U. de Chile 1-1 Colo Colo

Ni desquite ni costumbre

Universidad de Chile y Colo Colo protagonizaron un partido áspero y parejo, sin una gota de audacia y carente de individualidades que le dieran categoría. Sólo la rivalidad y el posible corte de la ganadora racha alba mantuvieron el interés.

Por JULIO SALVIAT

En tres factores se afirmaban las esperanzas de los hinchas de Universidad de Chile para terminar con la maldición que comenzó el 5 de mayo de 2013. Una, estadística: la enorme diferencia en el puntaje. Y dos cabalísticas: como esa vez, había un Aránguiz en la cancha, y a lo mejor el Pablo de ahora se convertía en héroe, igual que al Charles de entonces; la otra era que el árbitro era el mismo de aquella vez: Julio Bascuñán.

En tres elementos se sostenían las ilusiones de los seguidores de Colo Colo para mantener la costumbre iniciada en esa misma fecha, Uno, la presencia como titular de Esteban Paredes, el histórico goleador, el especialista en amargarles el pepino a los azules. Eso ya les garantizaba un gol… De los otros, uno era más íntimo: “a ésos les ganamos por presencia”; el otro respondía a la necesidad: “si nos ganan, quedamos penúltimos… y tal vez sin entrenador”.

En los dos bandos, la cuenta estaba en la uña; habían transcurrido siete años, cuatro meses y un día desde la última vez que la U ganó a Colo Colo en un partido por el torneo oficial. Y parecía ocasión para cambiar la historia.

Al final, ni costumbre ni desquite. El empate a uno prolongó la paternidad alba, pero sin aumentar el número de victorias, y mantuvo la impotencia azul, aunque sin sufrir una nueva derrota.

Con espectadores dibujados en la pantalla, agradables 20 grados de temperatura y césped impecable, el único interés estuvo en la rivalidad. Si se hubiesen puesto camisetas de colores que no fueran los suyos, el partido habría sido un bodrio. Y si no existiera la rivalidad que enciende estos encuentros, pocos habrían resistido la transmisión hasta el final.

Caracterizado por la aspereza y la intensidad, el partido careció de luces futbolísticas y de valores resaltantes. Mal acostumbrados, tal vez, por las transmisiones internacionales, los bostezos abundaron. Apenas cuatro ocasiones de gol hubo en todo el partido, dos por lado y una aprovechada por cada equipo. Promedio: una emoción cada interminables 24 minutos.

Para completar el cuadro, la cantidad de faltas le quitó continuidad al juego y las tarjetas amarillas abundaron.

Encuentros así exigen precauciones, pero nunca tantas. Los técnicos tienen que haber quedado satisfechos por la inactividad de sus arqueros, pero más de alguien recordó que ya quedaron en los libros de historia las lecciones de Bielsa y Sampaoli, que les daban a sus equipos una cuota de audacia desconocida en los días que corren y que, con sus métodos, llevaron al fútbol chileno a niveles impensados. Hoy, de acuerdo a lo visto en el vacío Estadio Nacional, volvimos al mismo fango de antes.

Duelos tan trabados sólo se desequilibran a través de las individualidades. Colo Colo tuvo al acostumbrado demoledor de ilusiones azules. En su primera y casi única aparición en el área, Paredes empalmó de primera, y de zurda, un preciso centro rasante de Pablo Mouche. Universidad de Chile tuvo a Walter Montillo como el gran gestor de las cargas azules y a Gonzalo Espinoza como el feliz finiquitador la primera vez que tocó la pelota después de ingresar como reemplazante de Nicolás Guerra después del descanso.

Buscando otras figuras se pierde el tiempo. 

Por el lado azul, fue notorio el bajo nivel general. Tímido para avanzar Matías Rodríguez, permeable Osvaldo González, correcto Diego Carrasco, sorprendentemente impreciso Jean Beausejour en los centros, perdido Fernando Cornejo en el mediocampo, rendidor Camilo Moya en el mismo sector; intrascendente, aunque trajinador, Pablo Aránguiz; poco habilitado Nicolás Guerra, y Joaquín Larrivey se perdió un gol que ninguno de sus grandes antecesores (Spedaletti, Castec, Salas, Vargas) habría desperdiciado: escapó libre y en línea recta por el centro del campo y, enfrentado a Brayan Cortés, no atinó.. Distinta suerte para los que ingresaron: Espinoza culminó con engañador zurdazo una sucesión de centros y rebotes en el área colocolina y con eso salvó su actuación, mientras Ángelo Henríquez sigue enemistado con la pelota y con el gol.

Y en el lado blanco, casi lo mismo: Óscar Opazo y  Mouche se podrían agregar a Paredes como los destacados. El resto, de nota cuatro hacia abajo: Julio Barroso y Juan Insaurralde no fueron exigidos, Gabriel Suazo sacó su tarea; Carlos Carmona , mejor en la refriega que con la pelota; César Fuentes, lo mismo; Leonardo Valencia, poco y nada; Marcos Bolados, ningún tiro al arco. Y los que debían solucionar problemas, no lo consiguieron: todo lo que hizo Matías Fernández fue poner una pelota en la cabeza de Nicolás Blandi, y el refuerzo argentino, libre en el área chica, elevó. En cuanto a Brayan Cortés, fue sorprendido en el gol y evitó el triunfo azul con un oportuno achique al atacante que se le acercaba sin obstáculos.

Por esta vez, el Superclásico quedó timbrado como Miniclásico. ¡Si es que…!

PORMENORES

Cancha: Estadio Nacional.

Árbitro: Julio Bascuñán.

U. DE CHILE (1): F. De Paul; M. Rodríguez, O. González, D. Carrasco, J. Beausejour; W. Montillo, F. Cornejo (46’, G. Espinoza), C. Moya, P. Aránguiz; N. Guerra (46’, Á. Henríquez) y J. Larrivey. DT: Hernán Caputto.

COLO COLO (1): B. Cortés; O. Opazo, J. Barroso, J. Insaurralde, G. Suazo; C. Carmona, C. Fuentes, L. Valencia (69’, M. Fernández;  M. Bolados, E. Paredes (69’, N. Blandi) y P. Mouche (85’, Felipe Campos). DT: Gualberto Jara.

Goles: 11’, Paredes (CC). 47’, Espinoza (U).

Amonestados: Carrasco, Larrivey, Beausejour y Aránguiz (U); Suazo y Mouche (CC).

Expulsados: No hubo.