Macron “acusa recibo” de la ira del pueblo, pero dice que la crisis debe terminar

El presidente de Francia invitó a “dar vuelta la página”, pero los franceses reaccionaron con un masivo e intenso “cacerolazo”.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: TWITTER

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, dio por zanjada la crisis producida por su polémica reforma al sistema de pensiones, y aunque reconoció que la medida “evidentemente no ha sido aceptada”, reafirmó que “era necesaria” y solicitó que termine la ira de los franceses.

Tras haber recibido el apoyo del Consejo Constitucional y promulgar la ley el pasado sábado, se dirigió al país en una cadena de televisión, y en 15 minutos admitió que “no ha habido consenso sobre la ley”, y que “nadie puede permanecer sordo a esta reivindicación de justicia social”, por lo que hizo un llamado a los sindicatos a negociar “un nuevo pacto social” y fijó un plazo de 100 días para sanar el país después de las protestas.

“He propuesto recibir el martes a los sindicatos y la puerta estará abierta, para abrir sin ningún tabú una serie de negociaciones sobre los temas esenciales: mejorar las remuneraciones, el reparto de la riqueza y la mejora de las condiciones de trabajo”.

Macron destacó las buenas cifras de empleo, de la reindustrialización del país, y marcó el nuevo rumbo de su mandato: educación, justicia y progreso: “Esos son los grandes objetivos para la nación y por eso solicito la fuerza y acción de todos: fuerzas políticas, sindicatos, para formar coaliciones y alianzas nuevas”.

Dijo que hará un nuevo balance el próximo 14 de julio: “Tenemos por delante 100 días de calma, de ambición y acción por el servicio de Francia”, afirmó.

El mensaje fue recibido con manifestaciones en todo el país que dejaron claro -a ritmo de cacerolazos- que no estaban dispuestos a escucharlo, como él no los escuchó a ellos con la reforma de la edad de jubilación.

Porque los analistas insisten en que, aunque él quiere pasar página, no está claro que el país quiera hacerlo: mientras hablaba, en el ayuntamiento de París y en otras ciudades se celebraba un intenso “caceroleo”, y grupos de manifestantes se reunieron de manera espontánea en distintas ciudades del país.

Los sindicatos dejaron también claro que la protesta en la calle no se detendrá y ya han convocado a una gran movilización el 1 de mayo, coincidiendo con la manifestación del Día del Trabajo.

El presidente había invitado a los sindicatos a reunirse este martes en el Elíseo, pero los sindicalistas han declinado su invitación.