideales no es para nada fácil. Le ofreció un lugar, tiempo y espacio para desarrollar su trabajo, el hombre lo aceptó y vino a Chile ante la incredulidad de muchos. Se dedicó a trabajar y lo hizo bien, convenció a un montón de futbolistas, principalmente a aquellos que habían tenido éxito con José Sulantay en los torneos juveniles internacionales. A ellos los instruyó de tal manera que se convencieron de que tenían capacidades para ganarle a cualquier selección del mundo. Fue así cómo aparecieron jóvenes figuras emergentes que lograron creer en este hombre y entre todos definitivamente cambiarle la cara al fútbol chileno, y no sólo la cara, sino también los resultados.

Hasta ahí todo bien y perfecto, Bielsa era un ganador en Chile.

Acto seguido, la idolatría, que como todos sabemos nada bueno trae consigo, y la gratitud espontánea del pueblo chileno, que no se hizo esperar, generó presión en el ambiente. Marcelo Bielsa no sólo era un buen entrenador, sino que todo lo que hacía y decía se publicaba de manera elocuente. Se hizo tan creíble que esto que iba tan bien se acabó abruptamente. Junto con su renuncia a nuestra Selección, muy bien fundamentada por lo demás, aparecen un montón de imitadores falsos y sin ninguna similitud. 

En definitiva, se reproducen falsos profetas que decían ser igualitos al original. Los equipos chilenos comenzaron a hacer casting para elegir al doble de Marcelo Bielsa y sentarlo en el banquillo de su equipo, aunque claramente no lo consiguieron y sucumbieron en sendos fracasos. Marcelo Bielsa hay uno solo y no es imitable; sin embargo, el fútbol chileno se confundió, buscó, siguió buscando y nunca encontró.

No obstante, la selección nacional tuvo un poco más de fortuna y encontró en Jorge Sampaoli, un inteligente entrenador, que aprovechó la motivación psicológica de los jugadores y, poniendo un poquito de su cosecha, consiguió la primera Copa América para Chile. Luego, Juan Antonio Pizzi heredó el proceso e hizo lo propio.

Sin embargo, ahora que se nos acaba la generación dorada, finalmente, nos dimos cuenta de que no hay otro igual a Bielsa y tampoco tenemos recambio. ¿Qué hacemos ahora? Raya para la suma o raya para la resta, estamos en serios problemas. El fenómeno Bielsa fue demasiado extremista. Por un lado, gozamos de sus bondades y, por otro, lamentamos el aprovechamiento mediático de algunos técnicos, en su mayoría sus propios compatriotas y algunos inescrupulosos, que se pasearon por el fútbol chileno sin pena ni gloria y, lo que es más triste aún, haciendo un daño profundo a las instituciones. Perjudicaron el legado y prestigio de un tremendo profesional, que ninguna culpa tiene de que, por nuestra idiosincrasia, no hayamos entendido su verdadero mensaje. 

Varios años han pasado y él sigue mostrando categoría internacional y celebrando triunfos que hacemos nuestros. Genera cambios en sus dirigidos sin duda alguna, pero no le cambia la mentalidad a un país, de lo que particularmente tampoco tengo dudas. Esa frase: CAMBIAR LA MENTALIDAD, se instaló en Chile sin que el propio Marcelo Bielsa lo admitiera ni lo compartiera.

Mientras tanto, seguimos esperanzados en encontrar su clon, situación que sólo hace profundizar aún más lo que puede llegar a ser una nueva crisis en los clubes del fútbol chileno.

Foto: Agencia EFE.