Universidad de Chile Campeón

Los ingredientes del campeonato: la farra blanca y el milagro azul

El torneo de Clausura terminó como menos se esperaba: con los colocolinos maldiciendo a su entrenador y los universitarios dando la vuelta olímpica. Lo interesante fue que la mayoría de los 16 equipos participantes tuvieron opción en algún momento.

En la historia de los campeones chilenos hay al menos tres equipos que no podían dar la vuelta olímpica, y la dieron: Unión San Felipe, proveniente de Segunda División, en 1971; Cobresal, el equipo con la planilla más barata, en 2015, y -ahora-Universidad de Chile.

Las sorpresas anteriores se fueron configurando de a poco. A mediados del torneo respectivo, ya aparecían como equipos sólidos. La incógnita era si podrían mantener su nivel. Con la U, a las mismas alturas, no había ninguna esperanza.

Este campeonato de Clausura -el último, por ahora, en esa modalidad-, pasará a la historia como el de la farra blanca, más que el de los méritos azules. Para la anécdota quedará que los medios ingleses hablaran de “el torneo más emocionante del mundo”. A tres fechas del epílogo, había 13 equipos con opción matemática de llegar al título, aunque escarbando un poco había que disminuir el número porque había muchos enfrentamientos entre los involucrados. De hecho, a la fecha siguiente, los candidatos no eran más de cuatro. Y a la subsiguiente todo quedaba supeditado a lo que hicieran Colo Colo y la U.

Se nombra primero a los albos porque en la víspera no tenían cómo perder la corona. Jugaba contra Antofagasta y, con el estadio Monumental lleno por primera vez en el año, no podía dejar pasar la oportunidad. Y la perdió. Para U. en cambio, que iba al invicto reducto de Rancagua, parecía imposible una victoria. Y la logró.

El desenlace se conoce: ambos ganaron su último compromiso, y se mantuvo el punto de ventaja que logró la U gracias a la aciaga maniobra del arquero Álvaro Salazar en el partido anterior.

Emocionante final, sí. Pero balance pobre para un torneo caracterizado por la irregularidad de todos los equipos, con excepción del que descendió.

MÉRITOS AZULES

El gran mérito de Universidad de Chile fue creer que podía. La llegada de Ángel Guillermo Hoyos, fue recibida con escepticismo hasta en el propio camarín. Su capitán, Johnny Herrera, confesó que los jugadores se demoraron varios partidos en creerle.

El punto de inflexión, paradójicamente, fue después de una derrota. Al caer frente a Huachipato en el estadio CAP, hubo varios del plantel que se atrevieron a vaticinar que estarían en la pelea por el título. Cumplida la tercera fecha, con dos derrotas y una victoria, y ubicada en el 13° lugar (y hasta en peligro de descenso), hubo voces optimistas, como las del arquero y David Pizarro: “Si seguimos jugando así, van a tener que cuidarse de nosotros”.

Siguieron jugando así los azules. Y de ahí en adelante, salvo el feo tropezón en San Calos de Apoquindo, ante la UC, no hubo más gestos amargos. Hasta pudo definir antes su magnífica situación si su arquero no le hubiera regalado el empate a Colo Colo.

¿Cómo hizo Hoyos para transformar una murga en un equipo sólido? Mucho trabajo sicológico, pero también mucha dedicación al trabajo práctico. Le ayudó un imprevisto: la partida de “la Gata” Fernández, un flojo consumado y egoísta. Sin él, se destapó el goleador que estaba a la sombra: Felipe Mora.

Tan importante como eso fue la recuperación defensiva. Armó un cuarteto estable Matías Rodríguez, Cristián Vilches, Gonzalo Jara y Jean Beausejour), le dio más protección a Vilches, que era un desastre, y calmó a Gonzalo Jara, que era un energúmeno. Como subieron su rendimiento los laterales, y Herrera no volvió a fallar, la defensa se convirtió en la mejor del torneo. Y la recuperación partió de atrás hacia adelante, con Lorenzo Reyes como el gran pilar y Gustavo Lorenzetti como el gran armador.

ILUSIONES ALBAS

Hasta la octava fecha, Colo Colo era una tromba: cinco triunfos, dos empates, quince goles a favor, tres en contra y gran puntero. La caída en Iquique lo sacó del primer lugar. Pero, más importante que eso, le trizó las convicciones.

Los albos ya no pudieron disimular por más tiempo la falta que les hacían Justo Villar y Matías Zaldivia, y las preocupaciones que les causaba la cojera de Julio Barroso. Y entraron en un tobogán del que no pudieron salir.

Los arqueros de repuesto fallaron ostentosamente en los encuentros decisivos y a Esteban Paredes se le mojó la pólvora hasta cuando ya no servía que la recuperara. Paulo Garcés regaló al menos cinco puntos y Salazar dilapidó dos más. Sin esas chambonadas, Colo Colo habría sido campeón muy anticipadamente. Y sin las farras de Paredes, Octavio Rivero, Andrés Vilches y el propio Jaime Valdés, tampoco se habrían producido las angustias y el vuelco.

Pablo Guede también tuvo su responsabilidad, pero no toda: se cayó con las sustituciones en el partido con Antofagasta y en la alineación frente a San Luis, pero salvó a su equipo con los cambios que hizo frente a Wanderers y Everton. En el peor de los casos, quedó empatado.

MUCHOS CANDIDATOS

La ilusión se esparció por la mayoría de los 16 equipos participantes cuando Colo Colo comenzó a flaquear. Entendieron que Iquique, ocupante provisorio del primer lugar, se distraería en la Copa Libertadores y que eso les daría chances para llegar a la cima.

Los nortinos que dirige Jaime Vera fueron candidatos de fuste por su buen juego y su efectividad, pero ocurrió lo previsto: no le dieron las fuerzas ni el plantel para cumplir bien en los dos frentes. Se despidió el título y es el único sobreviviente en el torneo mayor del fútbol sudamericano.

Otros que amenazaron con fuerza fueron O’Higgins y Unión Española. Los rancagüinos fueron imbatibles en El Teniente hasta su última presentación y los hispanos mostraron un ataque temible que bajó su rendimiento cuando no estuvo Carlos Salom.

Momentos de alegría y ambiciones tuvo Audax Italiano, que llegó a estar quinto, pero una derrota dura en casa (0-3 con la U), lo dejó desanimado. Algo similar le ocurrió a Everton, que estuvo gran parte del torneo entre los cuatro  primeros y después se desinfló. En cambio, Universidad de Concepción no alcanzó a ilusionarse, pero terminó mejor que la mayoría de los aspirantes al título.

Párrafo aparte para Universidad Católica: quiso ir por todas, y perdió pan y pedazo. En el torneo local empezó muy mal y sólo en las últimas tres fechas subió del octavo lugar. Pero nunca amenazó como posible campeón. Y en las lides internacionales partió como avión en la Copa Libertadores y terminó como bicicleta: punteó la competencia del grupo en la primera parte y terminó último y sin siquiera el premio de consuelo de participar en la Copa Sudamericana. La partida del goleador Nicolás Castillo no pudo ser disimulada por el empeño del uruguayo Santiago Silva.

En la parte inferior, el promedio devolvió a la Primera B a Cobresal, que tuvo la oportunidad de pelear un poco más si vencía Wanderers en la penúltima fecha. Los porteños empataron ese partido y, junto con condenar a su adversario, se salvaron del fatídico descenso.

San Luis, Huachipato, Antofagasta y Palestino transitaron por cuerdas flojas, pero nunca sintieron vértigo para caer el precipicio.