[Opinión] Colo Colo es una bolsa de gatos

Aníbal Mosa parece haber movido todas sus piezas para liberarse de José Luis Sierra como director técnico. El presidente de Blanco y Negro quiere a Guede para la banca, pero otros regentes candidatean a Borghi, a Nicolás Córdova, a Miguel Ramírez e, incluso, al “Fantasma” Figueroa. La pregunta es: independiente del técnico que llegue, ¿tendrá equipo y jugadores para salir de la mediocridad futbolística que desde hace años viene evidenciando el Cacique?

El dicho popular señala que quien pone la plata elige la música, frase que le viene como anillo al dedo a lo que está pasando con Colo Colo, en que Aníbal Mosa, devenido en presidente de Blanco y Negro merced a los millones de dólares que posee en acciones de la concesionaria, se ha transformado en todo un reyecito que hace y deshace sin rendirle cuentas a nadie.

Lo de Mosa en realidad es lo que ocurre hoy por hoy en la mayoría de los clubes nacionales, transformados en Sociedades Anónimas Deportivas que, según unos pocos iluminados, estaban destinadas a ser la panacea para hacer del fútbol chileno una expresión poderosa desde el punto de vista económico y, sobre todo, deportivo. A una década de la imposición de la pomada que nos vendieron, la realidad es absolutamente distinta: los clubes son manejados mayoritariamente por tipos que, siendo unos linces en sus negocios particulares, han evidenciado desde todo punto de vista una gestión paupérrima y a menudo sospechosa, toda vez que descansan exclusivamente en lo que les puede entregar mes a mes el Canal del Fútbol mientras mezquinan al máximo la inversión en el primer equipo y en sus series menores. Para qué hablar de infraestructura…

Diez años después del sistema que nos legó el “socialista” Ricardo Lagos, el fútbol se cae a pedazos. Son más de diez las Sociedades Anónimas Deportivas que están técnicamente quebradas y que sólo maquillan la ruina gracias a los logros de una Selección Chilena bicampeona de América, conformada exclusivamente por jugadores producidos por clubes que, al contrario de ahora, no tenían el lucro como objetivo.

Colo Colo, sin duda, sigue teniendo “espaldas”para estar lejos de la debacle económica, pero deportivamente nadie sabe hacia dónde va, como producto de una gestión personalista, caprichosa y carente de proyecto. Una gestión que, además, amenaza con seguir resignando patrimonio, porque así como en su momento perdió sospechosamente el pase de Bryan Rabello, hoy, por un grosero error administrativo, corre el riesgo de perder los derechos federativos de jugadores que en las últimas campañas han sido piezas importantes, como Claudio Baeza y Juan Delgado.

«Colo Colo parece no tener rumbo, no saber qué busca y cuál es, en definitiva, su proyecto deportivo».

Si la pérdida de la carta de Rabello estuvo en su momento rodeada de un pesado manto de misterio, no deja de llamar la atención el que hoy el caso se repita. ¿Es simple ineptitud o detrás de estos groseros errores hay algo mucho más turbio? En un medio en el que han predominado la trampa y la absoluta falta de transparencia, la prensa y el simple aficionado tienen todo el derecho a mirar ya no bajo el agua solamente, sino incluso debajo del alquitrán.

Colo Colo parece no tener rumbo, no saber qué busca y cuál es, en definitiva, su proyecto deportivo. José Luis Sierra, el director técnico campeón de modo por cierto muy “sui generis”, puesto que llegó al título sólo gracias a la desvergonzada irrupción del flaiterío en Playa Ancha, que originando una verdadera batalla campal sobre el terreno de juego le impidió disputar los puntos decisivos frente a Wanderers, renunció finalmente cuando pudo ver, de modo por demás desembozado, que le traían un jugador que él no había pedido –Michael Ríos- y, en cambio, despedían a uno que él sí tenía en sus planes: Martín Tonso.

