¿Mejoró Colo Colo con Gualberto Jara?

Creemos que sí, porque era imposible jugar peor que como lo venía haciendo el “Cacique” con Mario Salas. Y es que, cuando un plantel de calidad discreta no pone en la cancha todo lo que hay que poner para soslayar falencias, se obtiene el paupérrimo nivel que venía exhibiendo la sobre valorada escuadra popular.

Por EDUARDO BRUNA

Justo cuando había conseguido el triunfo más trascendente de su interinato, luego de que Colo Colo superara al Athletico Paranaense por 1-0, partido válido por el Grupo C de la Copa Libertadores, el torneo se detuvo. Gualberto Jara, que luego de esa ajustada victoria ya estaba pensando en Peñarol, y en confirmar que el alza futbolística del “Cacique” era indesmentible, se quedó con las ganas de dirigir a la escuadra alba en un quinto encuentro oficial.

Había tenido que hacerse cargo del primer equipo de la noche a la mañana, luego que el directorio de Blanco y Negro, como se veía venir por lo demás, decidiera cesar a Mario Salas en sus funciones como director técnico. Colo Colo venía de perder de forma miserable frente a Curicó Unido, y lo peor era que el nivel futbolístico que venía mostrando el equipo no podía ser peor. Porque es verdad que el “Cacique” cuenta con un plantel apenas discreto, incluso para el modesto plano nacional, pero, aun así, su pobreza de recursos era tan franciscana, que algo tenía que ver el técnico en una campaña que por números y juego era más que desastrosa.

A estas alturas resulta evidente que el quiebre entre Salas y sus dirigidos lo había detonado, a mediados de la temporada pasada, la salida de Agustín Orión, veterano arquero que, por edad y trayectoria, había fortalecido a esa camarilla de “cabrones” que existe en casi todo camarín. Que los jugadores “pesos pesados” del Cacique no estuvieron para nada de acuerdo con la exoneración de uno de sus líderes, lo dejó en claro el hecho de que decidieran acompañarlo en su conferencia de prensa de despedida en el Estadio Monumental.

Más aún: lo que vino después, le dio más sentido a esa frase que deslizó Paredes a la salida de esa curiosa conferencia. El capitán albo, tan molesto por el despido de Orión como lo estaban el “Mago” Valdivia, el “Pajarito” Valdés y Julio Barroso, entre otros, señaló en la oportunidad que “aquí hay muchas cosas que sólo más adelante se van a saber”.

Para decirlo pronto, si un cuadro conformado por viejos cracks, jugadores apenas discretos y muchachos provenientes de las series menores que exhiben muy poco futuro, es altamente improbable que pueda lograr un buen nivel futbolístico, mucho peor será cuando ese conglomerado de jugadores -groseramente inflados además por comentaristas alcahuetes-, no ponen todo lo que hay que poner en el terreno de juego para compensar con esfuerzo lo que les falta en capacidad y talento.

¿Mejoró Colo Colo con la conducción de Gualberto Jara? Como nuestros comentaristas y analistas más destacados son casi siempre ex futbolistas, o sea, campeones para vendernos caballos cojos y alabar desmesuradamente a cualquier patadura, se apresuraron a expresar un rotundo sí. Bien poco les faltó, incluso, para hablar de un verdadero “despegue” o “resurrección” alba. Pero, ¿era efectivamente así?

Jara debutó a los días de hacerse cargo del equipo en el Monumental, frente a la Universidad de Concepción. Y a pesar de que era uno de los rivales más propicios para haber retornado al triunfo luego de cuatro derrotas consecutivas con Salas en la banca, el “Cacique” debió conformarse con un discreto empate 2-2 que tuvo un gusto muy similar a una nueva caída.

Es verdad que Colo Colo, en ese encuentro, se procuró más oportunidades de gol que las que pudo propiciarse en varios encuentros anteriores juntos; como también es verdad que no es normal ni frecuente que Blandi primero, y Valencia después, hayan desperdiciado sus lanzamientos penales. Sólo que el nivel de juego siguió siendo deficitario, porque farrearse goles “hechos” no puede ser, desde luego, atribuible a la “mala suerte”, sino a una grosera impericia que sólo desnuda falencias técnicas. Como tampoco puede ser “mala suerte” que te empaten sobre la hora si la defensa ha sido reiteradamente un flan durante los 90 minutos.

