“Los mil días de Allende”: este jueves TVN estrena serie de cuatro capítulos

La emisión de esta serie, donde Daniel Alcaíno personifica a Pinochet, coincide con la programación en cines de “El Conde”, la muy mentada película de Pablo Larraín.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: AGENCIAS

El síntoma de los 50 años no tiene fin, como si la terrible realidad vivida pretendiera suplantar la terrible realidad en la que vivimos. La derecha, siempre negacionista, ha hecho su “lectura” del síntoma cultural del gobierno de turno. La izquierda renovada ultra representacional parece no darse cuenta de nada. En medio de la fiebre memorística que vive el país, se estrena una serie que busca retratar los mil días de Allende, de allí el título de la producción que TVN estrena esta noche de jueves (22:45).

Para que tomemos nota: la producción del canal público junto a Parox, pretende dar cuenta de la historia del gobierno de Allende, desde la campaña presidencial (la última) hasta el fatídico 11 de septiembre, en tan sólo 4 capítulos. Al parecer la elipsis cinematográfica no tiene límites. Mil días trascendentes en la historia de nuestro país resumidos en 4 capítulos en horario estelar.

Por supuesto, todo esto está en el marco de la conmemoración de los 50 años del Golpe. Bien pensado, es lo mismo: un gobierno pretende hacer, en un mes, toda la memoria posible, pero en 33 años de democracia no hemos podido hacer justicia, que es lo que la gente, el país necesita.

Alcaíno encarna a un “Pinochet, antes de Pinochet”, retruécano peligroso que hace pensar que hubo un antes y un después ético en la mentalidad de un traidor. Es curioso cómo leen a Pinochet los directores de cine, tanto Nicolás Acuña como Pablo Larraín. El primero quiere darle la chance de una conducta anterior a convertirse en un traidor y un asesino, y el otro quiere transformarlo en un vampiro que le preocupa no ser recordado como un ladrón (lo de asesino le tiene sin cuidado).

Campean las caricaturas y el doble estándar, el despropósito y el ridículo, humillante a ratos para quienes vivieron la dictadura en carne propia. Aparte, en el inconsciente colectivo chileno, Alcaíno está considerado como un personaje jocoso, es querido, sigue siendo Exequiel de “Los 80” para el común de los mortales chilensis. ¿Error de casting? ¿desafío actoral? Alcaíno-Pinochet es un binomio inverosímil. Vadell-Pinochet, por suerte, Vadell ni se molesta en actuar, simplemente hace lo mismo que ha hecho siempre. La única salvedad es que en los afiches de “El Conde” los lentes terroríficos del dictador son rosados. ¿Algún tipo de guiño?

A 50 años del Golpe, de la brutalidad que significó, la memoria que se propone parece un sucedáneo, una gragea populista de algo que como sociedad no hemos sido capaces de lograr; justicia. Mañana, en sus dispositivos, en nuestra realidad ultra neoliberal, herencia de esos 50 años, todos comentarán la serie y la película, sintiéndose politizados por haberla visto y opinarán en redes de su consumo audiovisual como si nada.

La realidad en que vivimos es la realidad que nos heredó Pinochet, los Chicago Boys y la derecha recalcitrante que prepara su retorno al poder, apelando a la sana alternancia democrática. Ni hablar de la Constitución. No se olviden de que vivimos en un país de derecha, que todas las vidas que respiran “bajo el cielo nacido tras la lluvia” son vidas de derecha, como ha subrayado bien la académica argentina Silvia Schwarzböck. Que el gobierno de turno es un gobierno que responde a la política identitaria y no a la política distributiva (Nancy Fraser), etc.

Por último, en la serie de TVN Alfredo Castro interpreta a Allende, y Benjamín Vicuña, sí, lean bien, ¡Benjamín Vicuña interpreta a Fidel Castro!