Los nefastos “expertos” que posee el fútbol chileno

Mayormente ex jugadores copando los paneles especializados de la radio y la televisión, no pueden desligarse de su pasado. En lugar de comentar y criticar, cuando corresponde, optan, con ligeras excepciones, por una defensa corporativa que los transforma en simples publicistas de un fútbol mediocre cuando no en desembozados alcahuetes.

Por Eduardo Bruna

Cuando se conoció la conformación de los grupos de la Copa Libertadores, como es usual y lógico el periodismo nacional comenzó a desarrollar todo tipo de conjeturas acerca de las posibilidades de nuestros representativos en el torneo de clubes más importante de Sudamérica. Y como es usual y lógico, además, considerando que los paneles de los principales programas de radio y televisión se encuentran plagados de ex futbolistas, la conclusión fue que, si bien la U la iba a tener difícil para superar el escollo que significaba Inter de Porto Alegre, y lo de Palestino era toda una incógnita, no había que desechar ilusiones acerca de lo que pudieran lograr Universidad Católica, sólido bicampeón del fútbol chileno, y Colo Colo, sembrado en un grupo que nuestros expertos calificaron como “absolutamente accesible”.

Que el elenco universitario no viniera dando para nada el ancho en el plano internacional, y que Colo Colo fuera a todas luces un equipito, no significaron obstáculo alguno para los más optimistas y hasta delirantes cálculos de nuestros “entendidos”, siempre generosos y bien dispuestos para ver calidad allí donde no la hay y hasta descubrir talento donde este escasea como el uranio.

Imposibilitados de olvidar su pasado como ex jugadores, no pueden dejar en el olvido, sin embargo, lo mal que la pasaron cuando, incluso existiendo en este país un periodismo blandengue y considerado, se ganaron la livianita aunque merecida crítica por un esporádico mal desempeño. Y como ahora son ellos los que tienen la sartén por el mango, al parecer pretenden reparar la injusticia de pretéritas épocas encontrando buenos a la inmensa mayoría de los futbolistas de nuestro campeonato. O, al menos, mucho mejores de lo que realmente son.

Se da, además, el caso que los partidos de nuestra franciscana competencia casi nunca son calificados como realmente lo son: claramente malos. Por ahí, para no aparecer ni tan ignorantes ni comprometidos con el negocio, pueden ser “discretos” o “poco entretenidos”. ¿Pero malos? ¡Las pinzas…!

Puede entenderse eso tratándose de relatores, noteros y comentaristas del Canal del Fútbol. Después de todo, la estación se dedica a eso. Y no vamos a pretender que ellos mismos apedreen la programación que ofrecen. Es como nuestros canales de la televisión abierta, que dan vuelta el año con programas de viajes, comidas y bolseos y concursos idiotas en medio de teleseries ridículas e insufribles, pero que en su parrilla son presentados como la oferta de entretención más ingeniosa del mundo.

Quiero decir que ustedes, muchachos ex jugadores, le han hecho un flaco favor al fútbol nacional. Un eufemismo para no decir derechamente que, al final de cuentas, y con una que otra excepción que no hace más que confirmar la regla, han resultado nefastos. Porque en lugar de comentaristas se transforman en publicistas. Porque en lugar de críticos son unos incorregibles alcahuetes.

Semanas atrás me recorrió un escalofrío cuando un relator, para referirse a Javier Parraguez, delantero de Colo Colo que formaba como titular frente a Cobresal, en El Salvador, lo calificó como “El incomparable” Parraguez. ¿Qué quisiste decir, zopenco? ¿Acaso nunca te enteraste de que en la historia del “Cacique” en ese puesto se han desempeñado jugadores notables? Nadie te pide que descalifiques al muchacho, que se nota honesto y esforzado y demás que podría (como ha sido) ser figura en otro lado, pero no me vengas con ese término que supone un nivel de excelencia que no existe.

Te recuerdo otra, relator publicista: cuando de Boris Sagredo, muchacho surgido de Colo Colo y que luego jugó por San Luis, dijiste que poseía “una zurdita maravillosa”. O sea, si por esas cosas de la vida hubieras tenido la fortuna de relatar fútbol internacional, ¿de qué modo habrías calificado la zurda de Maradona, de Messi, de Bale y de Roberto Carlos, entre otros?

Tal vez por eso no me sorprendió para nada las cuentas alegres que se sacaron en los paneles de radio y televisión previo a estos confrontes coperos que, dicho sea de paso, nos devolvieron violentamente a nuestra cruda realidad. Acostumbrados a ver méritos allí donde no existen, y tal vez alentados por satisfactorios resultados obtenidos por nuestros clubes en una competencia de tono menor, como la Copa Sudamericana, Universidad Católica según ellos lo tenía todo para hacer un buen papel en Porto Alegre y Colo Colo -pese a su paupérrima campaña a nivel casero- disponía de la gran posibilidad de superar la crisis frente al Wilstermann y traerse los tres puntos desde Cochabamba.