Parece claro, a estas alturas, que Aníbal Mosa dejó de creer en el director técnico que él mismo se había empeñado por conseguir a todo trance. Sin ser por cierto un profundo conocedor del fútbol, tuvo necesariamente que convencerse de que el Colo Colo de Sierra, más allá del logro de la estrella número 31, no entusiasmaba a nadie. Que la filosofía futbolística del técnico, aquella de la posesión del balón como religión con muy pocos adeptos, no era más que un juego lento, previsible y carente de sorpresa aún para un campeonato mediocre y chato como el chileno.

JoseLuisSierra_ColoColo

De acuerdo a cómo se maneja en este país el fútbol, lo más seguro es que Mosa hubiera hecho la vista gorda si, jugando de la misma forma, Colo Colo hubiera sumado en el primer semestre del año el nuevo título al que con paso seguro parecía encaminarse. El haber perdido frente a San Marcos de Arica, sin embargo, con un equipo plagado de suplentes porque los titulares debían reservarse para enfrentar en Belo Horizonte a Atlético Mineiro, por la Copa Libertadores, marcó sin duda un punto de inflexión. El Cacique no sólo fue vapuleado en Brasil, sino que a partir de ese inesperado contraste en tierras nortinas, frente a un cuadro que no le había ganado a nadie hasta ese momento, evidenció una notoria baja en la tabla de posiciones del torneo local, lo que al cabo vino a significar que Colo Colo se quedara sin pan internacional ni pedazo local.

A Mosa algo así no podía causarle gracia. El que Colo Colo dejara ir un campeonato en beneficio de Universidad Católica lo privó de un título que lo validaba a la cabeza de la Concesionaria. Porque no vamos a caer en la ingenuidad de pensar que le importaba la opinión de la masa aficionada alba. O que lamentó resignar una nueva participación en la Copa Libertadores del próximo año, en circunstancias que el pueril objetivo en el torneo sub continental que aún se está disputando era únicamente superar la fase de grupos y clasificar a octavos.

Despedir a Sierra resultaba caro. Mosa, claramente, optó por decisiones que sabía iban a ser para el técnico inaceptables. La primera fue reunirse con Guede en Buenos Aires, sabiendo que la cena en un restaurante de Puerto Madero no iba a pasar inadvertida para la prensa argentina e internacional. La segunda fue contratar a Ramón Fernández prometiéndole al técnico que el volante no iba a ocupar una plaza de extranjero, porque iba a nacionalizarse. Y que si ello no era posible, igual gestión podía hacerse respecto de Julio Barroso. La verdad cruda, de la cual Sierra se enteró tarde, es que ni uno ni otro podían adquirir la nacionalidad chilena antes de la entrega oficial de la lista de jugadores para el Torneo de Apertura.

La “inducida” partida de Sierra, como apuntó Jean Bousejour, más allá de la dignidad con la que el técnico adoptó su decisión, resultó tan traumática como varias de las salidas de entrenadores de la banca alba desde que manda Blanco y Negro. A Fernando Astengo lo sacaron cuando el equipo iba puntero y a Marcelo Barticciotto porque salía más a cuenta deshacerse de él que de la camarilla que el ídolo albo había denunciado como elementos perturbadores de un plantel siempre complicado de manejar.

«Pero como los señores de Blanco y Negro saben de todo negocio, siempre que ese negocio nada tenga que ver con el fútbol, una y otra vez meten la pata. Para ellos es la imagen la que cuenta…»

Otros tuvieron que partir simplemente porque no dieron el ancho, como Américo Rubén Gallego o Diego Cagna, o porque, como en el caso de Omar Labruna, perdió toda legitimidad para dirigir al equipo luego que fuera sorprendido mintiendo descaradamente tras un accidente de tránsito. ¿Por qué fueron elegidos en su momento? Por el laborioso trabajo de astutos representantes, que se cuidaron bien de ocultar que el “Tolo” Gallego era un chanta y Cagna un vago, que declaró una vez, sin que se le moviera un músculo de la cara, que él prefería dormir siesta a ver el partido del rival que Colo Colo debía enfrentar la semana siguiente.

