Macri y Piñera, o la fragilidad de la memoria

Hace 13 años, el Presidente chileno necesitó de su par argentino para cimentar su popularidad y poder cruzar el umbral de La Moneda. Días atrás, la debacle electoral de su amigo lo hizo distanciarse todo lo que pudo. Muy lejos en el tiempo quedó el mediático acuerdo de colaboración entre Boca Juniors y Colo Colo que dejó más réditos políticos que deportivos.  

Corría octubre de 2006. Para ambos eran otros tiempos. Mejores.

Desde el control de Boca Juniors y Colo Colo, respectivamente, Mauricio Macri y Sebastián Piñera remachaban sus catapultas para llegar a la cima de sus carreras políticas.

El argentino, genuino fanático xeneize, estaba a casi un año de llegar al Gobierno de Buenos Aires, donde asentó su poderío que lo llevaría a la Casa Rosada en el año 2015.

El chileno, hincha natural cruzado y albo por conveniencia, como lo dejaría en claro su hermano, “El Negro”, empezaba a pavimentar su carrera hacia La Moneda, a la que llegó por primera vez en marzo de 2010.

El momento era propicio: Colo Colo estaba a punto de alcanzar la final de la Copa Sudamericana y todo el país se rendía ante el espectacular juego del equipo del “Bichi” Borghi.

Fue entonces cuando Piñera recibió el mejor de los espaldarazos de su amigo trasandino: un acuerdo de cooperación entre Boca Juniors y Blanco&Negro suscrito con amplia repercusión mediática en el Estadio Monumental el 30 de octubre de ese año, que debía durar un lustro.

En rigor, por los albos el firmante fue el entonces presidente de la concesionaria, Cristián Varela, uno de los 77 jóvenes que homenajearon a Pinochet en el ritual de Chacarillas en 1977. Pero el que se robó la película fue Piñera, quien se trató de tú a tú con Macri y posó para las cámaras luciendo la camiseta de Colo Colo.

Dada la disímil estatura de ambos clubes, quedaba implícito que el acuerdo de cooperación era más bien unidireccional, de Buenos Aires a Santiago. Poco podía aportar el club albo al boquense en envío de promesas juveniles, estrategias de merchandising o remodelación de estadios.

No por nada el escenario escogido fue la sede de la institución “favorecida”.

Los palmoteos, sonrisas y frases de buena crianza fueron abundantes.

Macri era el rockstar. Llevaba 11 años al frente de Boca y su palmarés incluía, solo en el plano internacional, tres copas Libertadores, dos copas Sudamericana y dos Recopa.

Por eso, desde un pedestal superior, dijo cosas como “vemos seriedad (en Colo Colo). Nosotros hemos firmado convenios de colaboración y de intercambio de juveniles con otros equipos del mundo cuando vemos que hay seriedad y ganas de trabajar como corresponde, y que a Boca lo puede beneficiar el intercambio de un juvenil que refuerce las fuerzas básicas o de algún jugador profesional».

No contento con eso, agregó que con el acuerdo esperaba ayudar a que Colo Colo «siga creciendo».

Y remató alabando a la entonces administración de Blanco&Negro: “Es un club muy popular, hoy tiene una nueva gestión moderna, que posee ambiciones importantes de poner a Colo Colo no sólo en el liderazgo del fútbol chileno sino también sudamericano, así que esperemos acompañarlos en ese camino hasta un segundito antes, para que queden debajo de Boca».

Varela, a su turno, sinceró el acuerdo comercial: «Básicamente, pretende abarcar las áreas del fútbol joven, que es tan importante tanto para el desarrollo institucional nuestro aquí en Chile, como lo ha demostrado que es para Boca Juniors en Argentina; formas de complementación en el fútbol profesional; y en materia de políticas y prácticas comerciales, donde Boca nos lleva mucha ventaja, ya que llevan años desarrollando esta área de negocios, y con mucho éxito».

Desde afuera, nadie se preocupó de hacerle seguimiento al desarrollo del acuerdo. Ni cuáles fueron sus resultados al cabo de sus cinco años de duración. Pero basta comprobar que ningún juvenil cruzó la cordillera, en ninguno de sus sentidos, y que recién ahora Blanco&Negro ha decidido remodelar el Monumental, para suponer que todo fue más bien un gesto de Macri a Piñera, traspasándole un prestigio deportivo que el actual Presidente chileno buscaba entonces con denuedo para vincularse con la fanaticada alba, la más numerosa de nuestro fútbol.

Sonrisas y abrazos de los que al cabo de 13 años queda poco.

Macri ni soñaba entonces con la aplastante derrota electoral que días atrás le propinó el peronismo y que lo obligó a hacer ofertones como subir el salario mínimo y quitar el IVA a varios productos básicos para tener una mínima esperanza de mantenerse en el Gobierno en los comicios definitivos de fin de año.

Y Piñera tampoco imaginaba que tendría que salir de inmediato a tratar de separar aguas de su amigo, marcando las diferencias que pueden ayudarlo a no salir salpicado ni seguir bajando en las encuestas.Tanto como Macri, él sabe que negocios son negocios. Y quiere seguir jugando en Primera. Macri, en cambio, está a punto de irse a Segunda.