Muere la poeta Malú Urriola a los 56 años

Tras una intensa lucha con el cáncer, la también guionista y académica se despide de este mundo que no le fue indiferente ni tampoco de su agrado, aunque siempre tuvo alegría para derrochar.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Foto: ARCHIVO

Siempre es lamentable la muerte de un poeta, sobre todo hoy, pero la muerte de María de la Luz Urriola González conmueve doblemente por la manera y sobre todo por la figura que supuso su poesía, presencia y pensamiento, en una época donde no existían los andamios discursivos ni las redes sociales ni era, mucho menos, la época de la cancelación.

Parecía la voz de una montaña, una montaña que echaba bastante humo, tan crítica del ámbito literario como camarada de sus camaradas, debiéramos decir que Malú Urriola no se despide de este mundo, sino que nosotros nos despedimos de una poeta que dejó un legado en el plano de las disidencias, pero sobre todo en la poesía, que siempre es una disidencia.

Ella misma contó en entrevistas que se curtió en ambientes de artistas como Lautaro Labbé y el mismísimo Aristóteles España, experiencia que la formó y la llevó a publicar muy joven, a los 21 años, su primer libro de poemas: “Piedras rodantes”. Una traducción muy latina de los Rolling Stones, lo que de alguna manera abre una puerta para comprender la cultura popular y el neoliberalismo, que en su obra tienen un lugar crítico a raíz de la experiencia de los noventa. Un Chile que balbuceaba inglés y al que todavía no se le respingaba la raja a punta de cincel neoliberal.

Por otra parte, su crítica abierta y consecuente del patriarcado en la poesía chilena le valió enemigos que no la arredraron. Quienes la conocieron saben que Malú era una persona de carácter fuerte al tiempo que de una suavidad particular en el trato.

Posteriormente vino “Dame tu sucio amor” (1994), con el que definitivamente marca una estética feísta, una estética de la suciedad chilensis, de nuevo con un título que suena a doblaje, a cultura desdoblada, a lenwanna be., si se me permite la ocurrencia. En sus poemas la crítica está encarnada en la letra y no en el paratexto, que también.

En su primer libro hay una suerte de gema entre las piedras rodantes: “Los poetas sólo existen en la mente de los poetas”. Podríamos decir que Malú Urriola sólo existe en los corazones ardientes que toman distancia con los modos de escribir poesía hoy, ya no de “hacer cultura”, sea lo que esto signifique entre los así llamados agentes culturales.

Siempre que muere alguien que no reproduce el código del presente y que tampoco reprodujo el código de su momento de formación y publicaciones, lo lamentamos en un futuro no muy lejano con un “qué hubiera dicho al ver que…”. Sé que los últimos días de Malú transcurrieron en la naturaleza, lejos del mundanal ruido. También, que pudo despedirse con cierta sorna de este mundo tan mal hecho.

Nos queda leerla y releerla, sin apropiaciones ni jalones de disputa: con su partida el círculo de su obra se cierra y es parte de nosotros. Varios de los mejores libros de Malú no han sido reeditados.

Respecto a su labor como guionista no me referiré, pero así fue como se ganó la vida, entre otras labores. En su vida de poeta destacan galardones como la mención honrosa en el Premio Municipal de Literatura de Santiago 1995 por “Dame tu sucio amor” y el Premio Municipal de Literatura de Santiago en 2004, en poesía, por “Nada”; el Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura en la categoría Mejores Obras Inéditas por el mismo libro.

Amiga con Nadia Prado, Carmen Berenguer y Diamela Eltit, entre otras poetas y escritoras, la escritura de Malú Urriola cultivó un registro directo, no ocultó el registro coloquial, sino que lo integró como un callejeo, al punto de hacerlo natural y volverlo ultra literario, sin impostura.

Ella misma reconoce el tiempo perdido entre posestructuralistas y remacha con “tengo la cabeza latina…”, en el libro “Hija de perra”, cuyo monólogo interior no reconoce hermandad con nada escrito después de ese libro. De alguna manera, la actitud punky de nuestra poeta fue un antídoto para un mundo infesto de poetas que creían estar descubriendo la rueda entre poetas. Finalmente, una piedra es una piedra, es una piedra…

Santiago en ruinas, abril de 1992

No necesito nada más esta noche,

No quiero oír viejas anécdotas de poetas.

No sé si veré el futuro, si al menos

lo veré pasar por estos ojos.

Espero en la única gloria de los castrados.

Me abandonaré al silencio,

como un criminal abandona las armas y el placer

de la sangre.

(Malú Urriola)