Los espeluznantes detalles de la acusación contra ciclista Cabrera

La doctora Stephanie Nathalie Subercaseaux refiere en su demanda contra el deportista, por violencia intrafamiliar, que éste, aparte de celarla y conseguir que pagara ella la manutención de dos hijos que el ciclista tiene de una relación anterior, la golpeaba, la pateaba y la escupía. Incluso que la forzaba a mantener relaciones sexuales no consentidas.

Por EL AGORA

Los detalles de la acusación por violencia intrafamiliar presentada por la doctora Stephanie Nathalie Subercaseaux, en contra del ciclista Antonio Cabrera, medallista de oro del deporte chileno en los Juegos Panamericanos de Perú, el año pasado, son verdaderamente impactantes.

Y es que a pesar de que en el país y el mundo se conocen día a día casos similares de violencia contra la mujer, e incluso algunos extremadamente truculentos, la demanda de la doctora Subercaseaux no deja de sorprender. Tanto por la condición profesional de la supuestamente afectada como por la calidad de deportista de alto rendimiento del acusado, y como tal representante del deporte chileno en distintos eventos internacionales.

La demanda, patrocinada por el abogado Juan Felipe Rojas Elgueda, fue presentada recién el pasado lunes 23 de marzo en el Juzgado de Familia de Santiago, por lo que el acusado Antonio Cabrera no ha sido aún notificado de las graves acusaciones que en el escrito se le hacen.

Lo cierto es que los detalles de las acusaciones de Subercaseaux, que es médico de profesión, en contra de Cabrera, son verdaderamente espeluznantes.

Todo partió, según la demandante, en el año 2011, cuando ella y Cabrera comenzaron una relación sentimental. Aclara que al comienzo fue a distancia, por vivir ella en Santiago y Antonio Cabrera en San Fernando, VI Región. Conforme dicha relación se solidificó, acordaron que cada vez que él debiera competir en la capital se quedaría en el departamento que la demandante posee en la comuna de Las Condes. Aclara Subercaseaux que del vínculo no nacieron hijos.

Agrega la demandante que “durante los primeros años de relación, la misma se desarrolló con aparente normalidad, en el marco de dos jóvenes que se encontraban forjando su camino profesional. Por una parte, quien suscribe estudiaba Medicina en la Universidad Católica, mientras que el denunciado se dedicaba profesionalmente al ciclismo y a otras actividades deportivas”. 

Sin embargo, Stephanie Nathalie Subercaseaux refiere que Cabrera, con el paso del tiempo, comenzó a ejercer sobre ella “violencia sicológica, a la que luego se unieron manifestaciones de violencia en el plano físico y sexual”. 

Agrega la demandante un hecho inusitado: que el ciclista, apelando a su precariedad económica como deportista, la manipuló de tal forma que consiguió que fuera ella quien asumiera los pagos que a él la correspondían para la manutención de dos hijos del corredor, frutos de una relación anterior.

Los celos del demandado, acusa también Subercaseaux, hicieron que ella progresivamente fuera cediendo espacios de privacidad, al punto que pronto Cabrera disponía de todas las claves de la demandante en sus redes sociales.

Agrega Stephanie Subercaseaux: “El control ejercido provocó que la conducta del denunciado fuera cada vez más violento. Inicialmente desde el plano verbal, para rápidamente mutar en conductas abusivas en el plano físico, comenzando inicialmente con forcejeos, conducta que fue rápidamente superada por golpes de puño y patadas en diversas partes de mi cuerpo. Hago presente que el denunciado acostumbraba al siguiente escenario: una vez que me reducía completamente, ponía su pie sobre mi cabeza, y escupía en mi cuerpo, como también en mi rostro. Valga indicar que las lesiones que sufrí a manos de la violencia ejercida por el denunciado provocaron que perdiera en un porcentaje importante la audición de mi oído izquierdo, situación que se mantiene hasta nuestros días”.

La relación estaba ya tan deteriorada que Subercaseaux acusa que “durante el año 2016, en circunstancias que el denunciado facilita el acceso a su correo electrónico, para gestionar una serie de solicitudes vinculadas al deporte que ejerce, adquiero conocimiento de una serie de conversaciones de alto contenido sexual que el denunciado mantenía con varias personas, lo que motivó que lo encarara, situación que generó una violenta reacción de parte del denunciado, que incluyó desde fuertes insultos hasta golpes de puño, patadas y escupitajos en mi contra, encontrándome bajo total imposibilidad de hacer frente o de responder al denunciado”.  

