Los errores de la Roja facilitaron el triunfo de Rumania

La irresponsabilidad de Castillo, que se ganó tempranamente la tarjeta roja, y dos malas decisiones del inexperto meta Collao, limitaron al cuadro dirigido técnicamente por Reinaldo Rueda. Es verdad que en esta parte del proceso los resultados no son tan importantes, pero las convicciones y el juego se fortalecen mucho más cuando se gana o, al menos, se empata.

Producto de sus propios errores, la nueva Roja que dirige Reinaldo Rueda cayó por 3-2 frente a Rumania en el Sportzentrum de Graz-Weinzodl, Austria, un reducto precario que no alcanza el calificativo de estadio.

Con graderías para mil 800 espectadores, aproximadamente, la Selección Nacional jugó y perdió en una cancha que bien podría servir para el entrenamiento de un equipo mundialista previo a la cita máxima, pero no para la escenificación de un duelo que, si bien no contemplaba cuadros que estarán en Rusia 2018, tenía a Chile como “top ten” a nivel mundial.

Es cierto que estos encuentros, para la Roja, no importan tanto desde el punto de vista del resultado. Pero ese “tanto” hace la diferencia. Porque por mucho que Rueda esté a la búsqueda del recambio de una generación que se extingue irremediablemente, siempre será mejor ganar o empatar que perder.

Porque es en los resultados positivos, como así también en el juego, donde se fortalecen las convicciones para seguir adelante con un proceso que debiera culminar con el Mundial de 2022, en el horno de Qatar.

En Austria, la Roja hizo todo lo posible por perder un partido que, es cierto, nunca tuvo dominado, pero en el que incluso llegar a estar en ventaja de dos goles a uno frente a un cuadro muy áspero y muy físico, pero que no demostraba ni grandes recursos, ni mucho menos talento, para imponer sus términos y someter a un equipo que, con la excepción de Medel, y en cierta medida Castillo, no puede exhibir un gran recorrido en la confrontación internacional.

Es más: varios de los que actuaron en Graz eran debutantes absolutos en una Roja que no será fácil de relevar, por la simple e indesmentible razón de que el fútbol chileno no es capaz de producir jugadores de nivel internacional con la abundancia y generosidad con que los producen Brasil, Argentina, Uruguay e, incluso, la Colombia de los últimos años.

Dicho clara y descarnadamente, no han aparecido los jugadores que se acerquen siquiera al nivel de un Bravo, de un Vidal, de un Sánchez. Ni siquiera al de un Aránguiz, de un Beausejor o de un Isla de sus mejores tiempos.

En la inevitable búsqueda, sin embargo, el técnico Rueda acertará tanto como se equivocará.

Frente a Rumania, por ejemplo, quedó claro que a Collao, el meta de la U que defiende a Cobreloa, le resta aún un largo camino que recorrer si pretende ocupar, algún día, el puesto de Bravo. No manda en el área y con los pies deja mucho que desear.

Precisamente de dos pelotazos suyos, absolutamente desmedidos, surgieron primero el gol del empate rumano y luego el tanto que significaría el triunfo de los europeos.

El bloque posterior, que sin duda gana en altura con Maripán, y esta vez Lichnovsky en lugar de Roco, desmejora claramente la salida generalmente limpia que exhibía la Roja dos veces campeona de América. Y en cuanto a los laterales, ni Díaz parece sentirse cómodo junto a la banda ni Vegas, habitual zaguero central, pudo mostrar mayor solvencia en la marca del ala derecha del ataque rumano. En cuanto a proyección ofensiva, su aporte fue mucho menor. Mejor dicho, nulo.

De medio campo hacia arriba, y considerando cómo se jugó buena parte del encuentro (en desventaja numérica), lo cierto es que no era mucho lo que se podía pedir.

Castillo, uno de los que no se podía considerar un novato absoluto en estos encuentros, cometió un error infantil e imperdonable cuando, en el minuto 29, intentando zafarse de la marca del zaguero rumano Tosca en un tiro libre, lanzó un manotazo que no pasó inadvertido para el pito austriaco.

La Roja ya caía por uno a cero cuando se produjo esa incidencia que le significó al delantero abandonar tempranamente la cancha a causa de una tarjeta roja en absoluto injustificada. Mucho menos cuando el encuentro, siendo áspero, en ningún caso era violento.

