Los malos contra los malos

No hay dudas de que el gobierno de Sebastián Moreno en el fútbol chileno está a punto de concluir. Ya sea por una renuncia inmediata o a través de un pacto negociado para realizar una irónica “transición”, es un hecho de que el ex dirigente de Cobresal abandonará la sede de Quilín mucho antes del término del período que imponen los estatutos de la ANFP (las próximas elecciones tendrían que realizarse, según ellos, a fines de 2022).

Moreno perdió piso a través de una intriga que, seguramente, contará con más detalles en algunos años más algún periodista inquieto en un buen libro. Pero, por ahora, tenemos algunos datos. Se habla de una especie de “golpe de Estado blando”, concepto poco certero para desenmarañar este tema, porque aquí lo que hubo se define en forma más simple: fue una purga protagonizada por los malos en contra de los malos. Una especie de ajuste de cuentas de esos que se producían en los años dorados del bajo mundo neoyorkino…

Es un hecho innegable. La casta dirigencial que dirige nuestro fútbol -en esa hoguera infernal llamada Consejo de Presidentes de la ANFP- es una perfecta combinación de intereses creados que, por cierto, navegan en forma entrópica y que cada cierto tiempo se golpean entre sí, produciendo pequeñas y grandes explosiones. En esta ocasión, el cóctel fue extremadamente intenso. Por un lado, un presidente de la ANFP que llegó al cargo casi de rebote (no era el que había recibido la bendición del anterior jefe, Arturo Salah), con una carga de cuestionamientos morales más allá de lo permisible (estuvo involucrado en un confuso hecho, cuando era funcionario de Codelco) y, además, sin la mínima “muñeca” política para imponerse siquiera en la mesa que encabezaba (los miembros de ella fueron alejándose hasta dejarlo solo sobre una tabla en medio del mar).

Por el lado opuesto, el bando de los otros malos. Un conjunto liderado por representantes, empresarios de pacotilla, mercaderes que, amparados por una ley de sociedades anónimas deportivas blandengue, se han hecho de la propiedad de los clubes y, según entienden ellos, de todo lo demás que tenga que ver con el fútbol chileno. Se creen, en resumen, los dueños de la pelota.

Y claro, el choque de estos dos universos paralelos provocó la actual crisis.

Pero, seamos concretos. ¿Cuál fue la chispa que encendió la caldera? ¿En qué momento se sacó el seguro de la granada?

Hay versiones distintas.

Por el lado oficialista -o sea, del lado casi exclusivo de Sebastián Moreno- el punto de quiebre se inició hace algunos meses, cuando él y su directorio plantearon internamente la idea de crear un reglamento para impedir dos cosas: que representantes sean dueños de clubes y que nadie pueda tener la propiedad mayoritaria de más de una institución.

Eso habría hecho arder Troya, porque personajes como Raúl Delgado, Sergio Morales, Ricardo Pini y Cristián Ogalde, entre otros, serían apartados del negocio.

Desde la vereda opositora, en tanto, la razón de la crisis, aseguran, es la falta de liderazgo de Moreno, especialmente demostrada tras el estallido social de octubre. Sus adversarios dicen que el presidente de la ANFP no supo “ponerse los pantalones” frente a los jugadores y al gobierno. Y que ello se habría agudizado más cuando se enteraron de que el fútbol -es decir, ellos- debe pagarle una indemnización al CDF por no haber completado en 2019 con las fechas exigidas del torneo nacional.

¿Quién tiene razón?

La verdad importa poco. Sea como se resuelva este embrollo, el título ya está listo: a la cabeza del fútbol chileno, siguen los malos.