Mundial de Qatar: la generación dorada merecía irse en grande

El que la FIFA haya desestimado la denuncia de Chile contra Ecuador, privó a este formidable grupo de jugadores de retirarse de La Roja en el mejor escenario de todos. Ahora sólo resta esperar que Berizzo pueda armar, con lo poco que tenemos, un equipo que nos permita volver a soñar.

Por GERARDO SILVA

Para Chile, asistir al próximo Mundial de fútbol hubiese sido ideal, para cerrar un ciclo y abrir otro que nos permita ilusionarnos con el recambio generacional definitivo.

Soy un convencido de que la generación dorada no dará un paso al costado por iniciativa propia. Sin duda, son futbolistas tan competitivos que desearán cerrar el ciclo en un evento de nivel mundial. Por eso, todas las expectativas que se generaron a partir de la denuncia realizada por la Federación de Fútbol de Chile en contra de la Federación de Fútbol del Ecuador, me hacía mucho sentido. 

Profundicemos un poco en los alcances que podría haber tenido una posible clasificación por secretaría a la próxima cita mundial de naciones: definitivamente, le hubiese permitido a Eduardo Berizzo la posibilidad de abrir un mini proceso selectivo con el único objetivo de ofrecerles a muchos jugadores íconos de la generación dorada prepararse, en tiempo record, para quemar sus últimos cartuchos en el mejor escenario posible: la Copa del Mundo Qatar 2022. 

Por otro lado, la “marea roja” hubiese gozado de una inmejorable oportunidad para homenajear a los más grandes ídolos del balompié nacional, en la última década. Bicampeones de América, fue el único equipo capaz de poner de rodillas en dos campeonatos continentales al seleccionado argentino con su máxima figura en cancha: Lionel Messi.

Definitivamente, era el escenario perfecto para que Eduardo Berizzo hubiese realizado el proceso de transición definitivo, porque nadie, bajo ningún punto de vista, hubiese cuestionado la participación de Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Arturo Vidal, Alexis Sánchez y, por qué no, hasta el propio Eduardo Vargas hubiese estado entre los convocados.

Brillante oportunidad para homenajear y brindar la mejor despedida a quienes tantas alegrías nos brindaron. Lastimosamente, esto no ocurrió, y aunque Pablo Milad, presidente de la Federación, y el destacado abogado  brasileño que defiende los intereses de nuestro fútbol ante la FIFA –Eduardo Carlezzo-, sigan insistiendo en esta probabilidad, lo más sano, prudente y sensato, es pensar en un proceso resiliente para el siguiente mundial de fútbol de 2026. 

Para el Toto Berizzo  será un proceso, sufrido, titánico. Algunos dicen que el proceso del argentino podría tener mucha similitud con el de Marcelo Bielsa hace una década, pero nada más distante de la realidad.

Cuando Marcelo Bielsa vino a Chile ya no quedaban referentes en nuestro combinado, tanto es así que acudió al casi ya retirado Marcelo Salas para que le diera la última manito en algunos partidos de introducción al proceso. Ahora las cosas son distintas. El Toto está obligado a jubilar a un montón de estrellas y eso no debe ser nada fácil. Hubiese sido de gran alivio para el cuerpo técnico y nuestra Federación que nos hubieran validado para asistir al próximo Mundial. Definitivamente, los referentes que por largos años han sostenido el prestigio de nuestro fútbol podrían, quizás, sin copas ni triunfos, haber dado la última vuelta olímpica simbólica a un retiro digno y merecido, y de ahí para adelante darle la posibilidad al nuevo cuerpo técnico nacional de armar con nuevos elementos un proceso que le permita emular los mejores momentos del nuevo camino que iniciara  Marcelo Bielsa, que continuara Jorge Sampaoli y concluyera Juan Antonio Pizzi. 

El milagro de ir al Mundial no sucedió. Eduardo Toto Berizzo, por más esfuerzos que realice, tendrá que compatibilizar un recambio natural y necesario, en el mejor escenario para empezar a despedir y jubilar a nuestra querida generación dorada, y con lo poco que ofrece el mercado nacional desde hace un buen tiempo a esta parte, intentar armar un seleccionado con un espíritu competitivo que nos permita volver a soñar.