Positivo fue observar que, a pesar de la desventaja en el marcador (gol de Stanciu en el minuto 12, tras débil oposición de Vegas), la Roja no se desarmó. Sin duda le costaba todavía más prosperar en ofensiva, pero mantuvo un orden que por largos minutos le permitió disimular el hombre de menos que tenía en cancha.

De tan buena forma, que la Roja primero empató mediante gran anticipación ofensiva de Maripán para ganarle de aire a un defensor rumano tras un tiro libre servido desde la banda izquierda por Valdés (minuto 32), y luego, reanudado el segundo tiempo, hasta para pasar arriba tras un balón que Reyes porfió y ganó en el área ante Cicaldau. El disparo del volante, desde muy cerca, dejó sin opción al meta rumano Tatarusanu.

Pero hasta allí llegó esta Roja de Rueda.

En circunstancias que Rumania se había volcado en ataque, y se hacía mayoritariamente de esa pelota que hasta ahí había controlado Chile (más que aceptable el aporte de Valdés), pero sin crearse grandes ocasiones, vino la mala salida de Collao, que pretendiendo habilitar a Reyes dejó el balón en los pies de un adversario. Y con el fondo de la Roja sorprendido malparado, se produjo la veloz combinación rumana que culminó Deac con un zurdazo cruzado para establecer un transitorio empate que, dadas las condiciones, tampoco era un mal resultado.

El problema es que la Roja, a esas alturas, ya no podía tener la pelota como hasta ahí la había tenido. Y perdió más posesión aún luego que Rueda, incomprensiblemente, sacara a Medel de la cancha para dar paso a Mora. Teóricamente, es cierto, se gana en ataque, ¿pero cómo atacar sin la pelota? Menos se entiende el cambio si se considera que, aparte de lo que Medel juega y transmite, los partidos frente a Serbia y Polonia no lo tendrán de protagonista porque se va de merecidas y necesarias vacaciones.

Que el partido se ponía cuesta arriba quedó en claro cuando, al minuto de la transitoria paridad a dos, Collao repelió con la cara un remate a quemarropa de Chipciu. A esas alturas, el último testimonio ofensivo nacional se diluyó en el minuto 76, cuando Henríquez, tras pelear y ganar un balón, abrió hacia la izquierda para habilitar a Sagal y al violento centro rasante de este no llegaron ni Mora ni Bizama.

A siete minutos del final, sin embargo, Collao reiteró el error que había significado el empate rumano. Se la tiró larga a un Albornoz que sobre la raya estaba muy exigido y de esa carga rumana vino el gol que concretó cayéndose Budescu para ganarle al cierre de Lichnovsky.

Se repetía una vez más la historia. La Roja ya había caído 3 a 2 en Santiago camino al Mundial de España y perdido por el mismo marcador en Cluj, previo a la Copa Confederaciones. Esta vez, en Austria, Rumania volvía a imponerse por números idénticos.

Vale la pena reiterarlo: para el proceso de Rueda valen estos amistosos, más allá de los resultados. Sólo que siempre será mejor no perder. Porque si a una derrota se suma la certeza de que una generación como la que tuvimos difícilmente volveremos a tenerla, eso hará que el camino hacia Qatar se vuelva cada vez más escarpado y cuesta arriba.

PORMENORES
Partido amistoso internacional.
Estadio: Sportzentrum de Graz, Austria.
Arbitro: Christoper Jäger, de Austria.
Público: 2 mil espectadores, aproximadamente.
CHILE: Collao; Díaz (76’ Bizama), Lichnovsky, Maripán, Vegas (46’ Albornoz); Reyes, Medel (72’ Mora); Sagal, Valdés (84’ Martínez), Rodríguez (40’ Hénríquez); Castillo.
RUMANIA: Tatarusanu; Benzar, Nedelcearu (59’ Balasa), Sapunaru, Tosca; Cicaldau (65’ Budescu), Nedelcu (71’ Baluta); Stanciu, Gorzav (54’ Chipciu), Tucudean (74’ Puscas); Rotariu (54’ Deac).
GOLES: Para Chile, Maripán (cabeza) a los 32’ y Reyes a los 51’; para Rumania, Stanciu a los 12’, Deac a los 68’ y Budescu a los 83’.
Tarjetas amarillas: para Chile, Henríquez; para Rumania, Sapunaru, Nedelcu y Benzar.
Tarjeta roja: Castillo, a los 29’.