«¡No hay plata!»


Esta frase, que diariamente escuchamos en boca de cualquier chileno o chilena común y corriente, no adquiere sentido cuando proviene de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), entidad que administra millones y  millones de pesos. Menos, cuando se utiliza en el contexto de la búsqueda por un nuevo director técnico para La Roja. Porque -todo apunta en esa dirección- la gran «dificultad» que tienen en Quilín para anunciar al nuevo estratego radica ahí, en «abaratar costos»…

Por MARCO SOTOMAYOR

Son 120 millones de dólares, aproximadamente, los que recauda la Selección Chilena por cada ciclo clasificatorio: por derechos de imagen, de televisión, publicidad, recaudaciones (en años sin pandemia, obvio), más toda la serie de negocios asociados a este «producto». 

Para la hinchada, La Roja es pura pasión; para los regentes de Quilín, el «Equipo de Todos» también genera otras resonancias. La comercial es -quizás- la prioritaria.

¿La razón? Gracias a los millones que se recaudan por esos y otros conceptos, los clubes pueden, en gran porcentaje, funcionar.

En un fútbol serio, con estructuras de verdad, la situación  sería distinta: de partida, habría una separación real y efectiva entre la Federación de Fútbol y la ANFP (o Liga), y los dineros que cosecha La Roja irían a parar a las arcas de la primera. Así, esos millones se invertirían en infraestructura (¡cuánta falta hace un moderno Juan Pinto Durán!), desarrollo de las selecciones menores (con técnicos calificados), del fútbol femenino, FUTSAL, fútbol playa, etcétera…

Acá, dado que, en la práctica, la ANFP y la Federación se superponen en nombres, funciones y recursos -siempre con acento en la Asociación-, esos dólares van en ayuda de los clubes. De hecho, con ese dinero funcionan las competencias de las series infantiles y juveniles, pues un ítem está destinado a pagar los viajes, estadía y alimentación de los diferentes equipos (vía asignación directa, canjes con hotelería u otros mecanismos que desconozco). En otras palabras, por ejemplo, si los cadetes de Colo Colo se desplazan a jugar a La Serena, la ANFP cubre los costos de traslado y alojamiento. Y así con todo el resto.

De esta manera, con parte de los dineros que recauda la Selección se financia el fútbol joven. Ahora bien, si un club potencia, consolida y vende uno de esos cracks, la plata va directo a las arcas de dicha institución y no se reintegra un ápice a la Federación que, en teoría, tiene la tuición sobre La Roja.

Socializar los gastos y privatizar las ganancias, como ya es un hábito en nuestro fútbol y en nuestra sociedad. Porque estas prácticas están presentes en casi todas las áreas productivas del país.

No quiero extenderme más en estas distorsiones (con la plata de la Selección también se paga a los árbitros de los distintos campeonatos profesionales), porque el foco de esta columna está en la errática búsqueda del director técnico nacional, sobre todo bajo el pretexto: «¡No tenemos plata!».

Dinero hay, lo que falta son un programa de gobierno corporativo que permita ordenar las prioridades y un organigrama apto para ejecutarlo, y acorde con las realidades de un fútbol subdesarrollado. Y, por lo que se ve, la directiva que encabeza Pablo Milad no modificará el actual status quo.

Es harina de otro costal una discusión más futbolera respecto de quién deberá sentarse en la banca de La Roja. Tampoco se ve claridad al respecto: desde Rafa Benítez, hasta Matías Almeyda, pasando por Unai Emery, Juanma Lillo, Hernán Crespo y hasta el criollísimo José Luis «Coto» Sierra. Confusión de estilos, metodologías, trayectorias…

La pregunta surge sola: si en eso también hay mucho enredo y poca uniformidad estilística… ¿a qué vino el súper director de selecciones, Francis Cagigao? Porque una de sus funciones es, precisamente, dar con el nombre del nuevo DT. Y si el inglés/español busca entre estrategos de características tan distintas, debemos colegir que su certeza y nitidez conceptual brilla por su ausencia. 

¿Otro golpe efectista? No lo sé. Sólo tengo claro que los días pasan, las Clasificatorias están a la vuelta de la esquina (ante Paraguay y Ecuador, el 25 y 30 de marzo próximo, respectivamente) y no hay técnico.

El argumento del «no tenemos plata», que subyace en los pasillos de Quilín, está fuera de lugar. Dólares hay, insisto. Las carencias están en otras esferas.