Nueva burla: a 50 años del Golpe, el Senado será presidido por cómplice de Pinochet

Cuando creíamos haberlo visto todo; cuando pensamos que, por algunos segundos, la clase política mostraría algo de pudor; cuando justo se cumplirá medio siglo de una dictadura cívico-militar que dejó una estela de muerte y de tristeza; cuando, en definitiva, imaginamos que habíamos avanzado en el combate contra el negacionismo, desde el Congreso se informa que un adlátere del genocida presidirá una de las instituciones más importantes de nuestra república.

Por EDITORIAL EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO ATON

«Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta», les advertía Miguel de Unamuno, rector de aquella señera y prestigiosa casa de estudios, a sus alumnos menos aventajados.

Acá podríamos decirles lo mismo a los senadores (y a la clase política en general), pero en relación a la decencia.

Que a 50 años del advenimiento de la dictadura cívico-militar liderada por Pinochet, y que generó un genocidio nunca antes visto en este país, se nos informe que uno de los cómplices y sostenedores de aquel régimen ominoso será presidente del Senado, supera todo delirio.

Mayor, incluso, que la ratificación de Ángel Valencia como nuevo fiscal nacional, decretada hace poco por los mismos integrantes de la Cámara Alta, pese a que dicho abogado les mintió en la cara, e, incluso, más allá de su condición de compadre del actual presidente de la corporación.

O sea, ni Gabriel García Márquez se hubiese atrevido a tanto en alguna de sus novelas.

Sin embargo, como hemos dicho en más de una ocasión, la pérdida del pudor ya parece ser un mal endémico de los ex honorables.

Juan Antonio Coloma no sólo fue un fervoroso seguidor de Pinochet. No, fue un cómplice activo de todas las aberraciones que cometían las policías secretas del gobierno cívico-militar. Protagonista del acto de Chacarillas de 1977, que reunió a la flor y nata de la juventud cercana al dictador (una especie de hitlerjunge), nunca dejó de respaldar «la obra y el legado» del régimen.

Tanto así, que entre 1977 y 1989, fue miembro del Consejo del Estado y participó en la gestación de la Constitución del ’80. Ergo, no hablamos de un simple simpatizante de Pinochet: hablamos de un cómplice activo de todas sus atrocidades.

Mientras gente era torturada en los cuarteles de la DINA, primero, y de la CNI, después, Coloma se instalaba cómodamente en el círculo más íntimo de Pinochet, compartiendo ideas, delineando planes, brindando y cenando opíparamente, con los gritos y el llanto de los prisioneros como telón de fondo.

Queremos aclarar de inmediato: esta columna no apunta a un tema político o ideológico, sino valórico. Porque, incluso concediendo todos los argumentos de quienes defienden la llegada de Pinochet al poder, y hasta dándole la razón de que en Chile se vivió «una guerra civil» (claramente no fue así), insisto: a pesar de todas las interpretaciones reales e imaginarias de lo que pasó en nuestro país entre 1970 y 1973, nada, pero nada podría justificar las espantosas violaciones a los Derechos Humanos que padecimos durante 17 años.

Si hasta en las guerras de carácter internacional se firman tratados contra el abuso y la tortura hacia los soldados cautivos y la población civil. Y por eso, ademas, los delitos contra los Derechos Humanos han sido declarados imprescriptibles por las Naciones Unidas.

Acá no. Y en eso Coloma fue un protagonista activo. Un colaborador entusiasta. Un sicario intelectual.

En cualquier otro país (¡cualquiera!), Coloma hubiese pasado algunos años en la cárcel o sencillamente estaría irradiado de la política. En Chile, ha ocupado cargos públicos durante más de 30 años. Y, ahora, presidirá el Senado, justamente cuando se cumplirán 50 años del Golpe… hasta con el respaldo del Partido Comunista.

Imaginamos que al actual partido de Guillermo Tellier le importa un carajo respaldar a un cómplice en la desaparición y en la tortura de cientos de militantes del PC. «Es que nosotros respetamos los acuerdos», dijo el senador Daniel Núñez al respecto.

¿Los acuerdos? Lindo eufemismo, senador, para disfrazar pactos oscuros que seguramente también favorecerán a su partido.

Como sea, el guion está listo para escribir otro capítulo negro de nuestra historia reciente. Una historia que perturba, pero, sobre todo, avergüenza.