Mujeres empoderadas, mejores futbolistas

Estoy inmersa en una reunión familiar. Los hombres debaten sobre los partidos y encuentro prudente preguntar a que hora juegan las mujeres, pero nadie sabe…

Estos «pequeños» síntomas de segregación de género se pasean imperceptibles por lo cotidiano. Nadie apunta a la tácita diferenciación recién hecha, reflejo de un sistema que necesita urgentemente lidiar de manera efectiva, más allá de las innumerables discusiones, con las inequidades que entorpecen la sustentabilidad de una sociedad sana. El deporte entre ellos.


No debiese sorprender que los equipos que, hasta el momento, lideran este torneo -Francia, Alemania, Estados Unidos e Inglaterra- provienen de culturas en donde los derechos de la mujer han sido más respetados y los roles de género tradicionales descartados, a consecuencia de un entendimiento coherente a la realidad contemporánea.


Según un estudio publicado por US News, basado en la percepción de 9 mil mujeres, los mejores países este año en términos de respeto a los derechos humanos, equidad de género, calidad de ingresos económicos, progreso y seguridad para las mujeres, clasifica a Alemania en el lugar 10, a Inglaterra en el 13, a Francia como 14, Estados Unidos en la posición 16 y Chile (sorpresa-sorpresa), en el lugar 45.


Esto lleva a pensar que el acceso igualitario y justo es un beneficio que se extiende mas allá de un progreso económico: una mujer que habita un sistema social ecuánime, es una mujer con la oportunidad de desarrollar talentos de los cuales su nación se beneficia. Si la Roja femenina nos sorprende, incluso al término del partido que nos dejó fuera de carrera, su presencia profesional y el evidente esfuerzo incansable en la cancha superaron con creces la falta de recursos económicos y de infraestructura -lo que no ocurre con sus pares masculinos-, haciendo imperativo que este trabajo debe ser dignificado a través de la entrega de todas las herramientas adecuadas para un desarrollo profesionales. 


A pesar de esa realidad precaria -extrapolable a otras áreas, en donde las mujeres cargan estigmas sociales adjuntos al atrevimiento de romper patrones de conducta, una especie de mochila gigante con muchas responsabilidades y casi nulos derechos, también, insisto, en el deporte- fueron capaces de dejarnos boquiabiertos y orgullosos. Imaginemos cuánto más podrían ejecutar si fuesen otorgadas las mismas oportunidades que los futbolistas, que no necesitan presentarse a ningún otro trabajo que aquel que les permite vestir de rojo y azul ni satisfacer necesidades materiales (algunas básicas), que interfieren con su progreso.


No es accidental que el surgimiento del movimiento feminista en Chile, su incesante trabajo y la presencia de nuestra selección por primera vez en un mundial de fútbol en categoría adulta, converjan. Es una señal de que mientras más acceso tengamos las mujeres, el exitismo, ante el cual pareciésemos estar tan esclavizados, nos otorgaría más oportunidades para celebrarlo.