En Cochabamba, frente al Wilstermann, el debut copero albo fue sencillamente para el olvido. Frente a un equipo de dos pesos, los albos demostraron ser un cuadro de dos chauchas. Colo Colo perdió lánguidamente por 2-0, sin haber llegado casi al arco boliviano.

Por el Campeonato Nacional, el interino técnico albo pudo recién celebrar luego que su equipo venciera ajustadamente por 2-1 a Deportes La Serena. Pero nadie puede soslayar que, estando el marcador aún en blanco, el elenco granate había abierto la cuenta, gol anulado luego por una polémica decisión del VAR. En otras palabras, seguimos pensando que la conquista de Enzo Ruiz, al terminar la primera etapa, era del todo legítima y válida.

Demás está decir lo distinto que es afrontar un segundo tiempo con paridad que en desventaja. Con mayor razón aun tratándose de un Colo Colo que, a su evidente modestia futbolística, sumaba la carga sicológica de no haber podido ganar durante cinco partidos.

Al final, y como sabemos, el “Cacique” se quedó con los puntos merced a un autogol del zaguero serenense Montoya y a un agónico golazo de Fuentes luego de un tiro de esquina, pero si el encuentro hubiese terminado igualado nadie podría haber catalogado ese resultado ni como una injusticia ni como un despropósito.

Al cabo, lo mejor que logró este Colo Colo de Gualberto Jara fue haber podido ganarle al Athletico Paranaense en el Estadio Monumental, por la Copa Libertadores. Por la jerarquía del torneo y porque el Paranaense, que no es desde luego el Flamengo, el Palmeiras o el Corinthians, como todo cuadro brasileño dispone de un juego absolutamente competitivo e individualidades como hace tiempo nosotros no disfrutamos en nuestras canchas.

El hecho, además, que el mismo día Peñarol le ganara en Montevideo al Wilstermann, dejando a los cuatro cuadros del Grupo C emparejados en tres puntos, tampoco da para lanzar las campanas al vuelo. Porque si bien el elenco aurinegro está a años luz de esas formaciones que en pasadas décadas eran sinónimo de triunfos y de éxito en la Copa Libertadores, los elencos uruguayos siguen manteniendo el oficio como para considerar que ellos, junto con el Athletico Paranaense, son los grandes favoritos para clasificar a una siguiente ronda copera.

Nos gustaría pensar, como dicen nuestros analistas-publicistas, que Colo Colo alcanzó con la conducción de Gualberto Jara el nivel esperado; que, a contar de esa victoria frente al Paranaense, podrá ser competitivo a nivel internacional y -con mayor razón-, a nivel casero. Y si respecto de nuestro torneo no lo mencionamos como “candidato” es porque, salvo un milagro, la resta de puntos inicial le quitó toda opción, por mucho que -teóricamente- todavía quede mucho campeonato.

Creemos sí que Colo Colo mejoró, entre otras cosas porque era imposible seguir jugando tan mal. Ni aunque se lo propusieran sus jugadores. Dicho de otra forma, y apelando a una canción del Maestro Serrat, cuando estás en el fondo lo único que resta es comenzar a levantarte. Y claramente, el “Cacique” ya no podía jugar peor de como venía haciéndolo.

Lo más sensato en estos momentos de amenazante pandemia, que deja en claro que el regreso del fútbol no tiene para cuándo, es que Blanco y Negro saque el pie del acelerador en su búsqueda por ese técnico que reemplace a Salas. Porque, ¿qué apuro hay? Aparte de que no existe ni la más mínima certeza de que el fútbol pueda retornar, a nivel local necesitaría de una remontada épica que, para además tener validez, requiere que no sólo Universidad Católica, sino todos los que están arriba, comiencen a caerse. Y eso es altamente improbable, sobre todo si se considera que el líder casero, en este ámbito, ha demostrado de sobra ser suficientemente sólido.

A nivel internacional, por otra parte, con el plantel que tiene, Colo Colo sólo puede aspirar a hacer un papel digno. Si lograra además clasificar, sólo la tesorería de Blanco y Negro podría sacar cuentas alegres, por esos ingresos extras de la Conmebol y lo que supone una recaudación a estadio lleno. Gualberto Jara, o el que sea si es que el fútbol efectivamente vuelve dentro de los plazos razonables, saben de sobra que superar esa valla que supone una fase de octavos constituye una quimera que el pobre fútbol nuestro sencillamente no puede permitirse ambicionar.