Los exóticos días de Rudi Gutendorf

Menos de un año duró la gestión del extravertido entrenador alemán a cargo de la selección chilena de fútbol, pero dejó un recuerdo imborrable por sus desaciertos en las nominaciones y por intentar cambiar el juego y la mentalidad imperantes en los años 70.

Tenía 46 años cuando llegó a Chile y no había cumplido los 47 cuando ya se había ido. Le bastaron once meses para convertirse en el entrenador más exó­tico y extravertido que tenido el fútbol chileno en toda su historia.

 De ojos azules, pelo lacio, sonrisa frecuente, a  Rudi Gutendorf le gustaba presentarse como “pupilo preferido” de Sepp Herberger y Helmuth Shoen, los técnico más prestigiosos que ha tenido el fútbol alemán. Y no dejaba de comentar que había jugado por la selección de su país, aunque la biografía muestra que sólo fue volante derecho del  Neuendorf, el equipo de su ciudad natal, en el que jugó 90 partidos en seis temporadas.

Al recientemente fallecido entrenador se le recuerda en Chile por dos situaciones: la cantidad de jugadores que nominó para llegar a un equipo ideal, que era el mismo que habría formado cualquier entrenador local, y por la belleza de su esposa, polola, amante o lo que fuera la rubia que tomaba sol con las pechugas al aire en el complejo deportivo Juan Pinto Durán.

Pero esa imagen –duradera e injusta- no le hace ningún favor. Su gestión fue menos mala de lo que  todo el mundo cree.

PRIMEROS DÍAS

La culpa de todo la tuvo Fernando Riera. Nicolás Abumohor, padre del actual dueño de O’Higgins, quiso repetir el exitoso proceso del Mundial de 1962 y lo contrató para que desarrollara un plan de cuatro años, que debería culminar con la participación en el Mundial de Alemania 74.

A Chile le había ido mal en Inglaterra 66 y había quedado afuera de México 70. Era el momento de la recuperación con un trabajo serio. Y Riera comenzó su labor con renovado entusiasmo y el asentimiento general. Pero el diablo metió la cola: a poco de empezar, después de cumplir su ´primer encuentro en la banca nacional, don Fernando recibió una oferta irresistible de parte de Boca Juniors. Y dejó botada a la selección.

A cargo de la Roja quedó la dupla integrada por Raúl Pino, entrenador de Everton, y Luis Vera, técnico de Deportes Concepción. Y la Asociación Central de Fútbol (ACF), el organismo rector de entonces, se abocó a la búsqueda del DT definitivo. Pronto dio en el clavo: “Ya que el Mundial será en Alemania, traigamos un alemán”.

Por aquí cerca, en Perú, andaba Rudi Gutendorf, Antecedentes: había sido campeón con el Lucerna suizo y había dirigido con relativo éxito a la selección de Turquía, al SMS Diusburg alemán, al Saint Louis de Estados Unidos, al Shalke 04 y al Offenbach de su país y, muy recientemente, al Sporting Cristal..

Llegó una mañana de abril a Pudahuel y después del almuerzo ya estaba observando una práctica que la selección realizaba bajo las órdenes de Pino, que después sería su ayudante. En los días siguientes visitó los entrenamientos de varios equipos tanto de primera como de segunda división y los fines de semana asistía a la mayor cantidad de partidos posibles.

Tenía ganas –se notaba- de trabajar. Después de la primera presentación de los preseleccionados, un 6-1 contra el Combinado Porteño en Viña del Mar, entregó sus primeras impresiones:

«Quiero que se juegue siempre en profundidad, con velocidad y enorme voluntad.  El futbol lateral no tiene objeto. Y el que no se ajuste a esas exigencias no puede tener cabida en la Selección Nacional».

Cuando fue presentado a los jugadores en un entrenamiento que dirigió Raul Pino y que él se limitó a observar, declaró: «Busco para Chile lo ideal: un fútbol con 50 por ciento de habilidad sudamericana y el otro 50 por ciento con la fuerza del europeo. Si un jugador pierde una pelota, su misión será  recuperarla aunque que tenga que correr 50  metros».

El problema es que no conocía el medio. Y los entrenadores locales tampoco le daban mucho apoyo. Al revés, lo miraban con desconfianza. Hasta Luis Álamos le ponía la proa ladinamente: «Ahora que viene un extranjero le dan facilidades a la selección. Pero es perjudicial que haya tanta diferencia de criterio para el trabajo de la parte física».

Ocurría que  Gutendorf  pretendía darle otro ritmo a la selección y solicitaba entrenar mañana y tarde. Los clubes se oponían “porque los jugadores llegan cansados” y empezaron las mañas: los jugadores se “enfermaban” en la semana y jugaban el domingo.

BARCO SIN TIMÓN

Un mes de entrenamientos precedieron al primer encuentro en serio. Nada menos que contra la selección de Argentina. Y no estuvo mal el equipo, pese a que cayó por 4 a 3. Fue un buen apronte para lo que ya estaba encima: el Mundialito de Brasil.

Lo que confundía a los jugadores y asombraba al medio era la cantidad de jugadores que ningún entrenador nacional habría convocado y las tareas que asignaba a jugadores especialistas en algunos puestos. No podían entender que Eduardo Cortázar, gran volante, apareciera como lateral. El colmo fue cuando anunció que su ideal como lateral izqiedo era Alberto Fouillioux.

Mirado con el prisma actual no era un despropósito. Al revés: era un adelantado. A Fouillioux lo quería como una especie de Jean Beausejour, y lo de Cortázar era el equivalente a lo que ha ocurrido con Gary Medel.

Le fue bien a Chile en el Mundialito: le correspondió la serie 2 y terminó segundo después de ganar a Ecuador en el debut, perder con Portugal (que fue el ganador del grupo) y derrotar a Irlanda del Sur e Irán.

Después fue un desastre: cayó consecutivamente con México y Argentina en el Estadio Nacional y luego con Racing en Rancagua. Se desquitó después con Racing, ganó y empató con Ferrocarril Oeste y dejó una marca para la historia: el 10-1 contra la selección de Tahiti.

El problema s que se fue confundiendo cada vez más. Cuando entregó la liosta final para la Clasificatorias, no figuraban Carlos Caszely, Alfonso Lara y Juan Machuca, precisamente los únicos tres chilenos incluidos en el ranking final del Mundialito. Además, Colo Colo ya estaba haciendo historia en la Copa Libertadores y Luis Alamos le estaba dabndo lecciones de criterio y táctica. Y, por si fuera poco,no fue bien recibida la noticia de que había posado pilucho para la revista Playboy.

Lo echaron a menos de un mes de que comenzaran las Clasificatorias para el Mundial de Alemania. Y al dia siguiente de su despido, Luis Alamos asumió el mando.

Se fue Rudi Gutendorf en medio de la indiferencia general. Nadie adivinaba que al final de su carrera podría  jactarse de que había dirigido 48 equipos –entre clubes y selecciones- en los cinco continentes. Y que, por sus méritos, le iban a conceder  la Orden del Mérito de Renania-Palatinado y la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania