No hay caso: Nueva York pierde la guerra contra las ratas

Pese a todos los esfuerzos por controlarlos, los roedores no logran disminuir en cantidad. El alcalde ofrece trabajo bien pagado para quien sea capaz de exterminarlos.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: ARCHIVO

Entre 1750 y 1760, cuando la ciudad era parte de la colonia británica, llegaron en barcos desde Francia y Gran Bretaña las primeras ratas a Nueva York. Y llegaron para quedarse.

Ahora, más de 270 años más tarde, cuando las ratas quieren controlar definitivamente la ciudad, el Ayuntamiento se apresta a darles la madre de todas las batallas.

Los animalitos de patas cortas y cola larga hicieron su agosto durante la pandemia, cuando millones de neoyorquinos dejaron de cenar fuera de sus casas o apartamentos, y la basura creció exponencialmente.

Y pese a todos los esfuerzos posteriores por controlar su número, en los últimos meses los avistamientos de ratas crecieron un 71 por ciento, por lo que el alcalde, Eric Leroy Adams, y la comisionada de Saneamiento, Jessica Tisch, nombrada a fines de 2022, anunciaron una serie de estrategias que -según ellos- “las ratas odiarán”.

Las iniciativas incluyen una inversión adicional de más de 22 millones de dólares para el Departamento de Limpieza de la ciudad, al que se unieron 200 trabajadores más (ya son alrededor de 10 mil).

Adams, oficial de Policía retirado, amplió también la cantidad de contenedores públicos con programas piloto en lugares estratégicos como puentes y parques, y se aumentaron las multas para quienes incumplan las normativas de basura (para evitar que las bolsas permanezcan en la vía pública durante horas, sólo está permitido sacar la basura de 16:00 a 20:00 horas).

Pero hasta ahora los vecinos sacan sus desechos a la hora que les conviene, que suele ser en la mañana, antes de ir al trabajo. Y no hay suficientes agentes para multarlos.

El activista Curtis Sliwa, ex candidato a la alcaldía, propone una solución más natural: soltar gatos salvajes por el barrio, “y dejar que la naturaleza siga su curso. Llevo viviendo aquí 50 años, nunca había visto tan pocos gatos por la calle, ¡parece que las ratas los han echado!”,

Otro problema insoluble lo representan las obras en construcción, que crean microclimas perfectos para que las ratas habiten y se reproduzcan allí. Por eso, ahora las empresas están obligadas a contratar un exterminador y asegurarse de que no haya presencia de ningún roedor antes de que el Ayuntamiento emita el permiso de obra.

Adams no descarta copiar el modelo de limpieza de Barcelona, que utiliza contenedores de recolección selectiva que, además de evitar que las bolsas estén en plena calle, se almacenan bajo tierra, por lo que el camión de la basura no tiene que recogerlos diariamente, sino cada dos o tres días.

Por lo pronto, espera encontrar pronto un remedio, y para eso publicó un aviso público que le permita encontrar un “zar contra las ratas”, que debe “encontrar soluciones para combatir el problema, tener eficiencia operativa, recopilar datos, exterminar la plaga y contar con innovación tecnológica”. Se ofrece un sueldo de 170 mil dólares anuales (cerca de 137 millones de pesos chilenos).

Y mientras aguarda por la llegada de un moderno “flautista de Hamelin”, el héroe de la leyenda alemana que sacó todas las ratas de un pueblo “embrujándolas” con su música, las ratas hacen fiesta.