[Opinión] De cómo el fútbol también es utilizado por nuestra casta política para seguir metiéndonos el dedo en la boca

Casi paralelo con el nombramiento de Javiera Blanco como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado, por parte de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, el Director Nacional de Gendarmería, Jaime Rojas, ponía fin, acogiendo un dictamen de la Contraloría, a los contratos de cuatro funcionarios que, a comienzos del año pasado, habían sido incorporados como asesores de la ex ministra de Justicia en “comisión de servicio”.

No. Usted no está equivocado, estimado lector. No está leyendo ninguna página web de información nacional con énfasis en la política. Está en El Agora, un medio dedicado a los deportes pero que entiende muy bien que esta actividad no flota en el éter ni en ninguna dimensión desconocida. Nos guste o no, el deporte crece y se desarrolla -o, por el contrario, languidece y muere-, de acuerdo al tipo de sociedad en que le corresponde en suerte actuar.

Intentando graficarlo mejor, el deporte jamás habría alcanzado el desarrollo que en un determinado momento de la historia alcanzó de no haberse producido, en la segunda mitad del Siglo XVIII, en el Reino Unido, el proceso de transformación social, tecnológica y económica que se conoce como “la Revolución Industrial”. Proceso que, con avances y retrocesos, con huelgas de trabajadores a veces inocuas y la mayoría sangrientas, dio origen a una clase obrera organizada que, tras incesantes luchas, culminó con la obtención de la jornada de 8 horas como máximo de trabajo diario.

¿Qué significó eso? Que la gente tuvo por fin un mayor espacio para el esparcimiento y para su propia vida, con lo cual florecieron aquellas expresiones deportivas que antes estaban reservadas sólo a una pequeña elite. En otras palabras, el deporte se masificó. Y dentro de ellos, obviamente el fútbol, desde su irrupción en la historia la expresión física más popular y multitudinaria de todas.

Que Javiera Blanco haya dejado el ministerio, en el último cambio de gabinete de la Presidenta Bachelet, por cierto no podía sorprender a nadie, como no fuera por la tardanza con que su destitución se produjo. Los innumerables errores en el padrón electoral, a causa de una pésima gestión del Registro Civil; la crisis sin fondo del Sename, que culminó con niños muertos, y los escandalosos ”jubilazos” para unos pocos afortunados de Gendarmería, todos ellos servicios dependiente de su cartera, terminaron por hacer insostenible su permanencia, por más que la mandataria intentó salvarla hasta el final.

Si aquí hacemos referencia a este hecho, ciento por ciento político, es porque la inefable ministra Blanco también tuvo una actuación penosa respecto del fútbol. Para decirlo claro: Jadue y su directorio, con la complicidad o indiferencia del Consejo de Presidentes de clubes, se estaban robando en camiones los dineros que producía la actividad y ella jamás movió un dedo para parar ese hecho claramente luctuoso, denunciado reiteradamente por aquella escasa e ínfima prensa independiente del duopolio.

Tuvo que intervenir el FBI, y detener en Suiza a altos dirigentes de la Conmebol y de la Concacaf que a cuerpo de rey se encontraban en lujosos hoteles a la espera del Congreso de la FIFA, para que recién la ministra cayera en la cuenta que, como parte de la Confederación Sudamericana de Fútbol, los dirigentes chilenos más de una vela llevaban en ese entierro de ribetes escandalosos a nivel mundial.

Ordenó entonces, con gran aspaviento, que Sergio Jadue y sus compañeros de mesa debían devolver los dineros de los sueldos que por meses se habían autoasignado, torciéndole la nariz a la ley, toda vez que, como directores de una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro -y la ANFP lo es, aunque parezca extraño-, no tenían derecho a recibir emolumentos.

Agregó algo que a todas luces sonó coherente: la ANFP podía incluso perder su Personalidad Jurídica, puesto que su ministerio, en uso de sus atribuciones, podía quitársela de persistir el fútbol nacional en conductas reñidas con la moral y la honestidad.

Adivinen lo que pasó: nada. A pesar de que, tras un cambio cosmético, siguen mandando los mismos y como lógica consecuencia se mantienen a pie firme la mayoría de las nefasta y abusivas políticas de Jadue. No sólo eso: en un hecho inconcebible siguen representando al fútbol nacional, en la FIFA, Nibaldo Jaque, quien fuera secretario del inmoral directorio anterior, y Cristián Varela, director de esa misma mesa quien, como uno de los dueños principales de ChileFilms, que arrienda sus equipos e instalaciones al Canal del Fútbol, tenía la pésima costumbre de sentarse a ambos lados de la mesa en todo tipo de millonarias negociaciones.

Por si no se ha entendido bien, Varela es el rey de los conflictos de intereses. Pero a él nunca le ha importado y al resto de quienes integran nuestro fútbol pareciera que tampoco.

