Maturana y Beausejour: saludables excepciones

Elegido la figura del partido entre la U. de Concepción y Antofagasta, el “Nico” prefirió tocar un tema relevante en lugar de mandarle un saludo a parientes y amigos: pidió que las eléctricas y el gobierno no nos vacunen ahora con medidores de luz que, en lugar de “inteligentes”, son claramente “vivarachos”. El muchacho, al igual que el lateral azul, demostró que piensa, algo que no puede sino calificarse como reconfortante en un medio tan superficial.

Elegido la figura del duelo Universidad de Concepción-Deportes Antofagasta, Nicolás Maturana anotó frente a las cámaras del Canal del Fútbol ese gol que en la cancha se le había negado. “Espero -dijo- que el gobierno no les cobre los medidores de luz a los viejitos, a la gente pobre de este país”.

El primer desconcertado con la salida de Maturana fue, obviamente, el reportero que lo entrevistaba en la cancha, apenas concluido el partido. Sin duda esperaba que el ahora jugador penquista, como la inmensa mayoría de sus pares, aprovechara la posibilidad de enviar un saludo a “la tía Eulogia, que siempre me está apoyando, a mi compadre Lucho, que me conoce desde chiquitito y que siempre creyó en mis condiciones, y a los cabros de la pobla”.

Pero el Nico Maturana, que ha tenido todo un renacer futbolístico tras su opaco paso por Colo Colo, donde tuvo muy pocas oportunidades de jugar, rompió todo protocolo, demostrando de paso que, aunque la mayoría de los jugadores de fútbol son unos cabeza de pelota que viven preocupados únicamente del auto de moda o del último modelo de celular, existen todavía unas pocas excepciones que se niegan a habitar etéreamente ese mundo de fantasía y nos demuestran que también son capaces de pensar.

Pero así como la inmensa mayoría de este país, ya demasiado harta de abusos y todo tipo de tropelías, reaccionó con simpatía a las declaraciones del “Nico”, hubo quienes a los que sus dichos no agradaron para nada. Como el presidente de la Universidad de Concepción, Mario Rodríguez, quien estimó que “los futbolistas son libres, pero cuando te dan la oportunidad de mandar un saludo, no corresponde hacer ese tipo de declaraciones”, agregando: “tal vez en otra instancia, pero este no era el momento”.

Habría que preguntarle a este dirigente, que además es un académico destacado de la principal casa de estudios penquistas, cuál sería ese momento. Sobre todo en un país donde, si no fuera por unos pocos medios independientes, bastante tibiecitos, por lo demás, y redes sociales que han demostrado ser muy poderosas, el ciudadano común prácticamente no tiene voz.

Como fue claro que Maturana más de un raspacacho se iba a llevar de parte de sus directivos, y en una de esas hasta una sanción de esas que nunca trascienden para no seguir alimentando la polémica, afortunadamente en su auxilio surgió primeramente Germán Lanaro, zaguero de Universidad Católica, y luego el Sindicato de Futbolistas Profesionales (Sifup), encabezado por Gamadiel García.

Mientras Lanaro dijo que “está bueno que se empiece a decir lo que pasa en el país y se dé una mano para que algunos tomen conciencia”, el gremio de futbolistas señaló a través de sus redes sociales que “nos cuesta y nos duele entender la actitud de los dirigentes de la Universidad de Concepción. El momento o las circunstancias jamás deben ser impedimento para levantar la voz, sobre todo cuando existe conciencia social. La cultura y el deporte son relevantes en el presente y futuro de Chile”.

El problema para los borreguitos del sistema es que, al momento de enfrentar las cámaras, Maturana demostró que, más allá del mundo de Bilz y Pap en el que le corresponde desenvolverse, él sí tiene conciencia social. Y no sólo la tiene, sino que la expresa, aunque en su afán se lleve más de un tirón de orejas y se gane el desdén de aquellos que, por descalificar cualquier cosa que ponga en peligro sus irritantes privilegios, piensen que conciencia social es lo más parecido al resentimiento.

Por lo demás, ¿qué tanta alharaca, cuando el bueno del “Nico” hasta se quedó corto en la expresión de sus deseos? Porque se refirió exclusivamente a los pobres y a esos viejitos que, producto de pensiones miserables y vergonzosas, difícilmente llegan a fin de mes parando la olla, en circunstancias que el negocio de los nuevos medidores nos vacuna, una vez más, a todos.

Es decir, tanto a aquellos descritos por Maturana, como a eso que en este país se define eufemísticamente como “clase media”. Una clase media (¿no sería mejor hablar de “capas medias”?) que no sólo tiene que rascarse con sus propias uñas, sino que debe hacer malabares para estirar como chicle la poca plata con que cuenta para alimentarse, vestirse, pagar los servicios y, no pocas veces, endeudarse hasta el tuétano para intentar darles a los hijos una educación que -no pocas veces también-, les va a servir de bien poco.

