Miami Open: Jannik Sinner mató la ilusión

El italiano (2º) batió al sorprendente búlgaro Grigor Dimitrov (11º), por parciales de 6-3 y 6-1, en una maciza exhibición de tenis.

Por SERGIO RIED / Foto: AGENCIAS

Pocas veces un partido de tenis ha provocado tantas expectativas ni dividido a la afición de la manera que lo ha hecho esta final del Masters 1000 de Miami, entre el italiano Jannik Sinner (2º) y el búlgaro Grigor Dimitrov (11º).

Y es que la cadena de espectaculares victorias del búlgaro, sobre Carlos Alcaraz, Alexander Zverev y Hubert Hurkacz, desató la euforia de los adictos al tenis total, sobre el robotizado juego de los jugadores actuales.

Al ver las genialidades de Grigor, sus malabares con el revés a una mano, sus subidas a la red y su enorme variedad de golpes, desde cualquier rincón de la cancha, rememoraron los tiempos de Rod Laver y sus compañeros de la troupe de Harry Hopman, de Pete Sampras, Ilie Nastase, Stefan Edberg y otros talentosos, que no nacieron bajo el alero de los laboratorios de los actuales, fabricantes de robots, que sólo se limitan a lanzar bombazos desde el fondo de la cancha y mucho más atrás.

CON SINNER NO SE JUEGA

Todo esto no le importó al italiano, que temprano en el partido comenzó a demostrar que esta vez los trucos del “mago” Grigor no iban a surtir efecto en él, y que no estaba para ser una nueva víctima de este «mata gigantes». Un quiebre en el cuarto game y otro en el noveno, demostraron por qué el peninsular es el 2 del mundo, y con mucha cara de uno.

Jugando con una profundidad y precisión tal, que Dimitrov no pudo contrarrestar con su revés ni atacar con su derecha, como lo había hecho contra sus otras linajudas víctimas. Los dos quiebres de ventaja, no sólo le dieron el set a Sinner por 6-3, sino además, la ventaja de comenzar sirviendo en la segunda manga, lo que le iba a dar jugosos réditos.

DURO DESPERTAR

Una hora y 12 minutos bastaron para que Dimitrov despertara de su sueño de ser el campeón en Miami. Porque su rival era una verdadera máquina trituradora. Con infalibles tiros profundos de ambos lados, su notable rapidez de piernas y un alcance sobrehumano, Sinner incomodó a tal extremo al búlgaro, que éste terminó por arrojar la toalla muy temprano en el set.

Sendos quiebres en el cuarto y sexto games, le dieron una ventaja de 5-1 a Jannik, para rematar el 6-1 con su saque, cuando ya Grigor sólo pensaba en la ducha y un buen descanso. De todos modos, el mundo del tenis le agradece la reivindicación del juego clásico, con revés a una mano incluido.

Sinner, a su vez, también aporta su granito de arena al actual tenis atómico, del cual ya es su máximo exponente.