Barcelona

No basta con tener la escuela

Michels y Cruyff lograron imponerse y señalar caminos precisamente por haber sido transgresores. No fueron continuadores de dogmas previamente establecidos ni seguidores de iluminadas teorías.

Tras la horrible goleada sufrida ante Bayern Múnich en la Champions League, Barcelona tuvo que acelerar un proceso que parecía inminente: la renovación total. Era necesario un cambio de piel y el 8-2 de los germanos solo vino a imponer plazos que se habían retrasado ante la urgencia de la competencia.

Lo del club catalán no se trata solo, sin duda, de un cambio generacional de jugadores (que claramente debe hacerse y que podría significar la salida de Arturo Vidal, entre otros) sino que el verdadero desafío que se plantean los barcelonistas es que debe haber una transformación total en los principios y en los dogmas. Barcelona agotó la fórmula que le dio preeminencia mundial y si quiere mantenerse en el alto de la elite debe salir de su zona de confort y empezar a probar con nuevos relatos.

El proceso será duro, no caben dudas. El llamado a elecciones para elegir al reemplazante del cuestionado presidente Josep María Bartumei, y la destitución de Éric Abidal como director deportivo, debe entenderse como el signo evidente de que Barcelona no aspira a cambios cosméticos sino que a encabezar su propia revolución. Tal como lo hizo en los 70 y en los 90 del siglo pasado.

La pregunta es si en la comunidad dirigencial y administrativa del club existe hoy el convencimiento real de que para logar estos cambios debe dar pasos riesgosos para mantener el estatus ganado en las últimas décadas.

No está muy claro aún que sea así.

La fallida contratación de Xavi Hernández como entrenador y la llegada en su lugar del holandés Ronald Koeman, denuncian más bien un intento de continuidad a los grandes dogmas que han prevalecido en Barcelona.

Tanto Xavi como Koeman, hay que decirlo, se criaron y desarrollaron como futbolistas bajo los preceptos de la escuela holandesa establecida en el club primero por Rinus Michels y, más tarde, por Johan Cruyff.

Xavi y Koeman, en su fase de entrenadores, no han escondido la influencia inspiradora de los maestros holandeses y claro, se entiende que Barcelona haya pensado en ellos para reemplazar al desabrido y poco hábil Quique Setién. Los dos, sin duda, son alumnos destacados y fieles seguidores de la filosofía que hizo grande a los culé.

Sí, claro. Pero lo que no parecen reparar quienes toman las decisiones hoy en el Barza es que Michels y Cruyff lograron imponerse y señalar caminos precisamente por haber sido transgresores. No fueron continuadores de dogmas previamente establecidos ni seguidores de iluminadas teorías. Fueron rebeldes. Crearon conceptos. Impusieron códigos no conocidos. Fundaron su propia academia de pensamientos.

Así le dieron a la selección de Holanda una impronta superior que excedió la obtención de títulos para ser reconocida. De esta forma, Barcelona dejó de ser un actor secundario y pudo diseminar el fútbol que tipos como Guardiola, Bielsa y Van Gaal siguen como si se tratara de una religión. 

Por eso, si los catalanes quieren seguir arriba de todos, imponiendo conceptos, nutriendo al mundo de jugadores identificados con su sello y ganando títulos claro que deben mirar a Michels y Cruyff. Pero para entenderlos y aprender de ellos. No para copiarles.