Nicolás Blandi

Nicolás Blandi: hasta ahora, un rotundo y sonoro fiasco

Llegado desde San Lorenzo de Almagro, el ahora delantero de Colo Colo no sólo no ha anotado los goles que de él se esperaban, sino que ha redondeado actuaciones para el olvido, donde se echa de menos tanto su publicitada capacidad como un espíritu de lucha que se supone propio de un delantero de primer nivel del fútbol argentino. Lo suyo alcanzó niveles dramáticos luego que, en la victoria frente a Peñarol, Gualberto Jara privilegiara a Parraguez para reemplazar a Paredes. ¿El jugador mejor pagado del fútbol chileno es la tercera alternativa alba para llegar al gol?

Por EDUARDO BRUNA

No hay duda alguna de que el caso más preocupante de Colo Colo lo constituye Nicolás Blandi. Porque existían fundadas sospechas de que el retorno del “Mati” Fernández iba a estar más cerca de la irrelevancia que de transformarse en el aporte que la hinchada esperaba, al paso que el hecho de que el peruano uruguayo Gabriel Costa permaneciera en el plantel albo luego de toda una temporada mediocre, sólo se podía explicar por la falta de caja de Blanco y Negro para haber acordado anticipada y amistosamente una salida que dejara conformes a ambas partes.

Preocupa lo de Blandi no sólo porque no se trata de un don nadie en el fútbol argentino, de esos que llegaron al “Cacique” en tiempos de Ricardo Dabrowski, y cuando parecía que el monopolio para ofrecerle jugadores al entonces técnico albo lo tenía Luis Belvedere, sino porque, con 30 años, poseía el cartel necesario para tomar la posta de un Esteban Paredes que quemaba sus últimos cartuchos. Titular en San Lorenzo de Almagro, integrante de ese plantel que ganó por primera vez la Copa Libertadores para los “Cuervos”, Blandi se antojaba una más que acertada opción a la hora de elegirlo como refuerzo.

Sólo que hasta aquí no ha resultado para nada, y lo peor es que no se ve por dónde pudiera resultar con la actitud que ha mostrado cada vez que le ha correspondido estar. Abúlico, desganado o desmotivado, Blandi se ha entregado mansamente a la marca rival, como si para él hubiera sido una lata espantosa que el entrenador lo designara para jugar.

Estamos claros que un delantero centro, sobre todo de las características del ex “cuervo”, necesita de un equipo que lo acompañe. Es decir, de un funcionamiento que le permita a ese cuadro llegada por las bandas y recursos para también producir llegadas por el centro. Algo que claramente Colo Colo no ha tenido, pero que aún así no alcanza para entender el nulo aporte que ha significado la presencia de Blandi. Porque ni siquiera exhibe espíritu de lucha y esa rebeldía natural del goleador que, mal servido y peor asistido, se las rebusca como sea para al menos ganar por arriba o intentar cazar un rebote que lo reconcilie con ese arco que parece habérsele cerrado definitivamente.

Viéndolo transitar la cancha, es difícil explicarse la actitud sumisa y mansa que Blandi exhibe. Sobre todo proviniendo de un medio donde la crítica periodística suele ser implacable y donde los hinchas -pasionales como pocos en el mundo-, pueden perdonar cualquier cosa, menos la carencia de fuego interior de un tipo que, además, ha sido de los bien pagados donde estuvo: Boca Juniors, Argentinos Juniors y San Lorenzo. Y Colo Colo, por cierto, no ha sido la excepción. Además de desembolsar 1,1 millón de dólares por el costo de su pase, Blandi acordó un sueldo mensual de 100 mil dólares, lo que lo transforma en el jugador mejor pagado de un fútbol pobre, aparte de mediocre.

Sacando cuentas, la presencia de Nicolás Blandi a Blanco y Negro le significaría, entre pase y emolumentos, la nada despreciable suma de casi 5 millones de dólares por las tres temporadas que marca su vínculo. ¿Caro? En ningún caso para los actuales parámetros que se manejan en el fútbol. Pero sí lo es -y obscenamente- para lo que ha sido su producción goleadora, con apenas 2 conquistas en los nueve partidos que ha tenido participación.