Pero como los señores de Blanco y Negro saben de todo negocio, siempre que ese negocio nada tenga que ver con el fútbol, una y otra vez meten la pata. Para ellos es la imagen la que cuenta (imagen que por cierto les venden los representantes de jugadores y de directores técnicos) y por eso contratan tipos provenientes de las más diversas corrientes futbolísticas sin preguntarse antes (ejercicio vital y primario) a qué quieren que juegue Colo Colo. “Bielsistas”, “Bilardistas”, “Menottistas”, “Guardiolistas”o simples “outsiders”, para ellos son lo mismo.

Lo peor es que parecieran no aprender nunca. Mosa, se sabe, quiere a toda costa contar con Pablo Guede, pero no han faltado quienes, al interior de Blanco y Negro, han promovido a sus propios candidatos, como Claudio Borghi, Miguel Ramírez y Nicolás Córdova. ¡Hasta la candidatura del “Fantasma” Figueroa salió al baile!

„ublense vs Colo Colo

Mientras, el equipo parece condenado a seguir transitando por la mediocridad y la intrascendencia. Blanco y Negro se niega a invertir y consigue jugadores que pueden calificarse como incorporaciones, pero en ningún caso de “refuerzos”. Lo bueno que en algún momento hubo, jugadores de jerarquía productos del anterior sistema, como Claudio Bravo, Arturo Vidal, Jorge Valdivia y Matías Fernández, fueron vendidos en su momento a precios de Quinta Avenida, sólo que para reemplazarlos –salvo honrosas excepciones- siempre fueron a comprar al Persa.

Porque tampoco han sido capaces de producir jugadores de un nivel similar al de aquellos tiempos en que según muchos el fútbol chileno era un desastre. Y es que se ha dejado de invertir en las series menores, consideradas por estos señores accionistas todo un “cacho”. La prueba más palpable es que el último jugador que Colo Colo pudo transferir al exterior en un precio de nivel internacional fue Cristóbal Jorquera. Otro futbolista herencia del sistema anterior. Y estamos hablando del año 2011. ¡En cinco años los regentes de Blanco y Negro no han producido ni un solo jugador de calibre internacional…!

Mientras, a la espera del comienzo de un Torneo Nacional de dudoso interés, puesto que un solo equipo de Primera A bajará a la B, y a la vez uno solo de esta serie podrá ascender al fútbol de honor, sin que haya descenso a la Segunda División profesional, un caótico Colo Colo tuvo un pobre debut en la Copa Chile, igualando sin goles frente a Ñublense, cuadro de la Primera B.

«¿Alguien puede pensar que jugadores como Ramón Fernández, Michael Ríos y Octavio Rivero le devolverán a Colo Colo la jerarquía que por años ha extraviado?»

Y todo parece indicar que, de no mediar una sorpresa mayúscula, el Cacique está destinado a ser un partiquino más en el Torneo de Apertura que partirá este viernes 22. Eso siempre que el directorio de la ANFP le quiebre la mano al Sindicato de Futbolistas, que amenaza con paro. ¿Alguien puede pensar que jugadores como Ramón Fernández, Michael Ríos y Octavio Rivero le devolverán a Colo Colo la jerarquía que por años ha extraviado?

Cómo se reirá ahora George Garcelón, el primer gerente que llegó al Cacique con Blanco y Negro, cuando refiriéndose a los planes que la Concesionaria tenía tras el desembarco de las Sociedades Anónimas en el fútbol chileno, declaró con todo desparpajo que “en cinco años, vamos a hacer de Colo Colo el Manchester United de Sudamérica”.

No faltaron los mentecatos que le creyeron. Y fueron muchos. Tantos como los que se creyeron aquello de que la alegría llegaba para todos…