Sabemos que la educación pública es en general un asco, y que de la cincuentena de Universidades que en el país existen -muchas de ellas bastante chantas-, la mayoría justifica el negocio entregando “cartones” sólo para engrosar la legión de “ilustrados” cesantes.

Lo que hizo Maturana fue, ni más ni menos, que aportillar un poco -sólo un poco- un nuevo negociado fruto de la obscena y grosera connivencia de empresarios y políticos. Porque a estas alturas del partido la mayoría de los chilenos, entre ellos incluso muchos bastante tontorrones, ya tenemos más que claro que el gobierno, los ladinos empresarios y los sinvergüenzas parlamentarios que tenemos, nos quieren meter una vez más el dedo en la boca.

Y si no repito la soez expresión que a este respecto he leído cientos de veces en las redes sociales, es nada más ni nada menos porque este texto podría caer en manos de gente muy sensible.

Gente de este país que solidariza con el “Nico” Maturana: súmense a los miles que, ante esta nueva expropiación legal, han decidido pararse para no permitir este nuevo abuso disfrazado de beneficios. ¿Cuándo se ha visto que las empresas cultiven la filantropía?

Utilicen el mismo argumento que el gobierno de Piñera nos repite machaconamente para seguir embolinándonos la perdiz con las bondades de las Isapres, las AFPs y la “Admisión Justa”. Según ellos, que exista este mundo nos da la posibilidad de elegir, de ser “libres”.

Es decir, elegir quién nos roba en Salud, quién nos expropia con la Previsión, y cuáles serán los establecimientos educacionales que, per sécula seculorum, seguirán educando a aquellos destinados a conformar la elite de este país, de modo que los rotos se sigan quedando afuera.

Pues bien: elijan no cambiar ese medidor que los ha acompañado fielmente por años y que, aunque no es “inteligente”, les ha funcionado de maravillas. No sólo por eso: porque además es suyo y el otro no va a ser nunca de su propiedad, aunque pague dos o tres veces el valor que supuestamente tiene.

Lo irritante es que, la ministra de Energía, Susana Jiménez (por instrucciones del Presidente Piñera, como dicen siempre todos estos zopencos, lo que indicaría que a ellos no se les ocurre nunca nada), pretenda dorarnos la píldora con aquello de que las empresas de electricidad, ávidas de meternos otro gol en esta pasada, estarían dispuestas a “comprarnos” nuestro medidor viejo.

A otro perro con ese hueso: ¿cuánto nos pagarían por lo que ellos consideran una chatarra?

Como irritante es, además, que nuestros parlamentarios, los mejor pagados de Latinoamérica y sus alrededores, digan ahora que no se enteraron de este nuevo asalto a nuestros ya escuálidos bolsillos. Que no leyeron bien el proyecto. Que no lo entendieron. Que no se dieron cuenta.

¡Basta de circo, tropa de sinvergüenzas de todos los colores…!

Debe ser por esta bronca acumulada que la oportuna salida del “Nico” Maturana me arregló -aunque sea por unas pocas horas- el día. Porque tipos que piensan, como él, son una categoría en extinción, con mayor razón entre los futbolistas.

Maturana, un chico que además le ganó a la vida, porque es un sobreviviente del Sename, se suma así a otras gratificantes excepciones de nuestro deporte y nuestro fútbol.

Como Jean Beausejour, que meses atrás motivó que le dedicáramos una columna por su orgullo de tener sangre mapuche corriendo por sus venas en un país donde la inmensa mayoría reniega de sus ancestros y jura ser descendiente legítimo de algún europeo que llegó al país, aunque hubiera sido como un vulgar y simple atorrante.

Aquella vez titulamos “¡Qué falta nos hacen muchos más Coliqueos…!”, por el dorsal que el jugador de la U lució durante un partido amistoso de la Roja, en Temuco, frente a Honduras, y apenas unos días después del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca por parte de “las fuerzas del orden”.

Lo hizo en homenaje a su abuelo y a su madre, pero la casualidad le dio en los cachos, entre otros, al ministro de Interior, Andrés Chadwick, que derramó lágrimas de cocodrilo por la muerte del comunero, en circunstancias que por años fue un hincha fanático del dictador ignorante, rasca y ladrón que, aparte de matar, torturar gente y hacerla desaparecer, se robó lo que pilló a mano. Igual que Sergio Jadue lo hizo con el fútbol.

En esto de pensar, Jean, no estás solo. El “Nico” Maturana se sumó a esta reducida muestra de tipos que, con su conducta y sus dichos, mantienen viva la esperanza de sacudirnos, algún día, de esta tropa de chupasangre.