Aparte de no hacer nada, la ministra Blanco vio en la crisis la gran oportunidad de darles un trabajo muy bien remunerado a esos necesitados amigos de la coalición en ese momento gobernante y que, pobrecitos ellos, a pesar de eso estaban cesantes: a partir de enero de 2016 decidió integrar a su cartera, en “comisión de servicio” y como directos asesores, a cuatro sacrificados militantes de la Nueva Mayoría que llegaron contratados a través de Gendarmería.

Se trataba de Roberto González Mateluna, Juan Pablo Cárdenas Castro, Héctor Opazo Zamora y Alejandro Pérez-Cotapos Santis, todos ellos con sueldos “reguleques” que fluctuaban entre los 3,5 millones y los 4,3 millones de pesos.

Cuando se objetó su decisión, la ministra se defendió señalando que las incorporaciones se ajustaban por completo a la legalidad vigente, agregando además que las cuatro se respaldaban en poderosas razones: mientras dos de ellos se iban a dedicar en cuerpo y alma a estudiar la aguda crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename), los otros dos le iban a hincar sin piedad el diente a nuestro vapuleado, arruinado y esquilmado fútbol chileno.

Experta en leyes, como buena abogada, la ministra pareció olvidar que lo legal no es necesariamente ético. Como persona medianamente culta que suponemos es, Javiera Blanco debiera saber que por siglos la esclavitud fue legal. Y que, derogada, le siguió un “apartheid” tanto sudafricano como estadounidense también fundado en códigos igualmente repudiables.

Lo grave de todo esto es que nunca, y durante todo el año pasado, supimos algo del trabajo de estos señores. En el Sename, y pese a toda la parafernalia para la galería de oficialistas y opositores, se siguen muriendo niños, siendo el último de ellos un chico de 14 años de un hogar de Punta de Tralca, Región de Valparaíso, que viene a sumarse dramáticamente a otros cientos de niños vulnerables con parecido destino.

Respecto del fútbol, la nebulosa acerca de la labor desarrollada durante doce meses por estos “expertos” asesores es aún mayor y más espesa.

¿Qué hicieron durante el año que les duró el “veranito de San Juan laboral”?

El fútbol -léase la ANFP- les sigue cobrando a los clubes -a pesar de que Jadue huyó hace rato ya a Miami- un abusivo “derecho de llaves” a aquellos cuadros que, como campeones de la Segunda División, ascienden a la Primera B (dos millones de dólares, aproximadamente), lo que significa, en los hechos, que parten quebrados. Y los regentes de las distintas instituciones nos quieren seguir convenciendo de que los dineros recibidos tanto de parte del Canal del Fútbol, como de otras fuentes de financiamiento, continúan ingresando a sus arcas para ser destinados a su “Fútbol Joven”, con lo cual disminuyen graciosamente el pago de mayores impuestos y eso permite a los accionistas el cobro de dividendos más jugosos cada fin de año.

No es todo: las gestiones para la venta del Canal del Fútbol por parte de la ANFP a alguna transnacional de las comunicaciones sigue adelante, sin que nadie se alarme de la serie de situaciones irregulares que hay detrás de esta oscura negociación. Dicho de otra forma, el manotazo al último gran activo que le va quedando al fútbol es inminente, sin que a la Fiscalía Nacional Económica ni a los dedicados asesores de la ministra Blanco les haya preocupado jamás el traspaso de un monopolio valorado en más de mil millones de dólares.

Eso es más que el valor que tienen en conjunto todos los canales chilenos de televisión abierta. Un botín al cual la inmensa mayoría de los regentes de nuestro fútbol le quieren echar mano como sea y cuanto antes mejor. Nadie repara, y lo que es peor a nadie pareciera importarle, el que sea nada menos que Leonidas Vial, un pájaro de cuentas de cuello y corbata, implicado en el escandaloso fraude del Caso Cascadas quien, como integrante de la mesa de Blanco y Negro, que regenta a Colo Colo, presida esta comisión encargada de llevar adelante esta mega negociación.

¡Dejaron al gato cuidando la carnicería…!

Una comisión por lo demás tan turbia, que un antiguo dirigente del fútbol, integrante de la Primera B, señaló que “ningún dirigente de nuestra serie conoce los términos en que esta negociación se está llevando adelante, porque el personero nuestro que integra la comisión fue obligado a firmar una cláusula de confidencialidad que le impide informar a sus pares”.

¿Qué tal?

La guinda de la torta de lo truchas que fueron estas incorporaciones de la ministra Blanco, sin embargo, fue el nulo pronunciamiento de sus asesores respecto de una irregularidad que en estas páginas venimos denunciando desde hace tiempo y que ellos tendrían que haber descubierto a poco de haberse instalado en sus mullidos sillones del ministerio de Justicia: la ANFP, a partir de Jadue, decidió deglutirse a la Federación Chilena de Fútbol, hacerla desaparecer en un acto de magia que habría provocado la envidia de Merlín, Criss Angel, David Copperfield o Harry Houdini.

