Nuevo papelón de la Sub 20

La Roja cerró su participación en el Sudamericano de la categoría con una triste pero previsible eliminación en la fase de grupos, luego de caer en la última jugada ante Colombia. El equipo de Héctor Robles se aferró al empate y así le fue. 

El partido ante Colombia, el que sentenció la eliminación, fue el fiel reflejo del proceso Sub 20 de los últimos cuatro años, encabezado por Héctor Robles. En los dos sudamericanos en que dirigió, la Roja no superó la fase de grupos, y apenas obtuvo un triunfo en ocho presentaciones. El duelo ante los Cafeteros mostró a un Chile equivocando el camino, con titubeos y dudas, regalando generalmente el balón. Es que para el entrenador lo importante era superar la ronda, eligiendo hacer el mínimo esfuerzo.

Los jugadores corrieron y se esforzaron, pero el camino que buscó Chile fue destruir y esperar que avanzara el reloj, con un par de jugadores arriba para que se las arreglaran como pudieran, especialmente luego de la expulsión de Valencia, por doble tarjeta amarilla. Jugando con uno menos Colombia comenzó a mostrar más ambición, mientras que  nuestro representativo lejos de buscar el triunfo y así la clasificación, se conformó con lo más fácil: aguantar el cero.

En lugar de mirar el horizonte, de ganar con propiedad una clasificación, Chile prefirió aprobar con la nota mínima su examen más importante. Ni siquiera importó el público que si bien ingresó gratis, invirtió horas bajo el sol para conseguir una entrada, para ver ganar a un grupo de jugadores que se supone está en la etapa de los sueños, de creer que pueden hacer lo que más les gusta representando a su país en un Mundial, pero intentando superar al rival, no esperándolo.

¿Porque a la larga de qué sirve clasificar ratoneando? Para hacer lo mismo en la justa de Polonia probablemente. Buscar el puntito en el debut, y el puntito en el segundo partido para llegar con opciones a la última fecha y ahí conseguir el resultado que sirva para la clasificación. Y si sirviera perder por la cuenta  mínima luchar para que la derrota no sea mayor a eso.

Si algo han tenido las selecciones menores más recordadas del país ha sido la ambición, la irreverencia, el creer que se puede superar a cualquier rival. Pararse de igual a igual y  al menos buscar el triunfo. Eso es lo mínimo que se le debe exigir a un grupo que está en formación: intentar ganar.

Jugar al empate para buscar la clasificación es además peligroso, porque todo se puede derrumbar en la última jugada, como le pasó a Chile con el gol colombiano cuando quedaban solo segundos, instantes después del cambio que hizo Héctor Robles para seguir enfriando el partido.

Tampoco se trata de decir que no se puede defender un resultado en los últimos minutos, porque en el mundo del fútbol se hace. Pero al menos que sea de manera inteligente, y no regalando el balón en cada jugada porque inexorablemente en algunos segundos va a volver al área propia. Se trata de aprovechar los espacios, tratar de combinar, tenerla. O por último, ir a quemar segundos en el banderín del córner rival. Pero lo que ordenó Robles fue esperar desde el primer tiempo, especialmente con la expulsión de Valencia, porque con uno más se vio con el objetivo más cerca.

Otra generación perdida, mientras que el resto de las selecciones sigue creciendo.