¿Dónde la vieron, muchachos? El campeón chileno, por más legítimo que sea, no pasa de ser un equipo de pijama en el plano internacional. Y es que no es nunca el mejor: simplemente es el menos malo de todos. Y en cuanto a Colo Colo, sobrevalorado hasta el paroxismo, ¿qué posibilidades podía tener en Bolivia incluso ante un rival más que discreto si en la competencia nuestra es incapaz de superar incluso a adversarios más discretos que el Wilstermann?

Como sea, de Universidad Católica todavía es posible esperar algo. Que, al menos en San Carlos, deje algunos puntos en casa. Después de todo, tiene jugadores bastante potables y un sistema de juego aceitado y aprendido. Pero de Colo Colo, desgraciadamente, no puede esperarse nada. Porque si ya el año pasado fue un desastre, que contribuyó a atenuar sólo el prematuro y abrupto fin de campeonato, esta vez, aparte de seguir jugando a nada, ni siquiera tiene individualidades tras las cuales sustentar un eventual milagro.

¿A qué puede aspirar un equipo de veteranos, “canteranos” sin ningún futuro y jugadores claramente inflados por la condescendiente crítica de los “expertos”? Simplemente a nada, como no sea salvarse de papelones lapidarios. A lo mejor no frente a Peñarol jugando en el Monumental, entre otras cosas porque, por esas extrañas coincidencias de la vida, los cuadros uruguayos más renombrados, me refiero al propio Peñarol y Nacional, dejaron de ser “cucos” y competitivos en cuanto se determinó el control antidoping para los encuentros coperos; pero frente al Paranaense, acá y con mayor razón allá, el “Cacique” tiene todos los visos de llevarse una boleta tan inolvidable como dolorosa.

De cualquier modo, estoy preparado desde ya para escuchar los cálculos menos sombríos de nuestros expertos en fútbol devenidos en comentaristas y comunicadores. Ni hablar si este sábado, también por esas cosas de la vida, Colo Colo consigue el milagro y logra sumar de a tres en La Portada. ¿Por qué no? Después de todo, Deportes La Serena también ha demostrado con su campaña que es un equipito de tres chauchas.

Como según los ex futbolistas y expertos “Colo Colo tiene uno de los mejores planteles del fútbol chileno”, parece ser sólo falencia de un director técnico capacitado. A lo mejor es problema del “dibujo táctico”, del “rombo” en lugar del “cuadrado”, de los “relevos”, de las “transiciones” que no son todo lo rápidas que debieran ser, de que no ha encontrado a ese “volante mixto que haga jugar al equipo, produzca el equilibrio y maneje los tiempos”.

Confieso que, cuando los escucho, quedo tan embobado como perplejo. Pero de todo ese meta lenguaje tan alambicado como especializado, confieso que con eso de los “volantes mixtos” simplemente me matan.

¿Qué diablos significa eso? ¿Que hay pataduras que sólo están para romper y quitar, pero no saben qué hacer luego con la pelota? ¿Que hay otros que son una delicia pasándola, pero que jamás le van a quitar el balón a ningún rival? Esos, de acuerdo al revolucionario concepto, en un fútbol de verdad, muchachos, simplemente no existen. Es más: no podrían existir. En suma, todo volante de primera serie está obligado, por la simple dinámica del juego actual, a aparecer en las dos.

¿Se imaginan ustedes a un representante de jugadores tratando de meter en Europa a uno de sus pupilos y que en un rapto de sinceridad les dijera “el muchacho es bueno, ¿eh?, pero no es mixto”? No me imagino al dirigente o técnico de ese club X replicando: “¿y cuál de las dos hace?”.

Me tienen podrido con eso de los “volantes mixtos”. Y, por cierto, con toda esa verborrea que sólo pretende ocultar una verdad que es única e irrebatible: más allá del técnico, más allá de los esquemas, más allá de las estrategias y los movimientos tácticos, el fútbol se gana jugándolo bien. Y eso se consigue con buenos jugadores. No con tipos que no saben parar una pelota, que no saben darle, que equivocan pases a diez metros o menos y son absolutamente incapaces de prosperar en una gambeta, por más terreno libre que tengan para intentarla.

No con los actuales jugadores de Colo Colo, incapaces de hacer una pared en un ascensor.

Pero al parecer esto de inflar caballos cojos no es sólo conducta nacional.

En la transmisión de Fox del partido Wilsterman-Colo Colo el relator nombraba al comentarista como “Bambino”, por lo que sospecho que se trataba del “Bambino” Veira (Héctor Rodolfo, que en Chile actuó por la U). Ocurre que este “Bambino”, que no salió nunca en pantalla, aunque igual no habría servido de nada, porque se ha operado tantas veces la cara que ya se parece al “Chino” Ríos mientras que el “Chino” cada día se parece más a él, dijo, para referirse a las cachañas insulsas de Bolados que “el muchacho es una fábrica de gambetas”.

Por favor, “Bambino”… Tuviste la suerte de ver jugar a Houseman, al Mencho Balbuena, a Bertoni, a Ramón Medina Bello, al “Turco” García, ¿y nos querís engrupir con las “gambetas” de Bolados?

¡Andaaaaaa…!