Lo ocurrido a mitad de semana ya fue dramático. Que Costa no figure ni en las cómicas, que el “Mati” después de jugar un partido deba estar luego dos o tres entre algodones, es a estas alturas de lo más esperado y lógico del mundo. Pero que Blandi ni siquiera haya figurado como alternativa para Gualberto Jara en el encuentro copero frente a Peñarol, está diciendo a las claras que para el interino director técnico albo está primero Esteban Paredes, segundo Javier Parraguez y tercero, si es que, Nicolás Blandi. Y tal cosa es inaceptable. No sólo porque Blandi está resultando un carísimo fiasco, sino porque, al igual que Gabriel Costa, ocupa una cuota de jugador foráneo que bien pudo ser mucho mejor utilizada.

Viéndolo actuar, además, como que con Blandi mucho asidero no tiene aquello de que “hay que esperarlo”. Primero, porque si fue capaz de actuar con éxito en un fútbol tan difícil y competitivo como el argentino, desde el primer partido con la alba -titular o viniendo desde la banca- habría tenido que marcar diferencias. No necesariamente anotando de inmediato, pero sí dejando un testimonio claro de que su capacidad está por sobre la media, cuestión que se demuestra a veces con un simple dribling, un oportuno enganche o una habilitación llena de veneno para el compañero mejor ubicado. Segundo, porque no se trata de un jovencito que llega desde un club argentino como una simple apuesta para ver si resulta y ser transferido luego en cifras millonarias.

La hinchada del “Cacique”, además, suele tener mal ojo para calificar jugadores. O al menos lo tuvo respecto de Claudio Bieler, llegado a Colo Colo de la mano de un Claudio Borghi que venía ganándolo todo y que quiso cubrirse con él de la partida del “Chupete” Suazo al Monterrey mexicano. En 2007, creyó que ese delantero del Atlético Rafaela, de Argentina, podía ser la gran solución. Y tan equivocado no estaba: con 23 años, Bieler venía anotando seguido y era, además, asequible para las arcas albas porque no había entrado aún en el radar de otros clubes más grandes de su país.

Pasó que Bieler debe haber sido uno de los jugadores más desafortunados que han pasado por nuestro fútbol. Porque pegó más disparos en los postes que los goles que logró anotar. Sin embargo, y más allá de su fuerza, su velocidad y su ambición por estar siempre merodeando el área, al hincha albo Bieler se le atravesó, llegando incluso a apodarlo injustamente como “Caruchita” Bieler, en recuerdo de ese pintoresco pero escasamente efectivo delantero que había tenido un fugaz paso por Colo Colo y cuyo apellido era Fernándes, apodado para más señas como “Carucha”.

En lugar de mantenerlo, porque era claro que los goles a Bieler en cualquier momento le iban a llegar, que se le “abriría” definitivamente el arco, Colo Colo lo dejó ir. ¿Qué pasó entonces? Que ese Claudio Bieler se fue a la Liga Deportiva Universitaria de Quito, Ecuador, donde explotó como el gran goleador que insinuaba ser, y ayudando a elevar a su equipo a alturas hasta entonces insospechadas en un fútbol sudamericano que, cuando se hablaba de Ecuador, sólo pensaba en Barcelona y en Emelec.

Lo malo es que este Blandi de Colo Colo está demostrando incluso menos que Bieler. Porque este, al menos, no paraba de luchar, de correr y de buscar, mientras que Blandi, aparte de no agarrarla ni con la mano, pareciera que mucho no le importa. Es, hasta el momento, un rotundo y sonoro fiasco. Además de excesivamente caro para lo que ha sido hasta aquí su aporte.

Mouche, que coincidió con Blandi vistiendo la camiseta de San Lorenzo de Almagro, dijo hace unos días que bastaría con que su amigo anotara para que el arco se le abriera definitivamente, dejando atrás los fantasmas.

El problema es que Nicolás Blandi al parecer muchas ganas no tiene de pelearles a esos fantasmas.

Ni de jugar, tampoco.