Columna de Sergio Gilbert: ¿Nivel internacional?

Lo que se espera de un partido de semifinales de la Copa Chile es al menos cierto nivel, en lo individual y colectivo, acorde a las instancias de la competencia. Pero lo que ofrecieron Universidad de Chile y Unión Española en Talcahuano llega a ser patético por lo paupérrimo del espectáculo.

Por SERGIO GILBERT J. / Foto: AGENCIAUNO

Universidad de Chile y Unión Española protagonizaron la primera de sus confrontaciones por las semifinales de la Copa Chile en el CAP de Talcahuano y la sensación fue general: debe haber sido uno de los encuentros más mediocres del año.

La verdad, obsceno, en términos de calidad (y aplicando estándares muy bajos). La única emoción, el mayor grado de satisfacción, en realidad se produjo cuando el juez José Cabero (muy a la altura del encuentro), pitó el final del encuentro. Fue como el relajo sentir que había terminado tan pobre presentación de azules y rojos. Un desahogo del alma.

Claro, tal vez los epítetos pueden sonar exagerados y hasta maliciosos. Mala leche, como les gusta decir tanto a los futbolistas. Pero es que el encuentro referido tiene que ser analizado críticamente, con acidez extrema, porque se trata de una definición importante en términos competitivos. Uno de los dos equipos que estuvo en la cancha de la Octava Región será finalista de la Copa Chile -el segundo en importancia del escenario local- y, potencialmente, puede transformarse en uno de los representantes del futbol chileno en la Copa Libertadores 2023 (el campeón será Chile 4 y jugará la primera fase eliminatoria del torneo).

Cabe preguntarse, con honestidad, viendo el juego mostrado por los dirigidos de Sebastián Miranda y Gustavo Canales: ¿habrá en alguno de ellos un mínimo de competitividad si les toca jugar internacionalmente?

Difícil.

Claro, se podrá argumentar que ambas escuadras, de llegar a clasificarse a la Copa, seguramente tratarán de reforzarse y tendrán como objetivo aumentar su actual nivel.

Pero es que eso no basta. Detrás de la pobreza mostrada por la U y por Unión hay conceptos que están arraigados y que no se van a reemplazar en un par de meses, simplemente porque no hay capacidades.

En tan breve espacio de tiempo, ¿se solucionará acaso el déficit alarmante de situaciones de gol, de remates al arco, de intentos de acercamiento que no sean sólo con simples pelotazos? ¿Se podrá encontrar un camino para evitar las simulaciones grotescas como las del “Chorri” Palacios que llegaron a ser hasta payasescas y que en el terreno internacional se sancionan? ¿Ya no habrá problemas musculares en los futbolistas por tener que jugar entre semana?

No, está claro que no habrá transformaciones. A lo mejor un pequeño maquillaje. Pero no un cambio radical que ayude a elevar el nivel a las exigencias internacionales.

Por cierto, no es sólo problema de la U y de Unión. Es de todo el fútbol chileno que hoy ve que mientras está quieto por el lado casi todos están subiendo.

La selección adulta viene en caída libre hace años; las menores no tienen esperanzas; los equipos grandes aspiran a lo más a pasar una vueltecita en las copas internacionales y los chicos a ganar unos dólares para pagar la luz y el agua.

Un desastre. Una falta de calidad que la U y Unión nos hicieron recordar en una semifinal de Copa.