Minería brasileña, una bomba de tiempo contra pueblos originarios

La actividad de extracción artesanal, en su mayoría ilegal, se expandió en los últimos años tras aprovechar un incentivo dado por el ex presidente Jair Bolsonaro.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

El avance de la minería artesanal en la selva brasileña representa una bomba de tiempo contra el medio ambiente y los pueblos indígenas originarios, que puede terminar en una destrucción todavía mayor si no se desarma a tiempo, defendieron investigadores y activistas.

La actividad de extracción artesanal, en su mayoría ilegal, se expandió en los últimos cuatro años, aprovechando el incentivo que el entonces presidente Jair Bolsonaro (2019-2022) dio a las actividades económicas en la selva, pero sigue siendo una amenaza a pesar de la promesa del actual gobernante, Luiz Inácio Lula da Silva, de acabar con esta actividad.

“La bomba está armada y ya ha sido detonada, lo único es que sus efectos no han llegado a los blancos y a las grandes ciudades, pero nosotros que estamos en la selva sentimos ese impacto desde hace mucho y de la peor forma posible”, sostuvo el representante del Foro de la Amazonía Occidental (FAOR), Marco Mota.

De acuerdo con un estudio divulgado por el proyecto MapBiomas, en Brasil las actividades mineras artesanales, que suponen una de las principales causas de la deforestación en la Amazonía, pasaron de 99 mil hectáreas en 2010 a 196 mil hectáreas en 2021.

“El impacto que une a estas comunidades del norte al sur del país es el del etnocidio. Son conscientes de que, si no se hace algo por ellos, morirán”, alertó Mota.

Los pueblos de la selva “están siendo diezmados en nombre de la codicia, del oro y de la explotación de la Amazonía”, añadió el representante de FAOR, que trabaja con la tribu mundurukú o wuy jugu hace más de una década.

Mientras, Fabiano Bringel, investigador de la Universidad Estadual de Pará, dijo que la minería es, sin duda, el epicentro de las actividades económicas en la Amazonía: “De cada cuatro hectáreas minadas en Brasil, tres se encuentran en la Amazonía”.

Según el informe que Bringel está elaborando, el oro es el principal metal extraído en zonas protegidas de la Amazonía, con algo más del 50 por ciento de todas las solicitudes formales de licencia; seguido de la casiterita (óxido de estaño), con un 20 por ciento, y el cobre, con un 15%.

El rastro de destrucción es grande, y va más allá de la deforestación, con la contaminación de los ríos y de los suelos por mercurio para obtener el metal que se destina en mayor parte a la fabricación de joyas.

Según un estudio divulgado en mayo por la Fundación Oswaldo Cruz, en conjunto con otras organizaciones, el pescado consumido por la población de seis estados de la Amazonía brasileña está contaminado con mercurio, con una concentración de metal en un 21,3%, superior a la tasa permitida.

“Pero no sólo están contaminando el río; están contaminando nuestros úteros, están matando nuestro derecho a tener hijos, están destruyendo a nuestro pueblo”, dijo Mota.