Sin embargo, como suele ser habitual en este tipo de malsanas relaciones, Stephanie decidió proseguir con Cabrera. Fue para peor. Refiere que, tras un lapso en que el acusado prometió cambiar, y de hecho durante un tiempo lo hizo, “luego volvió la violencia verbal, a la que se sumó el consumo indiscriminado y problemático de alcohol y drogas por parte del denunciado, quien recurrentemente llegaba al departamento completamente ebrio y drogado”, lo que motivó, según ella, una intensificación de su conducta violenta. 

Y agrega: “Así las cosas, la violencia psicológica y verbal se manifestó cada vez con más frecuencia e intensidad. De ese modo, se transformaron en habituales frases como “estás loca”, “enferma”, “perdí a mis hijos por una weona loca”, “deja de hacerte la víctima”.

Si algo faltaba, como refiere la demandante, Antonio Cabrera ejerció luego sobre ella violencia sexual, obligándola a mantener relaciones no consentidas.

El 25 de febrero pasado, sin embargo, la situación, claramente tóxica, no dio para más.

Refiere Stephanie Subercaseaux en su escrito ante los Tribunales:

La ocasión que determinó el quiebre definitivo se desarrolló en circunstancias de que logré nuevamente descubrir una serie de infidelidades por parte del denunciado, lo que motivó una agresiva respuesta de su parte, que inicialmente consistió en insultos de muy grueso calibre. En ese contexto, decido salir a la terraza de mi departamento, a fin de que el denunciado no pudiera continuar con los improperios. Sin embargo, en ese momento comenzó a tomar con fuerza mi rostro, forzándome a mirarlo mientras me hablaba y me insultaba. Así las cosas, logré salir del departamento, con destino al domicilio de mis padres, ubicado a menos de tres cuadras de mi departamento. En ese contexto, de intentar huir de mi propio departamento, no logro que el ascensor llegue a tiempo, lo que genera que el denunciado rápidamente me alcance, evitando que pueda bajar, poniéndose entre mí y el ascensor. Forcejea fuertemente conmigo, apretando mis brazos e impidiendo mi movimiento, al tiempo que continúa profiriéndome insultos y escupiendo en mi rostro. En ese contexto de máxima vulnerabilidad e irrespeto a mi integridad física y síquica, de todas formas logro huir por las escaleras del edificio, logrando llegar hasta donde está mi madre, momento en el que me derrumbo, dado el escenario de violencia que había sufrido. Hago presente que mi situación de vulnerabilidad y afectación síquica se mantienen hasta hoy”. 

Apelando a lo que dispone el artículo 5 y siguientes, de la Ley 20.066 sobre Violencia Intrafamiliar y art. 8 N.º 16, 81 y 86 y siguientes, de la Ley 19.968 sobre Tribunales de Familia, Stephanie Subercaseaux decidió llevar a los tribunales a Antonio Cabrera, como agresor.

Cabe señalar que, en su demanda, Stephanie Nathalie Subercaseaux acusa además a Cabrera de haberle sustraído diversos objetos desde su domicilio al momento de retirar sus enseres. Entre ellos, una bicicleta avaluada en más de 6 millones de pesos. Refiere que sólo los devolvió para evitar ser acusado de robo.

Que pudo conocer, además, una serie de episodios en que Cabrera fue protagonista directo de amenazas y riñas.

Antonio Cabrera ya había protagonizado un polémico episodio en la previa a su participación en los Juegos Panamericanos. El y Peñaloza, su pareja en la prueba Madison, en la que lograron vencer a potencias mundiales, como Estados Unidos y Colombia, fueron acusados de portar sustancias ilícitas y fármacos como androgel (testosterona), elemento prohibido por el reglamento antidopaje. El episodio ocurrió en Medellín, durante la recta final de preparación de los Panamericanos.

Antonio Cabrera negó tajantemente los cargos.

«Si hubiera sido verdad que portaba estas sustancias no hubiese podido competir. Sólo me encontraron algunas pastillas de clonazepam, que fueron recetadas anteriormente y tampoco eso es doping. Pasamos el control policial, había tres efectivos y nos revisaron por completo hasta las billeteras. Se imaginaron que veníamos con algo ilícito. Sólo nos querían hacer daño como deportistas», afirmó Cabrera.

Cabrera, en la oportunidad, declaró también saber muy bien quiénes estaban tras ese episodio, agregando que trabajaría con un equipo de abogados para denunciar a los autores de lo que él calificó como “una calumnia”.

Pasados los meses, sin embargo, de esa querella nunca más se supo.