Meléndez, la U y un romance perfecto…

El fallecimiento de Carlos Campos, el recordado «Tanque», estremeció a la familia azul y a todo el fútbol chileno. Quisimos buscar a un connotado hincha de Universidad de Chile para que nos contase el porqué de su pasión por el Romántico Viajero. 

Por JORGE ARRATE

No soy azul de nacimiento y a veces eso me hace sentir culpable. Pero luego me conformo al pensar que uno se construye en el transcurso de la vida, en cada uno y todos sus momentos y circunstancias, y que no hay líneas rectas en ese trayecto. Aunque sí hay líneas gruesas, ciertas matrices que son como flechas anchas que nos conducen en el recorrido vital y nos permiten un espacio limitado de desplazamiento. Es importante no traspasar sus bordes.

Mi padre había nacido en El Recreo, entre Valparaíso y Viña, trabajaba en el puerto principal y nuestro hogar estaba en la “Ciudad Jardín”. Me llevaba al Estadio El Tranque (hoy Sausalito) cada vez que jugaba Everton. Oro y cielo. Oro y azul. Por ahí empecé. O sea, el azul fue una matriz que me acompañó desde el comienzo. Como ven, la culpa me sigue penando y trato de hacerla desaparecer…

Yo tenía nueve años cuando Everton ganó el campeonato de 1950. Y repitió en 1952. Atajaba Carlitos Espinoza: chico y volador; hacia sus gracias el “Pelusa” Arenas, y en el centro del campo era amo y señor don Salvador Biondi, que empujaba hacia el arco contrario a Alvarez, Cid, Meléndez, Lourido y Hurtado.

En El Tranque vi un amistoso inolvidable entre Universidad Católica, campeón en 1949, y Everton, campeón de 1950. En la UC jugaban el gran “Sapo” Livingstone y la maravilla argentina, José Manuel Moreno, un jugador despampanante. René Meléndez era mi ídolo, daba la impresión de que no corría, de que se desplazaba con cierto desgano, pero tenía el arco en la cabeza y fue un gran goleador y un asistidor de técnica muy fina.

En 1954 nos fuimos a vivir a Santiago, a Puente Alto, más precisamente, y a los 16 años ingresé a estudiar Derecho en la Universidad de Chile. Nunca desapareció en mí una cierta nostalgia de los años evertonianos, pero a partir de entonces la U me conquistó por completo. Era la conjunción del alma mater, los amigos, las pololas, la Federación de Estudiantes, el laicismo, el allendismo… Se aproximaba la década de los sesenta con su ánimo rupturista y atrevido.

René Orlando Meléndez luciendo la camiseta de la U.

En la segunda mitad de los 50 había ocurrido un hecho para mí extraordinario: René Meléndez se incorporó al plantel de la Universidad de Chile. Leonel Sánchez cuenta en alguna de sus entrevistas que Meléndez le enseñaba a tratar bien la pelota. La “gallina”, creo que le decía. En cierto modo René fue un precursor del “Ballet Azul”, que a partir de 1959 se constituyó en uno de los grandes equipos de fútbol de nuestra historia.

Con Meléndez en la U sentí que ya era plenamente azul y desde entonces he vivido penas y enormes satisfacciones en esta pasión de ser un Romántico Viajero.