Sin ese molesto ente de por medio, todos los dineros producidos por la Selección Chilena de Fútbol, ya sea por derecho de transmisiones televisivas, premios o millonarios “sponsors”, ingresaban limpiecitos y directamente a la ANFP y no a la Federación, como correspondía. El resultado es que el fútbol profesional ha hecho y deshecho con esos recursos que en buena medida también le correspondían a la ANFA (Asociación Nacional de Fútbol Aficionado), como integrante igualitario del máximo organismo del fútbol del país.

Y tan curioso como que a los diligentes y capacitados asesores que la ministra Blanco nominó para estudiar nuestro fútbol una situación tan anómala como esa les llamara nunca la atención, lo es el hecho mismo que la ANFA, o aquellos de sus dirigentes que por reglamento debían integrar el directorio de la Federación, jamás hayan puesto el grito en el cielo por este claro “ninguneo” que tiene, además, ribetes económicos nada desdeñables: ¿cuánto dinero ha dejado de percibir el fútbol aficionado fruto de esta desembozada irregularidad?

La pregunta no es poca cosa: ¿de dónde, sino de la cancha de tierra y piedras del fútbol aficionado nacieron nuestros actuales cracks de la Roja que tanto orgullo nos siguen provocando?

Lo concreto es que desde hace años no se conocen reuniones, decisiones y medidas adoptadas por la Federación Chilena de Fútbol. ¿El ente máximo dejó de existir y a nadie la llama la atención el origen de esta clara anomalía que se sigue prolongando en el tiempo sin que nadie mueva un dedo?

Convenzámonos de una buena vez: los ciudadanos de este país estamos inermes frente a una clase política a la cual le importamos un pepino, como no sea llegado el momento de las votaciones y escrutinios. Sólo entonces se acuerdan de la plebe y les baja por todos nosotros un amor y una preocupación que llegan a ser enternecedores.

Pasado ese febril período (y ojo, muchachos, que ya estamos de lleno en un año eleccionario), sucede lo que con tanto acierto y talento cantaba Joan Manuel Serrat en “Fiesta”: “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”.

Porque de esta indiferencia y absoluto desdén por la gente no se salva nadie.

En este momento las críticas recaen sobre la Presidenta por ese nombramiento de Javiera Blanco que tiene un insoportable tufillo a “pago de favores”. En el Consejo de Defensa del Estado la ministra podrá estar hasta los 75 años si le viene en gana y, como recién tiene 44, Zulma y Yolanda Sultana ya le pronosticaron futuros 31 años en Jauja. Ganará cerca de 8 millones de pesos al mes, lo que sin embargo no la inhabilitará para seguir desempeñándose particularmente en su profesión de abogada.

¡Cómo te arreglaste la vida, Javi…!

Tampoco se puede ser desagradecida con alguien que fue personaje vital en la campaña del retorno de la Presidenta a La Moneda. Menos si esta ministra, generosa con platas ajenas, tuvo en su momento el noble gesto de rescatar de la cesantía a cuatro militantes de la Nueva Mayoría para hacer una pega que jamás hicieron.

Pero que no la gocen mucho tampoco los papanatas de Chile Vamos y otros grupúsculos afines de la derecha chilena. Ni saquen cuentas alegres ni pretendan pasar por blancas palomas, porque si bien la gran mayoría de los votantes de este país son unos zopencos, existimos quienes tenemos memoria y dispuestos estamos a ejercerla. No para evitar que nos sigan metiendo el dedo en la boca, porque eso es tan utópico como imposible, pero sí para que sepan que nos damos cuenta con toda claridad de lo caraduras que son cuando una y otra vez lo intentan y, lo que es peor, lo logran.

Porque estos señores, con tal de volver a ocupar sitios de poder, nos quieren vender a toda costa la imagen del candidato que encarna sus sueños e ilusiones como el mesías que nos rescatará del marasmo.

Un señor millonario que, además de insaciable inversor, tuvo en su gabinete a una tropa de gatos de campo y corruptos, a todas luces funcionales a su acendrado espíritu de codicia que no repara ni en principios, valores ni fronteras. Un señor que, además de hacer inversiones en un país vecino con el cual había un juicio pendiente en La Haya, mantiene la mayor parte de su incalculable fortuna en paraísos fiscales para no pagar los impuestos que debiera pagar en el país donde de nuevo quiere ser Presidente.

Por el otro carril, agónico y desfalleciente, otro señor pretende que olvidemos que concesionó todo, que inventó un desastroso Transantiago del cual aún seguimos pagando las consecuencias, que provocó el endeudamiento obsceno de miles de estudiantes con la banca y que -otra guinda de otra torta- promoviendo desde Palacio el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, les entregó el fútbol a los poderosos de este país, única actividad que, moviendo dinero, se mantenía aún lejos de sus voraces fauces.

Que ni el señor Piñera ni el señor Lagos sigan mirándonos como la tropa de giles que realmente somos.

Mejor aún: que ninguno de esta casta política despreciable que tenemos quiera obligarnos a seguir comulgando con ruedas de carreta. O de molino, como nos enseña el dicho en su acepción más hispánica.

Porque si en la política nuestra el clamor no puede ser otro que el que se vayan todos, en el fútbol el clamor es muy parecido.