Maestro del suspenso: a 124 años del nacimiento de Alfred Hitchcock

Celebramos el natalicio de uno de los cineastas más conocidos y que más aportó al desarrollo del séptimo arte. Queremos destacar su presencia en una cultura que ayudó a moldear.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Alfred Hitchcock nació un 13 de agosto en Londres en el departamento del segundo piso de la tienda de abarrotes que tenían sus padres en Leytonstone, al noreste de la capital inglesa. De ascendencia irlandesa, fue educado en el catolicismo y estudió en el colegio San Ignacio de su ciudad, de donde no tuvo los mejores recuerdos, como le contara en una entrevista a Oriana Fallaci.

En el libro “El cine según Hitchcock”, de Truffaut, cuenta que a los 16 años descubrió la obra de Edgar Allan Poe y que siempre había pensado que tal vez terminó dedicándose al suspenso gracias a la impresión que produjo en él la tensión y los ambientes en las historias del clásico escritor norteamericano. Después seguiría leyendo a John Buchan, G.K. Chesterton y a Gustave Flaubert.

Ya hacia los 18 años sus grandes habilidades para el dibujo y sus clases de arte le permitieron un traslado al departamento de publicidad de Henley´s, donde ilustraba anuncios publicitarios, considerando que ese trabajo le acercaba al cine. También quiso enrolarse en el ejército para participar de la Primera Guerra Mundial, pero no fue reclutado por no estar apto para el servicio.

Después se inicia en el cine gracias a la productora estadounidense Famous Players-Lasky, participando de las once películas que realizaron entre los años 1920 y 1922 (annus mirabilis). Su primer período cinematográfico lo marca el acuerdo con Emelka, en Múnich, Alemania. Con ellos rodó su primera película, “The Pleasure Garden”. Esta cinta cuenta con dos actrices del cine mudo: Virginia Valli y Carmelita Geraghty.

De allí en más, se comienza a preparar lo que el mundo conoce hoy como el suspenso hitchcockiano, el sello del cineasta británico. La película “The Lodger”: una historia sobre la neblina de Londres, sería el arranque personalísimo de uno de los artistas más conocidos a nivel mundial. Más adelante conseguiría un contrato con British International Pictures (BIP), filmando así “The Farmer´s Wife” y “Champagne”, que hoy se podría ver en clave mujer emancipada, a su vez fue una película hecha para promover la carrera de Betty Balfour. 

Después vendría el salto del cine mudo al cine sonoro con el clásico filme “Blackmail”, primer largometraje sonoro británico. La película termina con una escena en el Museo Británico, generando así uno de los primeros ejemplos de lo que se conoce como el típico clímax hitchcockiano. Con los años, en el mismo libro de Truffaut, Hitchcock señalaría lo siguiente: “Con el advenimiento del cine sonoro, el cine se estancó bruscamente en una forma teatral […] El resultado es la pérdida del estilo cinematográfico y la pérdida también de toda fantasía”.

El éxito internacional le llegaría con “El hombre que sabía demasiado”, de 1934, cuyo guion es notable sobre todo por el vuelco que da el viaje familiar. Esta película le ayudaría a restablecer su reputación en el Reino Unido, donde tenía varios detractores que criticaban su trabajo. Posteriormente, con “Los treinta y nueve escalones” comenzó a recibir propuestas de productoras hollywoodenses, lo que marcaría su carrera para siempre.

Mucho se ha hablado de la misoginia del cineasta, pero también es justo rescatar un hecho particular dentro de su producción cinematográfica: Joan Harrison fue la primera mujer nominada a los Oscar en 1941, gracias a sus guiones de “Foreign Correspondent” y a “Rebecca”, ambas dirigidas por el Hitchcock.

La vida de Hitchcock tanto como su filmografía son tan bastas que hacen un juego de espejos. Su presencia hoy sigue siendo magnánima; sus aportes en términos técnicos son incalculables, además de la cantidad de películas que dirigió y en las que trabajó. 

Hitchcock, fallecido en 1980, terminó siendo más que un director de cine, sobre todo porque hizo del terror o suspenso una suerte de metonimia del cine, como si toda película fuera algo terrorífico, cercano a lo que alguna vez señaló Aronofsky: toda película donde haya seres humanos es una película de terror. Al parecer, Hitchcock entendió esto muchos años antes.