Magallanes encontró en la agonía el motivo para seguir soñando: 1-1

Superado en gran parte del encuentro, la “Academia” supo que su fútbol fluido y bien coordinado en estas instancias no basta para ganar. Se trata de tener “punch” en el área rival.

Por EDUARDO BRUNA / Fotos: PHOTOSPORT

Parecía escrito que el sueño terminaba. Que el Independiente de Medellín había sido mejor y daba, con el triunfo por la mínima que estaba consiguiendo, un paso gigante para meterse en la fase de grupos de la Copa Libertadores, con todo lo que ello significa deportiva como económicamente. Pero Magallanes, que en los últimos tiempos ha protagonizado más de una epopeya, jamás perdió la fe y, he aquí que en el último minuto de los cinco que dio de adición el árbitro, encontró una paridad que no alcanza para disimular su inferioridad, pero le sirve para mantenerse invicto en la competencia internacional y seguir soñando –por qué no-, con nuevas hazañas.

Es que ya, de verdad, no quedaba nada. La última oportunidad parecía haberse diluido un minuto antes, cuando un centro pasado de Zapata sorprendió ingresando a Aránguiz por la otra banda, completamente destapado. Su remate, muy elevado, se antojó la última ficha del cuadro albiceleste. Sin embargo, cuando el juez peruano ya miraba su reloj, y se aprestaba a decretar el final, el recién ingresado Simón Contreras metió el centro frente al cual el fondo colombiano cometió el único error del encuentro, porque ningún defensor se percató de que Zapata picaba hacia el centro para anticiparlos y meter el cabezazo que fue, obviamente, fervorosamente festejado en la cancha, en la banca y en las tribunas.

Visto lo sucedido en este partido en Rancagua, los argumentos de uno y otro no permiten ser muy optimistas acerca de la real opción de Magallanes. Tuvo mucho la pelota, es cierto, y cada jugador albiceleste (salvo Piñero), generalmente encontraba en un compañero la prolongación de la jugada. Pero ese juego, ordenadito y fluido, sólo servía para llegar hasta el área, porque en ese sector claramente faltaba lo que se necesita para poder ganar. En otras palabras, el fútbol albiceleste se diluía una y otra vez, porque no había capacidad de desborde y poco se atrevían a tomar la responsabilidad de tirar al arco desde fuera del área. Por alto, además, los colombianos ganaban siempre.

Es más: atacando muy poco, más preocupados de mantener a raya el rival, fue el cuadro colombiano el que tuvo dos oportunidades clarísimas durante esa primera etapa. Sólo que el meta Rodríguez, al cabo la figura de su equipo y del partido, evitó el gol que parecía inminente con dos atajadas soberbias.

Fue como que el elenco colombiano entendió que era hora de jugar más en campo rival que en el propio. Ya el toque albiceleste no era tan permanente ni fluido. Los colombianos apretaron más la marca y tradujeron esa mayor posesión de balón en aproximaciones y dos o tres oportunidades de gol más que claras. Con menos pases y elaboración, su fútbol era más directo. Dicho claramente, conforme avanzaba la segunda etapa quedaba la sensación de que Magallanes, gracias a la faena de su arquero y a la inoperancia del centro delantero Pons, la estaba sacando más que barata.

Sólo que Gustavo Rodríguez no podía estar salvando a su arco a cada rato de la caída que parecía inminente. Y, efectivamente, restando todavía veinte minutos de partido, el meta “carabelero” tuvo que claudicar, más allá de que, en primera instancia, hubiese vuelto a salvar a su cuadro.

Como decíamos, más allá de esta patriada, de este empate en la agonía y del esfuerzo máximo que están haciendo sus jugadores para no desentonar en este ámbito superior, queda la dura sensación de que la próxima semana, en el “Atanasio Girardot” de Medellín, la Academia tendrá que ir pensando sólo en la Copa Sudamericana.

Para competir en una Copa Libertadores se requieren más argumentos, más plantel y mejores jugadores para tener alguna opción y competir de mejor manera.

Cuando el partido ya terminaba, el colombiano Yorman Zapata marcó el empate que mantiene vivo a Magallanes en la Libertadores.

PORMENORES

Copa Libertadores, tercera fase, partido de ida.

Estadio: El Teniente, de Rancagua.

Público: 6 mil espectadores, aproximadamente.

Árbitro: Kevin Ortega, de Perú.

Magallanes (1): G. Rodríguez; M. Filla, C. Vilches, F. Piñero, F. Espinoza; C. Villanueva, C. Cortés, T. Aránguiz; T. Jones, F. Flores, J. Alfaro. DT: Nicolás Núñez. Cambios: 57’, Y. Zapata por Alfaro y C. Jorquera por Villanueva; 71’, F. Cadenazzi por Jones; 78’, S. Contreras por Flores y A. Canales por Filla.

Independiente de Medellín (1): A. Marmolejo; J. Monroy, A. Cadavid, V. Moreno, Y. Gómez; A. Ricaurte, D. Torres, M. Monsalve; E. Valencia, L. Pons y E. Batalla. DT: David González. Cambios: 33’, D. Londoño por Gómez; 65’, J. Cabezas por Monsalve; 83’ A. Alvarado por Ricaurte, E. Cetré por Valencia y D. Quiñones por Batalla.

Goles: 70’, Emerson Batalla (DIM); 90+4’, Yorman Zapata, cabezazo (M).

Tarjetas amarillas: Filla y Zapata (M); Marmolejo, Monsalve, Batalla y Valencia (DIM).